«Ampliar la frontera agrícola: la nueva colonización africana», reseña de «Land Grabbing. Journeys in the New Colonialism», de Stefano Liberti (Il Manifesto). Luis Esteban González Manrique. Estudios de Política Exterior

Agricultura Africa

“Cada año se privatizan millones de hectáreas en todo el mundo. África es el principal escenario del ‘land grabbing’. El neocolonialismo agrícola priva a los campesinos de sus tierras y reduce la biodiversidad. 

En un año normal, California recibe unos 56 centímetros cúbicos de lluvia, muy por debajo de la media de Estados Unidos. Pese a ello, el Estado es responsable del 15 por cien del valor de toda la producción agrícola del país y de casi la mitad de las frutas y verduras que consume. Pero una amenaza asoma en el horizonte. En 2013 California recibió solo 18,75 centímetros cúbicos de lluvia, lo que hizo de ese año el más seco desde 1850. La sequía es tan severa que 17 condados podrían quedarse sin agua. La capa de nieve de Sierra Nevada, una de sus principales fuentes de agua, está en un 20 por cien de sus niveles habituales. 

El fenómeno parece ligado al calentamiento atmosférico. Las Naciones Unidas ya han advertido que en 2025 las dos terceras partes de la población mundial podrían vivir en condiciones de estrés hídrico. De los 210 países del planeta, 190 tienen escasez de agua y solo en 10 abunda este recurso.
Los fenómenos climáticos extremos tendrán un impacto directo sobre la producción agrícola global, lo que conllevará inevitables convulsiones políticas y sociales. De hecho, las revueltas de la primavera árabe fueron precedidas por las grandes protestas de 2008 contra el alza del precio de los alimentos en Túnez y Egipto. Entre 2006 y 2008, el precio mundial de los granos y el arroz aumentó un 136 y un 217 por cien, respectivamente. 

La “revolución verde” de los años sesenta y setenta, que hizo pasar de una a tres las toneladas de cereales obtenidas por hectárea en Europa, Asia y América Latina, salvó al mundo del desastre que anticipó Thomas Malthus hace más de un siglo. Hoy el cambio climático, la creciente demanda de proteínas de origen animal en los países en desarrollo, la especulación financiera y la producción de biocombustibles han añadido nuevos factores de incertidumbre a la seguridad alimentaria global. 

Según las estimaciones de la FAO (Organización de la ONU para la Alimen­tación y la Agricultura), hacia 2050 una población mundial de alrededor de 10.000 millones de personas requerirá un 70 por cien más de comida. Y dado que el poder adquisitivo de los países en desarrollo aumentará a un ritmo mayor que su crecimiento demográfico, para entonces la producción de grano tendrá que aumentar un 50 por cien y la de carne deberá duplicarse. 

Frente a ese desafío solo caben dos opciones: o se obtienen más alimentos de las tierras ya cultivadas o se amplía la frontera agrícola. En la última década, solo el 40 por cien del aumento de la producción mundial de cereales se debió a mejoras en la productividad, mientras que el 60 por cien debe atribuirse a la ampliación de la frontera agrícola. En los años sesenta era al revés: el 25 provenía de más tierras cultivables y el 75 por cien de los aumentos en la productividad. 

Hoy toda el área cultivada del planeta abarca una extensión similar a la del continente suramericano. En Estados Unidos y Euro­pa ya casi toda la tierra fértil arable está explotada. Pero en África, que tiene el 60 por cien de las tierras cultivables del mundo, solo se utiliza una tercera parte. Norman Borlaug, el padre de la “revolución verde”, anticipó que el único modo de salvar los ecosistemas más vulnerables era producir más alimentos en las grandes llanuras africanas y suramericanas. El reto parece accesible. En los últimos años, por ejemplo, Rusia ha mejorado su producción de cereales en un 20 por cien, hasta las 2,3 toneladas por hectárea. Francia obtiene ocho toneladas en esa misma extensión de tierra…”

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