Antes y después de la declaración de Trapero. Articulos de Francesc-Marc Alvaro, Andreu Claret y la Redacción de La Vanguardia.

ANTES, el 8 de marzo, se publicó en La Vanguardia este artículo de Francesc-Marc Alvaro

El palo del Minotauro


 

 

Hacen su aparición estelar en el Tribunal Supremo para dar cuenta de los detalles de lo que sucede cuando los porrazos desplazan a las palabras. Dan su versión de los hechos los que eran máximos responsables de la Policía Nacional y de la Guardia Civil en Catalunya, bajo las órdenes, durante el otoño catalán del 2017, del coordinador general Diego Pérez de los Cobos, que declaró el martes y el miércoles. Un tío mío los llamaba “gente de gorra”. Como había hecho la guerra, mi tío conocía la diferencia entre los de la gorra y los ciuda­danos corrientes. Llevan gorra los militares y los policías, aquellos a los que el Estado encarga eso que los manuales de ciencia política denominan –asépticamente– el monopolio de la violencia legítima. Ayer, comparecieron –sin gorra y vestidos de paisano– Sebastián Trapote, excomisario jefe de la Policía Nacional, y Ángel Gozalo, exjefe de la séptima zona de la Guardia Civil (luciendo corbata verde). Eran dos tipos desconocidos para el gran público hace unos meses, volverán a serlo dentro de un tiempo. La transparencia de lo que controla la transparencia.

Desde el primer momento de la sesión, son constantes las alusiones al mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero (que ha sido citado para declarar la semana próxima), al que los dos testigos presentan como un hombre “reacio a ser coordinado”. Los fiscales, primero Madrigal y luego Cadena, insisten en preguntar y repreguntar sobre la actitud del que fue responsable máximo de la policía catalana, que será juzgado por delito de rebelión en la Audiencia Nacional. Recordemos que la Fiscalía solicita once años de cárcel para quien lideró la respuesta policial tras los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils del 17 de agosto del 2017. Se nota en el aire que Trapero es considerado algo cercano a un traidor por los jefes de los otros cuerpos.

El comisario de los Mossos Manel Castellví declaró ayer como testigo en el juicio del 1-O en el Tribunal Supremo

El comisario de los Mossos Manel Castellví declaró ayer como testigo en el juicio del 1-O en el Tribunal Supremo (oriol malet)

Al igual que hizo Pérez de los Cobos, Trapote y Gozalo siembran dudas sobre la lealtad del mayor de la policía catalana porque preparó “un plan como si fueran unas elecciones normales”, lo cual desemboca en la segunda tesis de ambos testigos: los Mossos actuaron con “pasividad” e “inacción” a la hora de cumplir las órdenes judiciales dictadas para impedir el referéndum unilateral. El comisario Trapote califica el dispositivo previsto por los Mossos de “insuficiente, inadecuado e ineficaz”. Por todo ello, a primera hora del 1 de octubre, Pérez de los Cobos comunicó a sus subordinados que “pasábamos al plan B, la sustitución de los Mossos”. Cuesta creer que eso no se hubiera decidido mucho antes.

A diferencia de lo que ocurrió con las comparecencias de Rajoy, Sáenz de Santamaría y Zoido, los que hoy declaran son y se saben piezas sólidas de la maquinaria del Estado. Los profesionales de la fuerza. La gorra y la jerarquía. Constituyen el palo macizo del Minotauro, imprescindible. Jaume Vicens Vives escribió que los catalanes somos un pueblo que no ha comprendido la naturaleza del Minotauro, esto es el poder y, por eso, según el autor de Notícia de Catalunya, no hemos conseguido convertir el hecho nacional en un Estado-nación. Antes de la rara declaración de independencia y del 155, el diagnóstico de Vicens Vives parecía fatalismo pesimista, pero hoy reaparece como un esquema esclarecedor. El Minotauro español empleó la violencia y el independentismo catalán se sorprendió, porque había olvidado las tesis del célebre historiador gerun­dense. ¿Ingenuidad? ¿Desconocimiento? Si no conoces al adversario, vas vendido. El abogado Pina pregunta por qué no hubo mediación en los centros de votación en vez de golpes y cargas. Trapote se pone algo nervioso, no contaba con esa pregunta, que es de otra galaxia. ¿Mediación? El Minotauro se impone y punto. Al final, el comisario responde que no había nadie, entre los manifestantes, que quisiera mediar. Esto no es un juicio, es una batalla cultural, lo que explica la presencia del partido ultra Vox en el papel de acusación popular.

Durante la jornada del referéndum del 1 de octubre, policías y guardias civiles cargaron con extrema dureza contra los votantes congregados. La brutalidad de esas actuaciones se vio en medios de todo el mundo y ha dejado huella en la sociedad catalana. Eso existió sean cuales sean las sentencias. Los que dieron las órdenes, pretenden, ante el tribunal, un giro radical del relato que ha fijado el bando enemigo, es la tercera tesis de su recital: los ciudadanos que acudieron a los colegios electorales no eran pacíficos, eran presa de “una excitación que mudaba en actitudes violentas”, en palabras del general Gozalo. El juicio se transforma, de nuevo, en una ceremonia de tuneado selectivo de los hechos, un intento esforzado de lavado de cara del Minotauro. Las defensas consiguen que afloren algunas contradicciones y lagunas inexplicables, pero no rompen la sintaxis blindada de los comparecientes. Nadie aclara, por cierto, la causa de que las grabaciones policiales de las cargas no se incorporasen al sumario.

Por la tarde, el testimonio de Manel Castellví, exjefe de la comisaría general de Información de los Mossos d’Esquadra, remata –sin pretenderlo– la lección magistral sobre tener un Estado detrás o no tenerlo. A pesar de ser también hombre de gorra, Castellví no tiene nada que ver con los anteriores comparecientes. Está bastante nervioso cuando comienza a responder al fiscal Zaragoza. Este policía se sabe lejos del Minotauro, caminando sobre cristal, atrapado entre una política de pirotecnia y el sentido institucional. Los Mossos advirtieron a Puigdemont que era mejor no celebrar el referéndum, lo cuenta cariacontecido. Brota, inevitable, una de las moralejas de esta novela de política, en la que el lector nunca sabe donde hay ficción y donde guiño histórico. Forn, que se sienta junto a Junqueras y Romeva tras la bancada de los abogados, pone cara de circunstancias mientras Castellví responde vacilante y se mete en jardines infinitos. En las antípodas, hace un rato, el general Gozalo ha hecho un spot de la Guardia Civil citando el himno del instituto armado –“el orden y la ley”– y hemos visto al Duque de Ahumada a lomos del Minotauro. La declaración de Castellví resume, sin querer, una gran contradicción del proceso soberanista: ensayar una ruptura desde la administración y la calle, pero no del todo. Para tener un Estado hay que comprender, sin filtros, que el Minotauro es siempre Leviatán.

https://www.lavanguardia.com/politica/20190308/46911314860/juicio-proces-supremo-violencia-mossos.html

 

 

Andreu Claret, también ANTES (los días 10 y 12 de marzo), publico en sus Mini-crónicas catalanas:

Mini-crónicas catalanas/133
EL JUICIO Y LA VERDAD. De un juicio, se suele esperar que brote la verdad. El caso Dreyfus sirvió para que la sociedad francesa descubriera el carácter maligno del antisemitismo que albergaba. Del juicio del Procés no saldrá nada bueno. Nada bueno para nadie. Ni para los catalanes independentistas, ni para los que no lo somos. Esto es así porqué no hay una verdad que la mayoría de la sociedad catalana esté dispuesta a compartir. Cada cual tiene la suya, codificada durante años por medios y redes afines. Y sin verdad compartida, el país recibirá la sentencia más dividido que nunca. Los grandes juicios supusieron momentos de pedagogía colectiva, como ocurrió con el de O.J. Simpson. Aquí no. La señal que emite la sala del Supremo es única, peró cada cual la ve a su manera, aderezada por la labor impía de comentaristas y agitadores digitales que sólo buscan reafirmar convicciones. La propaganda devora todos los matices, ciega todas las enseñanzas. Los que somos capaces de indignarnos, a la vez, por las revelaciones del comisario Castellví y por las mentiras de Millo somos cuatro gatos. Es una lástima, porqué el juicio tiene su qué. Ha permitido certificar la aberración policial del 1-O, y atestar la conducta desabrida de un Parlament que se pasó por el forro el Estatut. Ha confirmado que la violencia necesaria para fundamentar los delitos más graves no asoma por ninguna parte pero ha dejado constancia de la irresponsabilidad de los líderes del Procés. Sin embargo, no habrá verdad compartida, porqué la única verdad posible seria la de que hemos sido víctimas de un inmenso disparate protagonizado por políticos insolventes. Mariano Rajoy y Carles Puigdemont. El uno no vio venir el tsunami y el otro tiró por la calle de en medio sabiendo, como le dijeron los Mossos, y como le dijimos algunos, que quebrantar la ley desde las instituciones no iba a alumbrar nada bueno.

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Mini-crónicas catalanas/134
¡ESTE HOMBRE ES UN GENIO! Lo digo en serio. Puigdemont es un genio. ¿Qué no darían muchos por tener un guía espiritual que permita desayunarse cada día con una propuesta de rompe y rasga? Aquella que el enemigo no se esperaba. Que los periodistas ignoraban. En la que nadie había pensado. Una propuesta que ha ocupado telediarios y abrirá portadas. Me presento a las elecciones y volveré a Catalunya amparado por la inmunidad del acta de eurodiputado. ¿Cómo no se le había ocurrido a nadie? ¿Es posible? ¿Será detenido? Qué más da. Con Trump hemos aprendido que lo importante es lo que se dice cada mañana, no lo que va a hacerse al día siguiente. Es el signo de los tiempos líquidos actuales y el alimento de las redes. Si cuela, bien, y si no, también. Lo importante no es hacer el muro con México, sino que se hable de él. Así se acalla a esta joven e insensata senadora hispana de Nueva York que quiere hablar de las cosas del comer. En tiempos de crisis de todas las certezas, disponer de hombres así es un must. Es un tipo listo. Lo digo en serio: hasta ahora le ha ganado una cuantas batallas al Estado para regocijo de sus seguidores. ¡Qué juicio ni qué leches! Mientras sus antiguos compañeros de gobierno se pasan el día en el Supremo, él irá a Madrid a jurar, o prometer, y luego se tomará unas tapas y volverá a Barcelona con el AVE. Puede incluso que se pase por las Salesas si el juicio todavía no ha terminado. ¿Quién da más? Triple win cantan sus fans en las redes. Si resulta posible, será el acabose. Si no, se armará la de Dios en el Parlamento europeo (creen los indepes). Y, last but not least, Junqueras touché. Todo el protagonismo para él. ¿No me digan que no es genial? ¿A dónde lleva todo esto? ¿Ayuda a sacar los presos de la cárcel? ¿Acerca la República? ¿Permite salir del atolladero? Preguntas de la vieja política. En la nueva, lo que cuenta es el sarao que se ha organizado durante todo el día. Con un nombre; Carles Puigdemont.

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DESPUES  de la declaración de Trapero la redacción de La Vanguardia
ha dicho:

La declaración de Josep Lluís Trapero


 

REDACCIÓN

JOSEP Lluís Trapero, máximo responsable de los Mossos d’Esquadra durante los hechos del 20 de septiembre y del 1 de octubre del 2017, prestó ayer declaración como testigo en el juicio del procés que se celebra en el Tribunal Supremo. La suya era una comparecencia esperada. Tanto por el papel que desempeñó en esas fechas como por varias declaraciones previas –entre ellas, la de Diego Pérez de los Cobos, el coordinador del operativo policial del 1-O designado por el Gobierno, que tildó la actuación de los Mossos ese día de “estafa”–, como por la propia situación judicial de Trapero, procesado por rebelión en la Audiencia Nacional por los mismos sucesos.

Trapero podía haberse negado a contestar las preguntas de la acusación privada, de las defensas, de la abogacía del Estado o del juez. Pero prefirió la trans­parencia y respondió a todas las cuestiones planteadas. Un juicio se resume a menudo en una sentencia. Sin embargo, es obvio que su propósito es esclarecer la ­verdad de los hechos y, en este sentido, hay que apreciar la contribución que ayer hizo Trapero. Una contribución, digámoslo todo, que procede considerar también como los cimientos de su futura defensa ante la Audiencia Nacional.

Durante la declaración, Trapero trató en todo momento de defender la profesionalidad del cuerpo policial que dirigió y excluirlo de un supuesto engranaje político con el Govern en su intento unilateral hacia la independencia de Catalunya. Trapero fue concluyente en este sentido. Aludió a la “incomodidad” (que dijo compartir) del conseller de Interior Jané, quien abandonó el cargo ante la ruta hacia la independencia. No dudó en tomar distancia de algunos miembros del Govern implicados en los hechos, por lo que achacó “cierta irresponsabilidad” al sucesor de Jané, Joaquim Forn, procesado ahora en la causa que se ve en el Supremo. Concretamente, Trapero le reprochó sus declaraciones confiando en que los Mossos permitirían la votación en el referéndum del 1-O. Algo, a juicio de Trapero, inviable en la medida que colisionara con decisiones judiciales contrarias. Y, a media tarde, en lo que constituyó una revelación, y también una carga de profundidad, Trapero afirmó que desde el 25 de octubre del 2017, dos días antes de la declaración de independencia, los Mossos tenían preparado un operativo para detener al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y a los miembros de su Govern, en caso de recibir una orden en este sentido de la Fiscalía o del órgano judicial competente. Asimismo, Trapero recordó que dos días antes del 1-O había advertido al Govern que podían producirse graves conflictos de orden público, y también que los Mossos no secundarían el plan independentista y seguirían leales a la Constitución.

A lo largo de su extensísima declaración de mañana y tarde, Trapero reivindicó, pues, una línea de actuación en la que debía prevalecer el respeto al orden establecido sobre la deriva independentista. Bien es verdad que Puigdemont y algunos consellers se irían al extranjero pocos días después sin que los Mossos pudieran evitarlo; también, como reconoció el propio testigo, que había tenido diferencias con Pérez de los Cobos. Pero lo que se desprende de la declaración de Trapero de ayer es que el Govern no contaba con el apoyo incondicional de los Mossos, que sus palabras no facilitarán la defensa de alguno de los procesados en el Supremo y que, en cambio, afianzan su propia línea de defensa.

https://www.lavanguardia.com/opinion/20190315/461031403259/la-declaracion-de-josep-lluis-trapero.html

 

Y Andreu Claret le ha dedicado esta Mini-crónica:

Mini-crónicas catalanas/135
GRANDE TRAPERO. Estoy seguro de que el testimonio del Major de los Mossos ha puesto de los nervios a muchos. A quienes le han caricaturizado como el zorro puesto a guardar el gallinero y a quienes han soñado con que pondria el cuerpo al servicio de la causa independentista. Ni una cosa ni la otra (¡por suerte!). A mi, Trapero me ha producido una honda impresión. Me ha parecido que tenia siempre el estado en la cabeza, y que esto daba credibilidad a sus palabras. Pensar en términos de estado no es una cuestión menor, en una clima intelectual como el catalán donde la sociedad lo es todo y el estado es despreciable. Trapero ha manejado su condición de servidor del Estado con la sutileza de quién se debía a la vez a su Conseller y al poder judicial. Equidistante. ¡Horror! De él hemos aprendido que Forn fue ‘un punto irresponsable’. Que Pérez de los Cobos se comportó como un elefante en una cacharrería. Que avisó a Puigdemont del desastre que se nos venia encima al convocar un referendum ilegal. Y que advirtió a los otros cuerpos policiales que pretender parar a dos millones de personas con unos pocos miles de efectivos era absurdo. Insensato, como todo lo que ideó el gobierno de Rajoy. No se si sus ajustadas palabras servirán para diluir aún más las acusaciones más gruesas. En todo caso, son determinantes para juzgar la dimensión política del Procés. Sobre todo esta idea de que no había marcha atrás porqué ‘el pueblo’ nunca lo hubiera aceptado. Populismo en estado puro. Todo lo contrario de su visión de Estado, la que le llevó incluso a contemplar la posibilidad de detener a Puigdemont si se lo ordenaban. Le conocí personalmente en un par de ocasiones para hablar del desafio jihadista. Tengo de él un gran recuerdo. Para algunos su imagen quedó tocada por la desdichada foto de una paella en Cadaqués. Para otros, no es más que un poli que mantenía el orden en una Catalunya que no necesita de polis porque ya tiene quien asegura el cumplimiento de la ley desde la calle. Yo creo que es un hombre honesto. Otra víctima del Procés.

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