Argentina: La historia de Javier Penino Viñas, hijo de desaparecidos apropiado por el jefe del Grupo de Tareas de la ESMA, Jorge Vildoza. “Vildoza fue piloto en los vuelos de la muerte” de Alejandra Dandan y Victoria Ginzberg, en Página12. Partes I y II.

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La primera parte de esta noticia se publicó del 5 de abril de 2015: “El represor Jorge Raúl Vildoza, jefe del grupo de tareas de la ESMA, tuvo un confesor ante quien relató sus crímenes. Entre todas las personas de su confianza eligió a Javier Penino Viñas, el joven de quien se había apropiado cuando tenía apenas unos días de vida. Cuando Javier se convirtió en adulto, y después de que se escaparan de las citaciones judiciales, primero con una estadía en Paraguay y luego instalándose en Sudáfrica, el marino le habló de la “lucha antisubversiva”, de las torturas y hasta de los vuelos de la muerte: “Fue piloto en vuelos de la muerte. El volaba. Y tenía alto rango. Siempre cuando le tocó hacer el vuelo estaba a cargo del avión. Parece que hubo una cierta influencia religiosa. La idea era que ser tirados del avión vivos aunque dormidos era una forma humana y cristiana de llevar a cabo la ejecución. A mí me pareció un horror. Creo que se dio cuenta de que era algo difícil de explicar”, relata ahora Javier.

Javier Penino Viñas nació en el centro clandestino que funcionó en la ESMA durante la última dictadura militar. De allí se lo llevó Vildoza, lo anotó como su hijo y lo crió como tal. Las Abuelas de Plaza de Mayo lo ubicaron tempranamente, en 1984 y, para no entregarlo, los Vildoza se escaparon, primero a Paraguay y luego a Sudáfrica. Javier fue Javier Vildoza, pero luego fue Julio Sedano. Y, finalmente, en 1998 viajó a la Argentina para presentarse ante la jueza María Servini de Cubría, hacerse el estudio de ADN y ser Javier Penino Viñas, hijo de Cecilia y Hugo, secuestrados y de- saparecidos durante la última dictadura. Conoció a su familia biológica, con la que tuvo y tiene una relación con altibajos, pero nunca cortó el vínculo con los Vildoza. Su apropiadora, Ana María Grimaldos, fue arrestada en 2012, en la Argentina. Durante las dos décadas que estuvieron prófugos, ella y Vildoza entraban y salían del país –aquí vivían sus dos hijos biológicos– con identidades falsas. Cuando la detuvieron, la mujer se declaró viuda. Según su relato, Vildoza murió en 2005 y fue cremado bajo uno de sus nombres falsos. No hay manera de comprobarlo.

Ana María Grimaldos está siendo juzgada. Javier no justifica el robo de niños, incluso habla del “plan sistemático de apropiación”, pero asegura que ella “no sabía” y descarga la culpa sobre Vildoza. Con el marino, cuenta, tuvo largas charlas. Javier comparte parte de esas conversaciones “de adultos”, de las que surgen grandes revelaciones.

–¿Cuando eras chico y se escaparon a Paraguay qué te decían de la dictadura?

–No hablaban mucho. Decían que había sido una guerra muy… una guerra sucia. Que se habían cometido errores, en su opinión. Tenía una visión que no era, digamos, apologista. No defendía todo. Creo que él sentía que había tenido que hacer cosas de las cuales no estaba orgulloso. Y no le gustaron las decisiones que se tomaron. A él le constaba que en ningún momento iba a ser indultado, perdonado. Cuando empezaron los indultos se enojó mucho porque le parecía que había que blanquear lo que había pasado, que lo que habían hecho respondía a la orden de aniquilar a la subversión inicialmente de Isabel Perón y que luego el gobierno militar la profundizó. Y que la única forma de sanar, o, por lo menos, dejarlo claro en la historia, era blanqueando lo que pasó y asumiéndolo. El indulto le sonaba como que habían sido criminales indultados, en vez de presentarlo como que ellos hicieron lo que hicieron porque sintieron la necesidad de hacerlo. Pero bueno, es un tema muy complicado.

–¿Leíste cosas sobre Vildoza?

–Un montón.

–¿Y cuál es tu impresión?

–Es completamente consistente con lo que él me habló como adulto. El era un tipo de acción. Muy de acción. Muy de aventura. Aceptaba cualquier oferta rara que le tiraban. Se fue al Canal de Suez durante la guerra con Egipto como casco azul de Naciones Unidas. Se presentó al toque cuando tuvo que hacer vuelos raros al exterior para traer aviones, llevar aviones. El siempre se anotaba. Se anotó cuando le ofrecieron o le pidieron meterse en la guerra antisubversiva. Se anotó y se puso al frente en el sentido de que era el jefe de Operaciones del Grupo de Tareas 3.3.2. Actuaba en operativos, no era un tipo de oficina. ¡Por eso me da bronca! Veo que lo tildan de tesorero de (Emilio Eduardo) Massera, medio que manejaba fondos. Eso nada que ver. Creo que de todas las cosas que dijeron sobre él, lo que más le molestaba era el tema de los supuestos…

–No le molestaba que le dijeran asesino, pero sí que era ladrón.

–Si lo quieren plantear así, sí.

–Pero es así.

–Sí. Está bien. Podés plantearlo así.

–Es lo que se desprende de lo que decís.

–O sea, no le molestaba que lo acusaran de cosas que hizo, le molestaba que lo acusaran de cosas que no hizo, como cualquier persona.

Un bar en Chacarita, aunque podría ser Palermo: mesas anchas de madera, ofrecen brunch y limonada con jengibre. Javier pide un café y un tostado. Está en Buenos Aires por el juicio a Grimaldos. Está enojado porque cree que ella no debe ser responsabilizada por su apropiación, que era manejada por Vildoza. También se queja de la investigación de la Unidad de Información Financiera (UIF) que hizo que congelaran los bienes de la empresa del hijo y del yerno de Vildoza, porque se usó para financiar a los prófugos pero, además, porque se sospecha que desde allí podrían haberse blanqueado bienes robados por el grupo de tareas de la ESMA a víctimas de la dictadura. Javier dice que es una locura y, en este punto, señala al represor Jorge “El Tigre” Acosta. Vildoza, dice, “le tenía cero respeto. Era un tipo que estaba un poco loco, como un ser malvado. Como que se jactaba mucho de lo que hacía. Le gustaba. Y robaba. Había muchos rumores alrededor de él, que se había quedado con mucha guita, joyas”.

Tiene una chomba negra, es grandote, corpulento. Es serio pero a la vez cálido. Graba la conversación en su Ipad y atiende su teléfono en inglés, para resolver temas pendientes en Londres, donde vive y trabaja en un banco de inversiones. Está casado y tiene dos hijos. Durante la entrevista llama a su apropiadora por su nombre, por su apellido, le dice “mamá de crianza”, “adoptiva”. “¿Les molesta si para agilizar les digo mamá y papá?”, pregunta en un alto en la conversación, en referencia a Grimaldos y Vildoza. Su abuela materna, Cecilia Viñas, dijo en el juicio que Javier tiene los ojos de su madre y el pelo de su padre.

Vildoza lo eligió a Javier para descargarse y contar detalles de sus crímenes. No a su hija Mónica, ni a su hijo Jorge Ernesto, que trabajó en el Servicio de Informaciones de la Armada y ya eran grandes cuando Javier llegó a la casa. No a su mujer. Lo eligió a él, el bebé al que separó de su madre con la certeza de que ella sería asesinada. ¿Fue una forma de reforzar su cercanía, una forma de buscar el perdón, la expiación de sus pecados o fue la forma más elaborada del cinismo que se pueda pensar? Difícil saberlo. Vildoza murió. Se supone, aunque no hay forma de comprobarlo.

–Cuando creciste, ¿qué te contó Vildoza sobre la ESMA?

–Que había sido una unidad antisubversiva que había sido establecida con principios parecidos a los que operaría una unidad subversiva misma. Ese era el concepto…”

Texto completo en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-269795-2015-04-05.html

 

La parte segunda apareció al día siguiente, el lunes 6 de abril y puede leerse en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-269839-2015-04-06.html