Andalucia: Al final de la escapada… Javier Aristu. en campo abierto

Por Javier ARISTU

No quiero ser uno más de los adivinos que no acertaron ayer noche; no me gustaría ser ningún brujo de los que siempre se equivocan. Solo pretendo aportar, más que soluciones o respuestas, motivos para razonar y tratar de entender lo que ha pasado el 2 de diciembre en Andalucía. Seguramente son decenas los puntos de vista y las perspectivas con las que se puede analizar y observarlo que ha pasado ayer. Estas son solo unas pocas lecturas de una aciaga noche electoral. Hechas al calor del impacto. Ya habrá tiempo de proseguir.

  1. ¿Por dónde circula hoy la savia informativa que provoca el sentido común, las ideas habituales que hacen votar de una determinada manera a los ciudadanos? Antes se destacaba la importancia de un líder, de un partido orgánico que aglutinaba a una masa de adherentes. O un editorial de un medio, la fuerza motivadora de una columna de una destacada firma: hoy, ¿quién condiciona y cómo se forma la opinión del pueblo votante? Comienza a cobrar carácter decisivo la importancia de esos canales masivos donde casi no existe jerarquía ni control de ningún tipo sobre la veracidad de la información. Las redes de guasap, de twiter se están convirtiendo en foros con capacidad de movilizar votos subterráneos y desconocidos. Cuestiones como la inmigración, la seguridad y el procés de Cataluña han podido desempeñar el papel de marcadores de opinión muy decisivos a la hora de formar un voto en Andalucía. Multiplicados en redes sociales a límites insospechados. Donde la verdad y la falsedad están confundidas, sin discriminación.
  2. Andalucía no tiene una identidad social diferente a la de otros territorios españoles o europeos. La respuesta electoral de los andaluces este día 2D se ha acompasado con la de franceses, ingleses, italianos o polacos, por citar solo cuatro naciones históricas europeas. A los andaluces ya nos pueden señalar como territorio donde habitan partidos xenófobos y antisistema de extrema derecha. Era un mito lo de Andalucía tierra acogedora y gente tolerante. Habitamos con los mismos demonios que en Austria o que en la antigua Alemania del este. Somos europeos, también en las zonas grises de nuestro hinterland cultural y social. Por eso sigue siendo un misterio –misterio que está costando una sangría de votos y de apoyo social– entender por qué la izquierda andaluza (llámese Psoe o llámese Adelante Andalucía) sigue encandilada con la fantasía de “la identidad andaluza”. Ambas fuerzas han desplegado una campaña electoral –y preelectoral de varios años– asentada sobre el mito de una Andalucía como ente por encima de la gente socialmente constituida. No se ha hablado ni se ha proyectado nada que tenga que ver con los problemas de los andaluces; se ha alimentado de forma alarmante el artefacto nacional-autonómico andaluz, el aparato político-institucional, olvidando a la gente corriente y moliente. Como mucho, han apoyado huelgas de taxistas transmitiendo la idea de que ahí estaba “el factor social movilizador”. Para llorar. Paradójicamente, no se han diferenciado casi nada de los Torra, Puigdemont o Junqueras del otro lado del espejo. Susana Díaz ha jugado el papel de un Artur Mas que dirigía a su pueblo hacia Itaca (Susana+Andalucía) mientras Teresa Rodríguez le servía la contraparte de un partido de “la izquierda andaluza”, la “de verdad”. No eran nacionalistas catalanes…pero ¡joder, cómo se parecían! La noche del 2D ha roto el mito de la construcción de esa “izquierda nacional andaluza” sustentada en un marco identitario exclusivo. Conclusión: quien pretenda levantar un renovado edificio de la izquierda sobre bases identitarias o de identidad nacional ya sabe lo que le espera.
  3. Las izquierdas Psoe o AA han tendido una campaña electoral basada en un discurso “andalucista”, que pretendía ser autónomo, pero que ha estado precisamente fuera de la atmósfera que respira la gente de la calle. Frente a la obsesión de los candidatos por hablar  de las vicisitudes de la política autonómica, que al final era hablar “de sus cosas, de las cosas de la política”, el ciudadano votante estaba sometido a un tsunami de informaciones globales donde el miedo y el peligro acechaban: una marea de inmigrantes a las puertas de Europa, globalizaciones desmedidas y sin control, tensiones en todas las naciones europeas a propósito del comercio y la economía, masas manifestándose por doquier, etc. Y, especialmente en nuestra tierra, un ejército de precarios y jóvenes sin empleo pululando en la selva de una economía sin riendas y con riesgos ciertos de volver a colapsar. ¿Qué le podía decir a ese ejército de desesperados la pelea personal entre Susana y Teresa?
  4. Un primer cierre de este performance: las izquierdas han fracasado en Andalucía más por sus propios errores que por los éxitos de los rivales. Susana Díaz representa el final del ciclo y con el final de esa etapa también debería ella evaporarse. Entre otras cosas para posibilitar todavía un juego parlamentario capaz de sostener lo que ha quedado de esta derrota. El Psoe andaluz debe entrar en un proceso de autoanálisis y regeneración interna y política que supere la etapa de Susana Díaz. Por el otro lado, Adelante Andalucía ha mostrado los límites de su proyecto, anclado todavía en una parcial y sectaria lectura de la realidad y en un concepto de política para minorías autoalimentadas. Su obsesión por interpretar a Ciudadanos, y ahora a Vox, a través de la plantilla del histórico fascismo ¡de hace 100 años! les impide captar los fenómenos sociales que están tras esas siglas. ¡Claro que hay que llamar la atención sobre estos partidos y denunciar sus propuestas! Pero sabiendo analizar las causas que están tras ellos y el carácter de su anatomía política. En estas horas estamos esperando todavía que las izquierdas andaluzas realicen su ejercicio autocrítico. Va a costar sangre, sudor y lágrimas pero o lo hacen y asumen las consecuencias de aquellos errores o la procesión seguirá con más dolor su tránsito sacrificial.

Seguiremos leyendo lo que está pasando. Con más datos y más distancia. Esto no ha hecho sino comenzar.

Al final de la escapada…