“Andalucía electoral (1)”. Javier Aristu. en campo abierto

Al día de hoy estas son las previsiones del tiempo político, según SW Demoscopiauno de los sondeos electorales que circulan por los medios: «El PSOE ganaría ampliamente las elecciones autonómicas en Andalucía. De acuerdo con este sondeo, el PSOE ganaría con un 38,1 % de los votos y obtendría entre 45 y 48 escaños. Ciudadanos experimentaría un gran crecimiento y adelantaría al PP como segunda fuerza política, obteniendo un 21,5 % y entre 22 y 25 escaños. Pese a su subida, Ciudadanos se mantiene muy lejos de los socialistas, que se sitúan 17 puntos por encima. El Partido Popular sigue hundiéndose y obtendría un 19,8 % y entre 21 y 24 escaños. La coalición entre Podemos e Izquierda Unida no tendría éxito y la suma de ambas tan solo obtendría un 14,8 % de los votos, el mismo porcentaje que obtuvo Podemos en solitario en 2015. La coalición izquierdista obtendría entre 14 y 17 escaños». (consultado en El Electoral).

Son sondeos, evidentemente, y no significan nada más allá de eso, previsiones calculadas a la luz de encuestas. Pero marcan una tendencia no distante con la realidad actual. Y la realidad anunciada constata dos evidencias: 1) que el PSOE sigue manteniendo un sólido resultado que le permite constituirse como soporte central del sistema político andaluz y eje de cualquier gobernabilidad. 2) que el terreno que se mueve es el del centro derecha. Las próximas elecciones andaluzas si van a decidir algo es quién es el eje constituyente de la derecha andaluza, si seguirá siendo el PP o, por el contrario, lo será Ciudadanos. Por la banda izquierda solo asistimos a día de hoy a la coexistencia de dos fuerzas competidoras pero no equivalentes: de cada 100 votantes andaluces que van a votar a una de ellas, 70 lo hacen por el PSOE y 30 por Unidos Podemos, hoy rebautizada Andalucía Adelante.

Las elecciones serán cuando sean, en octubre, en noviembre o en marzo de 2019, pero están estrechamente relacionadas con la actual y endiablada situación política en España y en Cataluña. Es natural que Susana Díaz quiera celebrar las elecciones andaluzas enmarcadas en un “debate andaluz” pero eso va a ser muy difícil; las correlaciones que se han establecido en los últimos tiempos entre Andalucía y el resto de España hacen que la tarea sea complicada. Lo que ocurra hoy en Andalucía repercute en España (y en Cataluña) y, a la inversa, los hechos de nivel estatal pueden incidir sobremanera sobre nuestro sistema político regional.

Por eso es importante que los dirigentes políticos andaluces asuman esa correspondencia y decidan imprimir al debate electoral regional la dimensión externa que tiene. Y cuando digo externa me refiero no solo a España sino también a Europa.

En el caso de España, es obvio que los procesos políticos puestos en marcha en Cataluña y, recientemente, en Euskadi, obligan a situar a Andalucía en un nuevo marco y en una nueva situación. En Cataluña se viene constatando desde 2012 que el cuadro constitucional de 1978 no puede ya contener la realidad compleja de esa comunidad. En Euskadi, el partido decisivo de ese país, el PNV, ha abierto una vía que pretende también sortear el Estado autonómico de 1978. No es posible ya, tras los escenarios abiertos en esas dos nacionalidades, seguir con la rutina de los últimos tres decenios. Se está abriendo un nuevo campo experimental para la política española; un nuevo y desconocido panorama -cuyas claves todavía no tenemos- ha hecho aparición y la política andaluza necesita situarse en ella con protagonismo y capacidad de jugar un papel decisorio. La política andaluza no puede seguir repitiendo el clásico discurso del 151 y el 28F; habiendo sido viga maestra de nuestra autonomía durante estas tres décadas ya no es el único instrumento de navegación para lo que viene.

En el caso de Europa, no es menos obvio las relaciones estrechas que existen entre la política europea y la realidad andaluza. Hoy, una serie de vectores fundamentales de la dinámica política europea -y que la están sometiendo a tensiones muy fuertes- afectan a Andalucía en primera línea: política inmigratoria, relaciones con el Norte de África, diplomacia mediterránea y, como elemento de cohesión interior, relaciones Norte-Sur dentro de la propia Europa. De concebir Europa solo como centro de políticas subvencionadoras de nuestro desarrollo tendremos que empezar a ver la UE desde Andalucía con más capacidad creativa y más potencia política. Lo que está sucediendo en la Italia de Salvini es un mal augurio y por ello Andalucía, situada en el vértice sur de Europa, en el cruce geopolítico de dos mundos, tiene que aspirar a jugar ese papel de conexión y de apertura a las geografías de la periferia sur.

Volvamos a la realidad interna andaluza y a las futuras elecciones. El cuadro que se avecina no es difícil de bosquejar. Un PSOE primero en la lista pero sin capacidad de gobernar por sí solo, con mayoría absoluta. Claro que, aunque ésta le sea ya muy difícil, no es descartable esa mayoría absoluta dada la variabilidad electoral en estos momentos y, sobre todo, tras la moción de censura al PP y la entrada de Pedro Sánchez en La Moncloa. Luego, dos formaciones, Ciudadanos y Adelante Andalucía (o como se llame finalmente los Unidas Podemos) que se convertirán en dispositivos de la gobernabilidad, o de la ingobernabilidad, ya que habrá que descartar con seguridad la posibilidad de un gobierno de coalición PSOE-PP. La cuestión, por tanto, es qué tipo de gobierno y de gobernabilidad habrá a partir de ese momento. Y solo caben tres: 1) PSOE en solitario, con apoyo parlamentarios estables de legislatura o puntuales con Ciudadanos o Podemos-IU; 2) Gobierno de coalición con Ciudadanos; y 3) Gobierno de coalición con Adelante Andalucía. Veamos las tres posibilidades.

La primera, que el PSOE sea capaz de formar gobierno en solitario, tras una investidura problemática, como ocurrió en 2015. Ello supondría el voto de investidura o abstención de alguno de los dos minoritarios (Ciudadanos o Andalucía Adelante). Esta fórmula no auguraría una legislatura tranquila, al contrario, estará llena de sobresaltos y de posibles amenazas de adelantos electorales. Una vez más.

La segunda, que Ciudadanos apoye o forme parte de un gobierno dirigido por el PSOE. Lo veo empresa difícil si miramos el panorama español. La competencia/colaboración Ciudadanos-PP llevará al primero a jugar posiblemente más un papel de oposición, pensando que algún día él podría ser el primero de la lista.

La tercera, que Adelante Andalucía forme parte como socio minoritario de ese gobierno del PSOE. La experiencia de 2012, según dicen en la formación izquierdista, les ha inoculado contra esa fórmula: ¡Nunca mais!, dicen. El propio discurso de Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo va por la línea de constituirse en una alternativa a lo que denominan régimen del PSOE. IU-CA tiene escrito que su objetivo es articular “un bloque antihegemónico para la construcción de una alternativa de ruptura con el régimen del 78 y con la pata del bipartidismo dominante en Andalucía”. En Podemos Andalucía ven al actual gobierno como “un gobierno conservador – de conservar el poder como autoobjetivo – liderado por un PSOE que dejó, hace mucho tiempo, de ser un instrumento de cambio”. En resumen, PSOE y Podemos-IU, ¿dos piezas incompatibles?.

[Continuará]

Andalucía electoral (1)