«¿Bravo Mariano? ¡No, gracias!» de Juan Laborda, en vozpopulí

PPE madrid

“España se encuentra en la antesala del final de un ciclo histórico. Los elementos que lo definen son una profunda degradación política, económica, social y moral. Sin embargo, estos rasgos también se pueden extender a Europa en su conjunto. Un ejemplo de todo ello ha sido la reunión esta semana de la plana mayor de los dirigentes conservadores europeos, en vísperas del final de una triste y lúgubre legislatura patria. Acudieron en tropel a loar a su queridísimo Mariano. ¡Qué foto de familia más sublime, digna de futuras hemerotecas! Cuando nuestros hijos, desde una visión histórica retrospectiva, echen una ojeada a la misma, simplemente sentirán una profunda tristeza y melancolía por el tiempo perdido.

En el centro de la foto, Ángela Merkel, adalid de los inquisidores de la austeridad y cuyas terribles consecuencias están sufriendo los ciudadanos de media Europa, incluidos los orgullosos luteranos alemanes -qué ejemplos más gratificantes los de Volkswagen y que grandes sorpresas nos depararán algunos bancos germanos, será épico-. Junto a ella, Nicolás Sarkozy, aquel que iba a refundar el capitalismo, tras la gran estafa de la Gran Recesión, ese pequeño Napoleón cuyo gran logro en política exterior fue participar en la coalición que ayudó a configurar un país fallido, Libia. Del sistema bancario francés, mejor ni hablamos.

El problema es que casi ninguno de estos dirigentes está a la altura de los tiempos. Son políticos mediocres, muy alejados de la personalidad y carácter de los otrora padres de Europa

Junto a ellos personajes tan, digámoslo suavemente, “pintorescos”, como Silvio Berlusconi o Viktor Orban; u otros con ciertos rasgos extravagantes, incluso divertidos, como Jean-Claude Juncker o Donal Tusk. Y con todos ellos Mariano Rajoy, el loado, el deseado, el “que ha cogido al toro por los cuernos”, vamos que parecían unas fiestas patronales en honor a San Mariano. Sin embargo, en esas fiestas patronales, salvo sus incondicionales, lo que es participación de la gente, ciudadanos españoles, poca, muy poca. No estamos para tales fiestas.

El problema es que casi ninguno de estos dirigentes está a la altura de los tiempos. Son políticos mediocres, muy alejados de la personalidad y carácter de los otrora padres de Europa –Adenauer, Monnet, Schuman, Gasperi…–, sin visión global, al servicio de las grandes corporaciones nacionales. Bajo sus respectivos gobiernos, exactamente igual que con algunos de sus correligionarios socialdemócratas, el poder corporativo se despojó finalmente de su identificación como fenómeno puramente económico y se transformó en una coparticipación globalizadora con el Estado. Y ahora pretenden que nos traguemos un nuevo sapo, el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, más conocido por su acrónimo en inglés TTIP. Ansían eliminar todas las garantías que en Europa se han conseguido de protección del consumidor y del medio ambiente. El libre comercio, tal como lo entienden, es una carrera global que arrastra al factor trabajo al fango, a la cuasi-esclavitud.

La herencia de Mariano…”

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