Andreu Claret: “El catalanismo es la gran víctima del ‘procés’”. Victor Saura. Catalunyaplural.cat

Andreu Claret es una de aquellas personas con una trayectoria vital apasionante. Nació en el exilio (pasó toda la infancia y adolescencia en Francia) y creció en la clandestinidad (militó en el PSUC y el PCE, de los que fue dirigente, y en dos ocasiones tuvo el privilegio de catar las cárceles franquistas); como periodista fue testigo directo de los convulsos años setenta y ochenta en varias regiones del mundo (fue delegado, sucesivamente, de la Agencia Efe en África subsahariana y Centroamérica), así como de los años de edificación del virreinato pujolista (entre 1991 y 1998 fue director de Efe en Catalunya); y a partir de los 2000 ha penetrado en el mundo de la diplomacia y las relaciones internacionales, primero como director del Instituto Europeo del Mediterráneo y entre 2008 y 2015, en plena primavera árabe, como director de la Fundación Anna Lindh, una institución vinculada a la Unión por el Mediterráneo con sede en Alejandría (Egipto) que financia programas para empoderar a las poblaciones de los países de la ribera sur con objeto de ayudarlas a profundizar en los valores democráticos.

Una vez jubilado y de vuelta a Catalunya se encontró con un país que según recuerda ni entendía ni reconocía, se retiró a la Cerdaña a escribir su segunda novela, Venjança (Columna), y desde hace unos meses escribe en Facebook unas crónicas sobre la situación en Catalunya que cada vez tienen más seguidores, y que a partir de ahora se publicarán también en Catalunyaplural.cat.

¿Cómo fue esto del Facebook?

Cuando volví de Alejandría y vi el panorama que había pensé que no entendía nada. Mi país había cambiado, no lo entendía, y es cuando me aislé en la Cerdaña a escribir mi segunda novela. Iba siguiendo las cosas, claro, pero bastante de lejos. Pero después, viendo todo el que pasaba, y el cataclismo que se acercaba, hubo un momento en que decidí ponerme a escribir. Fue el día del discurso del Rey. Aquel día entendí que aquí podíamos acabar muy mal. Y me pareció que la gente no era consciente de ello.

¿Qué le asustó tanto?

Al volver ya vi que la sociedad catalana estaba dividida, pero como vengo de una tradición de trabajar en lugares donde el diálogo intercultural es muy complicado, llegué aquí, lo dije, y un poco la reacción de todo el mundo fue que no, que los catalanes somos diferentes, que esto es un juego, y que como tú vienes de Oriente Próximo te crees que todo son guerras. De acuerdo… hasta que vi el discurso del Rey y pensé que esto podía acabar fatal. En mi página de Facebook más bien escribía de temas de política internacional, sobre Cataluña no había escrito nunca nada, y me puse entonces. Con una posición, que la tengo, pero con una cierta distancia. Y enseguida empecé a tener mucha gente que se interesaba, y también alguna que la criticaba y alguna que insultaba, pero poca. Pero más allá de la cosa personal lo que encuentro más interesante es que pone de manifiesto las ganas que tiene la gente de plataformas plurales.

De encontrar otras voces, tal vez.

Yo diría que la gente tiene ganas de hallar voces civilizadas, que no te insulten de entrada. Porque esto es lo que hay aquí en las redes. Una batalla campal salvaje. Es algo tremendo.

Háganos un rápido diagnóstico de la situación actual.

La veo de final de trayecto. Ha habido un sueño por parte de mucha gente, que es el sueño de la independencia, como si esto fuera posible y además se pudiera hacer de manera civilizada, sin perder nunca la sonrisa. Y todo este discurso se ha atascado a partir de tres cosas: la primera es descubrir que la sociedad catalana está dividida, cosa que los independentistas parece que ni vieran que estaba pasando. La segunda, que el Estado es fuerte y está decidido. Y la tercera es descubrir que en la Europa del siglo XXI las independencias son muy difíciles de implementar si no responden a mayorías agobiantes. No entran dentro de la tradición europea, y por eso el gobierno español, a pesar de la brutalidad del 1-O, ha tenido el apoyo de la mayor parte de socios europeos para adoptar una actitud firme. La cosa más sorpresiva, cuando conoces un poco Europa, es que los independentistas se extrañen de la actitud de los europeos.

Pues aparentemente no era lo que se esperaba.

Europa es un continente conservador, un continente que ha sufrido mucho y al cual le ha costado mucho hacer su unidad, que todavía en algunos lugares se sostiene con pinzas, y por lo tanto un tema como el catalán hace tambalear un proceso de integración. En el caso de la gente de la calle la sorpresa es comprensible, pero políticos como Mas o Pujol tenían que saber que lo que ellos proponían desde Catalunya rompía la lógica de la construcción de Europa, y que por lo tanto les caería el mundo encima y no encontrarían aliados.

Europa no ha ‘comprado’ la imagen postfascista que se ha querido vender de España.

Es evidente que hay cosas que no le gustan, como lo que ocurrió aquí el 1 de octubre. La gente siendo zurrada en los colegios electorales no son imágenes europeas, y tampoco se puede decir que el gobierno del PP tenga mucho prestigio en Europa. Pero esto es igual. Si los independentistas se pensaban que como Rajoy y el PP están de capa caída los europeos les apoyarían, pues no. Los europeos ven la cuestión catalana como un tema de estabilidad, y por lo tanto no pueden apoyar un movimiento secesionista, por mucho que esté basado en criterios democráticos. Además cada país europeo tiene su problema, o sea que apoyar esto habría implicado abrir un proceso de desestabilización de Europa impresionante. No costaba mucho verlo. Quizás después del fracaso del viaje de Puigdemont a Dinamarca se empieza a entender mejor.

Confiaban en la fuerza de una reivindicación que parece inapelable: sólo pedimos que nos dejen votar.

Esto está bien para hacer campaña de calle, pero después la política es más compleja. Votar sí, pero votar para qué, votar cómo, votar cuándo, en función de qué reglas… Europa son normas. Esto lo aprendes enseguida cuando trabajas allí. No hace mucho hice cuentas y como director de la Fundación Anna Lindh fui 58 veces a Bruselas, y siempre por rincones diversos de la administración comunitaria. Yo no vengo de una tradición jurídica, sino más bien política, y allá me di cuenta de que no se concibe que te salgas de la norma. Son miles de normas, que determinan incluso cómo se hace el queso Camembert, que se hace de una manera determinada y que si no es de aquella manera no es Camembert. Y entonces, está claro, es inviable pretender romper un elemento tan central de la política europea cómo es la ley sólo porque los catalanes somos simpáticos y el 47% está a favor de la independencia. Algunos sabían de sobra que se la pegarían y por las razones que sea han querido seguir adelante.

¿Qué papel ha jugado la prensa para llegar donde estamos? Me refiero a la catalana y la española.

El periodismo ha sufrido mucho las consecuencias de esta confrontación social y política. Esto ha llevado la prensa a tomar posición, cosa que es legítima, pero a veces la ha llevado a pervertir la política informativa, restándole pluralidad. Cuando vienes del periodismo de agencia, donde estás muy obligado también por la norma, aquello del qué, el quién, el cómo y el cuándo, lo echas mucho de menos en el periodismo que se practica ahora. El periodismo de agencia te obliga a observar las cosas. Lo primero es lo que ocurre, después viene el contexto e incluso una cierta interpretación, pero no te puedes alejar de la realidad. Ahora ves como a veces se hace un periodismo que tiene más de fantasía que de realidad. Y que puede llevar a la falsedad.

Periodismo de trinchera.

El periodismo de combate no me parece mal, yo lo he practicado contra Franco; entre unos cuantos montamos la Agencia Popular Informativa, que era una agencia clandestina que tuvo mucho de éxito. O sea que creo que es una modalidad absolutamente legítima, pero incluso entonces la principal idea era hacer periodismo, tenías aquella cosa de seguir defendiendo la verdad, aunque no gustara a los tuyos. Y esto se ha deteriorado mucho, ahora nadie toma distancia. Tampoco me quiero colocar ahora au dessus de la mêlée, porque ya entiendo que ha sido una época de grandes movilizaciones sociales, pero ha habido gente que ha puesto el periodismo estrictamente al servicio de estas movilizaciones. Como si el periodismo fuera víctima del populismo.

Habitualmente, cuando el periodismo catalán se compara con el madrileño se llega a la conclusión de que aquí hay más pluralismo.

Yo diría que en Cataluña todavía hay una pluralidad de medios, pero cuando entras dentro de cada uno el pluralismo cuesta de ver. Esta tensión ha hecho estallar el periodismo catalán desde dentro, y a pesar de que hay muy buenos periodistas, que hay un Colegio que hace lo que puede y que hay medios que intentan preservar esta idea del pluralismo, yo diría que el periodismo catalán está hecho trizas.

En el último de sus artículos habla de la división entre los dos grandes partidos independentistas, que más o menos va aflorando. Y es curioso que hable de ERC cómo de los realistas, cuando su tradición siempre ha sido la más pasional.

Este es un fenómeno históricamente curioso, porque el partido que había declarado la independencia dos veces había sido Esquerra y es un partido que tiene el independentismo en su ADN. Creo que Esquerra tiene una ventaja, que es tener un arraigo más auténtico, porque Junts x Catalunya es un fenómeno de agregación, típico del populismo. Cuando las encuestas hablaban del voto del PDeCat antes de las elecciones le daban el 15% como mucho, a ello se ha añadido el voto por Puigdemont, por que vuelva el presidente. Esto es un fenómeno típicamente populista.

Cuidado que ya van dos veces que califica a Junts x Catalunya de populista.

Es que lo es. A ver, el populismo puede tener una base social, nacional… o puede tener esta base identitaria. Es un populismo identitario. Evidentemente con una historia detrás, que es Convergència, con una presencia en el territorio, con muchos alcaldes y una estructura sólida. Pero como periodista, si yo ahora trabajara en un gran medio y el jefe de política me preguntara a qué me quiero dedicar, pues le diría que a seguir esta batalla política porque me parece el tema más fascinante de estos momentos.

¿La pugna entre ERC y PDeCat?

Es la pugna por la hegemonía. Veremos cómo se decantará. Hay opiniones divergentes, la mía por ejemplo es diferente de la de Enric Juliana, que sostiene que hay un gen convergente, que es muy resistente y se impone. Ya lo veremos. Yo creo que este gen convergente está muy afectado por lo que ha pasado y por la corrupción, y que ERC tiene la posibilidad de convertirse en un partido de centroizquierda hegemónico en Cataluña si hace las cosas bien. Y esto les obliga a tener una actitud realista ma non troppo, porque el problema es que el personal está muy soliviantado y que en Madrid dan tantas razones para que el independentismo levante la bandera que si tienes una actitud demasiado realista puedes desaparecer del mapa en cuatro días. Pero si combinan bien estos dos factores, el de la resistencia frente a las agresiones que puedan llegar de Madrid, y el de leer mejor los resultados del 21D, tratando de hacer una pausa, admitiendo que la mitad de Cataluña no sólo no se ha sumado sino que ha empezado a movilizarse en sentido contrario… En definitiva, si ERC adopta este camino tiene una posibilidad. Ahora bien, ¿lo conseguirá?

Eso. ¿Lo conseguirá?

No lo sé. Todo esto está presidido por personas que tienen su talante, y Puigdemont está decidido a llevar hasta las últimas consecuencias la confrontación con el Estado. Esto fascina a algunos catalanes, pero a otros les da miedo.

¿Qué gesto haría falta por parte de Madrid? No parece que esté haciendo nada por distensionar la situación…

Lo que hace falta es que el PP pierda las elecciones y que Rajoy desaparezca del panorama político, porque tiene una gran responsabilidad en lo sucedido. Mientras esté las cosas no avanzarán.

¿No tendría que hacer algo para mirar de ganarse al sector más moderado del independentismo?

Rajoy ha promovido el independentismo en Cataluña porque era la manera de que un partido con 800 casos de corrupción pudiera seguir gobernando. Esto ha sido un juego deliberado y un juego peligrosísimo, porque puedes salvar al partido pero enviar al país a la miseria, que es lo que ha estado a punto de ocurrir. Ahora bien, esto le ha pasado factura, y por primera vez en muchos años tiene una situación muy comprometida, porque el ascenso de Ciudadanos es más sólido de lo que parece, es un ascenso que tiene un punto generacional y que está muy asentado sobre esta idea de la regeneración.

En Cataluña el partido más votado era no hace mucho un partido residual que nació contra la inmersión lingüística, que era un tema de consenso casi absoluto en los años ochenta y noventa. ¿El independentismo ha despertado a un monstruo?

Las fuerzas políticas catalanas tendrán que leer bien la lección de lo que ha pasado aquí. Efectivamente, el independentismo es un anhelo muy importante entre la población de Cataluña, pero no son suficientes para girar la tortilla y tampoco son suficientes para que Europa les apoye. Se tendrán que repensar muchas cosas en Cataluña, entre otras repensar qué es el catalanismo hoy. El catalanismo ha sido la gran víctima de este proceso. Y ahora existe la necesidad de reconstruir el pensamiento catalanista que tenía aquella doble vertiente de afrontar la gobernabilidad de Cataluña pero a la vez contribuir a la gobernabilidad y la democratización de España. Todo esto será un proceso muy largo, y ya veremos si alguien será capaz de llevarlo a cabo.

De momento hay que ver qué pasa con Puigdemont.

Puigdemont se ha convertido en aquello que los franceses llaman un trouble-fête, que no sé si se podría traducir por un liante, aquel que complica las cosas. Dentro del PDeCat y de ERC hay poca gente que vea con buenos ojos esta idea que tiene de ir por la vía de la confrontación. Por esta vía ya se ha ido y se ha perdido. Y las elecciones del 21D claro que las ha perdido el PP, pero las ha ganado el Estado. Hasta que esto no se reconozca no iremos a ningún sitio. La política no se puede basar continuamente en la astucia.

¿Las ha ganado por el hecho de convocarlas o porque el independentismo no llega al 50%?

Por el hecho de convocarlas y demostrar que lo puede hacer ¡Se han hecho unas elecciones con el presidente en el exilio o fugado y el vicepresidente en la prisión! Esto era una cosa impensable para la gente de mi generación. Cuando lo pienso, y lo hago a menudo, se me ponen los pelos de punta. Y no soy independentista.

Y las elecciones transcurrieron con normalidad.

Con total normalidad. Muchos electores llevaban el lazo para reclamar la libertad de quienes están en prisión, pero la votación se hizo con una normalidad exasperante. Por lo tanto, el Estado ha impuesto su lógica y esto hay que aceptarlo y redefinir una estrategia. Creo que Oriol Junqueras y ERC lo han empezado a hacer, y sospecho que el PDeCat lo quería hacer pero que Puigdemont no quiere. E intentará que todos sean prisioneros de su estrategia.

Porque nadie puede garantizarle que no entrará en prisión.

Yo mismo estoy muy molesto con Puigdemont, pero no me gustaría nada verlo esposado entrando en un furgón de la Guardia Civil, porque es el presidente saliente de Cataluña. Y probablemente no pasaría nada del otro jueves. Yo fui a la cárcel para que pudiéramos tener unas instituciones y un presidente. Y por lo tanto no quiero que le encarcelen, pero lo que está haciendo pone los pelos de punta a mucha gente del PDeCat y de ERC, a pesar de que todavía entusiasma a una parte de sus seguidores, entre otras cosas porque el personal con esto no se juega nada. Ahora bien, dudo mucho que se salga con la suya.

Andreu Claret: “El catalanismo es la gran víctima del ‘procés’”