“Beneficios empresariales, trucos contables e inversión” de Juan Laborda, en vozpopuli

cambista

“El engaño, la falsificación, la manipulación contable, y la propaganda utilizada por las grandes corporaciones y sus voceros mediáticos es cada día más evidente. Hay una profunda desesperación por intentar extraer el último euro de sus clientes y de los contribuyentes. Pero este castillo de naipes está a punto de derrumbarse. De los distintos engaños contables que se han ido generalizando desde el estallido de la actual crisis sistémica analizaremos dos de ellos, la recompra de acciones y los créditos fiscales. En este blog nos centraremos en el primero.

Los directores generales de las grandes corporaciones, y no tan grandes, aceleraron en los dos últimos años la recompra de acciones de sus compañías vía deuda. Se trata de un acto de pura codicia destinado a impulsar su propia remuneración variable. La remuneración basada en la cotización de las acciones de la empresa no es solo imprudente y absurda, es socialmente depredadora.

El anterior récord en la recompra de acciones se produjo en 2008, en plena burbuja inmobiliaria y financiera. Esta brillante estrategia produjo pérdidas superiores al 50% en cuestión de meses. Pero no vayan a pensar ustedes que alguno de los miembros de los distintos consejos de administración dimitieron por semejantes errores estratégicos. Lo peor es que estos ególatras no volvieron a recomprar acciones a lo largo de 2009 y 2010, cuando podrían haber hecho su agosto con las valoraciones en mínimos de la década. Después, cuando los mercados bursátiles subieron un 100%, entonces, sí, comenzaron de nuevo los préstamos para la recompra de acciones. En 2015 alcanzaron un nuevo récord histórico.

A medida que los CEO de las distintas compañías han pedido prestado miles de millones para recomprar acciones, claramente sobrevaloradas e infladas, han puesto la sostenibilidad a largo plazo de sus empresas en situación de riesgo extremo. En definitiva, los hombres que dirigen estas empresas no tienen el sentido común ni la más mínima preocupación por la viabilidad a largo plazo de sus compañías. En su momento recibirán un paracaídas de oro sin importar lo bien o mal que lo hayan hecho. Pero este esquema de recompra de acciones por los ejecutivos de las grandes empresas es sólo uno de los métodos tortuosos utilizados para encubrir el fuerte descenso de los beneficios empresariales.

Tenemos una enorme burbuja generalizada a punto de reventar -los descensos durante los últimos meses son meras correcciones-. Y de nuevo todo se parece a 2008: política monetaria inefectiva que activa inflaciones de activos; unido a un fraude contable impulsado por los excesivos y deficientes modelos de compensación. Se trata de ocultar los malos resultados económicos y financieros.

Criterios contables generalmente aceptados (GAAP)

La creciente desesperación de los ejecutivos de las grandes corporaciones es evidente, traduciéndose en trucos de contabilidad que han hecho que en 2015 se haya dado la segunda mayor discrepancia de la historia entre los resultados obtenidos y los denominados resultados GAAP (Generally Accepted Accounting Principles), sólo superada en 2008.

Las resultados bajo formato contable GAAP son la presentación de las cuentas de una compañía basados en la utilización de los criterios contables generalmente aceptados, es decir ajustadas a la normativa contable estándar uniforme que tienen todas las empresas para presentar su información contable. Sin embargo, las compañías consideran que la información contable bajo GAAP no acaba de explicar bien la evolución real del negocio y deciden presentar a los inversores unas cuentas formuladas sin seguir los criterios contables GAAP. Lo que se busca presentando las cuentas distintas a criterio GAAP es intentar convencer a los analistas que los resultados no son tan malos como indica la contabilidad estándar.

En Estados Unidos, donde las estadísticas están más adelantadas, existe una desviación del 25% entre la fantasía, resultados no GAAP, y la realidad, resultados GAAP. Se trata de la segunda mayor discrepancia tras 2008. Su impacto en valoración es brutal. Pero el aspecto más irritante de esta estratagema generalizada -muy extendida también por estos lares- es la falta de conciencia o reconocimiento de las malas praxis que en su momento desembocaron en la crisis sistémica de 2008…”

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