3 Mini-crónicas catalanas. Andreu Claret

Mini-crónicas catalanas/108
DESPROPORCIÓN Y DESPROPÓSITO. Pasadas 72 horas, la palabra que se me ocurre es desproporción. Si hubiese reaccionado el mismo viernes, hubiese hablado de barbaridad, y si lo hubiese hecho durante el fin de semana, habría dicho que el escrito de la fiscalía sobre los presos independentistas era arbitrario. Hoy me quedo con las palabras de la jurista Monserrat Comas que ha calificado de ‘técnicamente errónea’ la acusación por rebelión. Es lo que cuenta, porque esta inculpación retorcida es la que ha llevado a la desproporción de la petición fiscal. Pero vayamos al despropósito. Sostener que aquí no pasó nada para criticar la actuación de los fiscales es un despropósito. Otro despropósito. Lo que pasó en otoño del 2017 conduce a vérselas con la justicia, aquí y en cualquier país europeo. Con proporción, eso sí, y de acuerdo a una norma que requiere, para culpar de rebelión, de una violencia deliberada que no existió. De ahí que la acusación no se sostenga, ni en España, ni en Europa, ni entre la propia abogacía del Estado. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Muchos argumentan que la justicia depende del poder político. Yo no digo que Montesquieu figure entre las lecturas preferidas de la clase política española, pero no me parece argumento suficiente cuando veo a Rato entrar en prisión y al PP con cientos de imputados. La idea es otra. El problema no fueron tanto las consignas del gobierno a los jueces, cómo la inacción política de Rajoy durante años (hasta la represión extraviada del 1-O), una dejadez de funciones que delegó en los magistrados la hercúlea tarea de salvar la patria. Ungidos por el discurso del Rey, y jaleados por buena parte de la prensa de Madrid, estos asumieron una faena que les iba grande porqué no era la suya, porqué era una faena política. Estamos pues ante el penúltimo episodio de la judicialización del conflicto catalán (el último serán las condenas), y sólo la vuelta a la política puede acabar con semejante disparate. No será fácil, sobre todo si el PP, Cs y los independentistas se conjuran para que caiga Pedro Sánchez.

La imagen puede contener: 9 personas, personas sonriendo, primer plano

 

Mini-crónicas catalanas/109
TOMA Y DACA EN TV3. No vi la entrevista que le hicieron a Arrimadas en TV3 porque soy de poca televisión, pero a la vista del lio que se ha montado, he ido a la hemeroteca de TV3 donde he encontrado un corte de 20’ con un titulo revelador: ‘L’estira-i-arronsa entre Inés Arrimadas i Vicent Sanchis’. Estira-i-arronsa? O sea toma y daca. ¿Desde cuanto el director de la televisión pública debe transformar una entrevista en prime time con la líder de la oposición en un toma y daca? La entrevista con cualquier político (no sólo si es de los adversos) puede y debe ser dura, implacable si se quiere, como lo son, por ejemplo, las de la BBC. Y no le faltaba munición a Sanchis, teniendo en cuenta que Arrimadas defiende un nuevo 155 para Catalunya que supondría, entre otras cosas, el fin de TV3 como televisión autonómica. El director de la cadena tenia argumentos para permanecer en campo abierto con dignidad, a pesar del dominio del plató que tiene Arrimadas, pero prefirió la trinchera de tertuliano. La trinchera en la que él lleva años de gloria y en la que viven, mentalmente, muchos catalanes. Como dijo Monica Planas, en el Ara, con una defensa de TV3 tan ramplona que hizo un triste favor a la profesionalidad de la cadena. Este corte de 20’ es el paradigma de hasta adonde hemos llegado, de la banalidad y descomposición que ha alcanzado el debate público en Catalunya. Fue efectivamente un toma y daca lamentable, servido en bandeja a Arrimadas que lo zanjó de manera despiadada recordándole al director de TV3 su reprobación por el Parlament catalán. Al repasar el impacto que el altercado tuvo en twitter, entendí mejor la actitud de Sanchis y su triste significado. Las redes independentistas celebraban, felices, el boicot que había sufrido la cadena por parte de sus habituales seguidores. No elogiaban a Sanchis, ni criticaban Arrimadas. ¡Aplaudían la caída del share! No hay mejor definición de la mentalidad de trinchera que nos corroe. ¿Qué importa lo que diga el adversario, si tenemos razón? Lo importante no es preguntar, debatir, convencer. Para muchos independentistas, el objetivo no es enchanchar la base, como pretende Junqueras. Es estar pertrechados detrás del parapeto para cuando llegue la ocasión.

La imagen puede contener: 1 persona, sentado e interior
 Mini-crónicas catalanas/110

MI LAZO AMARILLO. El otro día, salí a dar una vuelta por el parque de la Ciudadela. En las actuales circunstancias, no viene mal pasear por un espacio que fue concebido para la ciencia y la cultura. Escampar la boira. Nada más cruzar una de las puertas de poniente, me encontré con un lazo amarillo que se le habría caído a alguien, con su imperdible. Me agaché, lo cogí y lo fijé en mi chándal. Fue un gesto instintivo que me sorprendió a mi mismo. Yo no suelo llevar el lazo. Mejor dicho, nunca lo he llevado, por mucho que haya reclamado siempre, desde estas crónicas, la puesta en libertad de los presos del procés. No lo llevo por su asociación equívoca con muchas de los artificios políticos que han contribuido a que estemos donde estamos. Adentrándome en el parque, pensé en el sentido de mi gesto. En el fondo, aquel lazo medio embarrado no era como los demás. Era un lazo sin connotaciones. Nadie me había pedido que lo llevara. Era sólo para mi. Mi lazo amarillo. Por un momento, pensé que podía llevarlo sin asociarlo con actuaciones políticas que no comparto y que tanto daño han hecho a este país. Para entendernos, era como si fuera un lazo de otro color. De un color que sólo sirviera para pedir el fin de una prisión provisional injusta y para decir que yo, que vivo en el rovell de l’ou, no he presenciado violencia alguna que justifique acusaciones de rebelión. Con la intención de calmar mis pensamientos llegué hasta la cuadriga que domina la fuente y subí entre las náyades y los caballos marinos que rodean la cascada, hasta la estatua de Neptuno. Al bajar, vi unos activistas que llenaban de lazos king size una de las verjas del parque a la par que reclamaban lo de siempre, la libertad de los presos pero también todo lo demás. Para mañana mismo. Me quité discretamente el lazo. No quiero que me asocien con actitudes políticas contrarias a mi modo de pensar por muy legítimas que sean. Desde entonces, lo tengo guardado en un cajón por si un día es posible exhibirlo sin quedar identificado con quienes siguen empeñados en tomar atajos que no conducen a ninguna parte.

La imagen puede contener: exterior