“África: el frustrado sueño de la integración” de Donato Ndongo-Bidyogo en fronteraD

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“Resulta imposible entender lo que fueron la Organización para la Unidad Africana (OUA), fundada hace 25 años, y lo que es la actual Unión Africana (UA), sin tener en cuenta la idea básica y las circunstancias concretas que los suscitaron: la ilusión de la  integración de todos los negros en una gran patria común, la búsqueda de unos Estados Unidos de África que no sólo agrupen, sino que fortalezcan política, económica y culturalmente a un continente postrado desde hace más de cinco siglos. Dicho de otra manera: la intención o aspiración de los forjadores de la OUA, heredada por la Unión Africana, fue hacer realidad el concepto teórico del panafricanismo. ¿Y qué es el panafricanismo? En esencia, un movimiento político, filosófico, cultural y social que promueve la dignificación del negro, su hermanamiento a nivel universal, la defensa de sus derechos y la unidad de África bajo un único Estado soberano, cuyos ciudadanos procedan tanto de África como de su diáspora; es decir, abarcando a los descendientes de los esclavos trasladados de manera forzosa e inhumana a América y otras partes del mundo. Estas ideas surgieron en la segunda mitad del siglo XIX, formuladas por intelectuales afroamericanos, ante la confluencia de diversos factores: el esclavismo occidental, que explotaba a los negros tanto en África como en América; el colonialismo europeo en África; la emigración hacia Estados Unidos de trabajadores y estudiantes negros procedentes de las Antillas, área donde eran frecuentes las rebeliones antiesclavistas y los movimientos de emancipación; así como la progresivamente vasta y fructífera producción intelectual de los afrodescendientes.

 

Ya en 1869, J. J. Thomas, negro jamaicano, había refutado en un documentado tratado la falacia de un determinismo en boga –por desgracia aún vigente-, según el cual los negros somos incapaces de autogobernarnos. Sus argumentos llamaron la atención del abogado negro Henry Silvester Williams, nacido en Trinidad y residente en Londres. Preocupado por las condiciones en que vivían los negros y los abusos que se ejercían contra ellos, Williams fundó en la capital británica, en 1897, la Asociación Africana, de la cual surgirían otras agrupaciones similares en el sur y suroeste de África, en Liberia, en Estados Unidos y en el Caribe. De la unión de todas ellas surgió la Asociación Panafricana, organizadora de la Primera Conferencia Panafricana, reunida en Londres en junio de 1900. Sus objetivos básicos fueron “asegurar los derechos civiles y políticos para los africanos y sus descendientes alrededor del mundo; motivar a las personas africanas donde estén a llevar a cabo proyectos educativos, industriales y comerciales; y mejorar la condición de los Oprimidos Negros en África, América, el Imperio Británico y otras partes del mundo”. Puede apreciarse la extraordinaria similitud con los fines de numerosas organizaciones no gubernamentales (ONGs) actuales, lo que nos lleva a constatar que, más de un siglo después, apenas ha cambiado la condición del negro en el mundo.

 

El secretario de esta primera Conferencia Panafricana fue el Dr. William Edward Burghardt Du Bois, un erudito y activista afroamericano, nacido en Massachusetts (Estados Unidos) 1868 y fallecido en Accra (Ghana) en 1963, a los 95 años. Primer negro que se doctoró en la universidad de Harvard, donde luego sería profesor de Economía, Sociología e Historia. Doctor también por la universidad alemana de Heidelberg, enseñó asimismo en la Universidad de Atlanta (Georgia) y en la universidad Humboldt de Berlín, entre otras. Es considerado el padre del panafricanismo, por su incansable activismo durante casi un siglo, y por su ingente aportación teórica: 25 libros de ensayo, tres autobiografías y seis novelas, e innumerables artículos, publicados sobre todo en la revista The Crisis, que dirigió durante años, uno de cuyos logros fue impulsar a las autoridades de Estados Unidos a legislar contra los linchamientos de negros, entonces frecuentes. Impulsor del llamado Renacimiento de Harlem, un movimiento sobre todo artístico y literario, también se le atribuye al profesor Du Bois la invención del término panafricanismo, aunque no existe unanimidad al respecto. Fue, asimismo, cofundador y la figura más prominente de la Asociación para el Progreso de la Gente de Color (la famosa NAACP, en sus siglas en inglés, que años después presidiría el Dr. Martin Luther King). Fue promotor y alma del I Congreso Panafricano, que tuvo lugar en París en 1919, centrado en las condiciones en que los negros africanos y afroamericanos lucharon durante la I Guerra Mundial, y sus consecuencias para ellos. Asistieron 57 delegados procedentes de las colonias inglesas y francesas, las Antillas y de Estados Unidos. Las Resoluciones de Londres, emanadas del II Congreso Panafricano, celebrado en la capital británica en 1921, supusieron un avance en la concreción del concepto, al cuestionar la esencia del colonialismo y propugnar la igualdad en un mundo dominado por el racismo y la pretendida superioridad de los blancos, con el fin de que África fuera gobernada porlos africanos. A este II Congreso acudieron ya 130 delegados, entre ellos 41 procedentes de África. Con los altibajos de rigor, inevitables en una lucha tan desigual entre los poderosos del mundo y una minoría negra marginada y carente de derechos, la idea panafricana fue adquiriendo cuerpo y adeptos. Es el V Congreso, reunido en Manchester (Reino Unido) en marzo de 1945, muy poco antes de finalizar la II Guerra Mundial en Europa, el que consagraría el panafricanismo como doctrina, gracias, sobre todo, a la activa participación de  Kwame Nkrumah, figura también esencial en la que nos detendremos después. El Congreso de Manchester –al que asistieron otros líderes nacionalistas, como los futuros presidentes de Nigeria y Tanzania, Namdy Azikwe y Julius Nyerere, respectivamente- es histórico sobre todo por dos razones: el impulso decisivo y prácticamente definitivo que proporcionó a la lucha anticolonial en África y en el Caribe, y porque inició una verdadera integración continental, al trascender el área de los territorios anglófonos e incorporar a las colonias francófonas y, por extensión, a todos los territorios africanos dependientes de las potencias europeas…”

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