“Breves notas sobre la confluencia”. Colectivo Senda. en campo abierto

por Colectivo SENDA

“El pasado día 8 de mayo fuimos invitados por la Asamblea de IU -Distrito Casco Antiguo de Sevilla- a participar en una charla-debate bajo el título “Organizando las Confluencias”.

Las lógicas limitaciones de tiempo nos impidieron poder desarrollar suficientemente algunos aspectos sobre el proceso de confluencia que nos parecían de interés, por lo que, sin pretender agotar la totalidad de aspectos que forman parte del debate abierto, hemos optado por plantear públicamente estas breves notas con el único interés de contribuir modestamente a impulsar el necesario debate sobre un asunto que consideramos crucial para el futuro de la izquierda a corto, medio y largo plazo.

Para nosotros y nosotras la confluencia social, política y electoral no es una opción, sino que se ha convertido en una obligación para la izquierda y para quienes desean construir una sociedad más libre y justa.

Muchas y diversas son las razones que justifican tal afirmación y entre ellas nos permitimos destacar resumidamente algunas que nos parecen fundamentales.

La última década se ha llevado por delante muchos de los derechos trabajosamente conseguidos a lo largo de los años, y las desigualdades han aumentado hasta extremos intolerables. La incipiente salida de la crisis que comienza a observarse muestra claros síntomas que ponen de manifiesto que, lejos de reducirse las citadas desigualdades y recuperar derechos, se está consolidando la situación, cuando no agravándose. La conclusión es que el crecimiento no está teniendo una redistribución justa y social.

El deterioro y la involución democrática alcanzan cotas extraordinariamente preocupantes. A los retrocesos en los derechos sociales que alejan y hacen desconfiar a la ciudadanía de la utilidad de la democracia, se suman los inacabables casos de corrupción a los que nos enfrentamos y los ataques a la libertad de expresión que sufrimos.

El repunte de la movilización y respuesta social que se está produciendo en los últimos meses no se está traduciendo, al menos hasta el momento, en el terreno político y aún menos en el electoral. Ciertamente no podemos esperar una influencia inmediata y mimética, pero no podemos dejar de reflexionar sobre ello. Aunque ha irrumpido con fuerza, podemos considerarla aún incipiente, dada las potencialidades que objetivamente ofrece.

En esta reflexión no podemos obviar que hay que ser extraordinariamente escrupulosos y respetuosos con la independencia de los movimientos sociales y las nuevas expresiones de respuesta y articulación social; de su pluralidad, de los objetivos más inmediatos que tienen, incluso de sus reivindicaciones más primarias. Pero es obvio que quienes están más directamente implicados en su dirección tampoco pueden confundirlo con el apoliticismo -otra forma de hacer política- o renunciar a elevar el nivel de conciencia y ofrecer una reflexión que contribuya a situarlos en un marco de transformación más profundo y global.

Preservar estos movimientos u otros que puedan surgir en el futuro es un objetivo que nunca deberemos perder de vista, ya que seguirán siendo esenciales aunque la izquierda acceda -ahora o en el futuro- a los gobiernos locales, provinciales, autonómicos o al del Estado. Volveremos en todo caso a ello cuando hablemos de los actores que han de conformar, favorecer, o en los que apoyarse para construir la confluencia.

A diferencia de lo ocurrido a otros partidos socialdemócratas en buena parte de Europa, el PSOE, hasta el momento, no se ha desplomado en España, aunque por meritos propios ha perdido ya mucho apoyo político, social y electoral. No es en absoluto una perdida de tiempo pararse a reflexionar y sacar conclusiones lo más rigurosas posibles sobre los motivos de una cosa y de la otra; pensar que hacerlo es un tema menor o intrascendente nos llevaría a cometer nuevos errores.

En cualquier caso, el PSOE se muestra cada día más incapaz de dar respuestas desde la izquierda y, para mucha gente, resulta cada vez más evidente que existe un creciente divorcio entre lo que dice -más parecido al portugués- y lo que hace -más próximo al alemán-; y que su falta de voluntad real para romper con las políticas neoliberales y contribuir a conformar amplias alianzas sociales en favor de la mayoría social, se torna más irreversible cada día que pasa. Por cierto, nada de lo que alegrarse.

La debilidad de la izquierda resulta igualmente preocupante. La desconfianza, los reproches o la rivalidad mal entendida, junto a otras muchas cosas mal disimuladas, actúan como serios obstáculos que son imprescindibles remover. El creciente malestar social, sin una izquierda capaz de canalizarlo y de influir en la transformación de la situación, constituye un riesgo que solo puede tener como salida la cronificación de la hegemonía de la derecha, e incluso del avance de posiciones fascistas. El ejemplo en Europa está próximo y a la vista.

Quienes compartamos las razones expuestas -así como otras que puedan realizarse- tenemos la responsabilidad de contribuir al proceso de construcción de la confluencia y en consecuencia tenemos la obligación de empeñarnos en la tarea. Las dificultades, que sin duda existen, han de ser superadas y el escepticismo, que también existe, ha de ser vencido. La inteligencia colectiva, la flexibilidad y la generosidad -más allá de la palabrería- son fundamentales para conseguir el éxito del proceso.

La confluencia deberá ser el resultado de la suma de otras muchas confluencias que ya existen o están en proceso de construcción, entendiéndola  de forma dialéctica y asumiendo que nunca estaremos ante la “foto definitiva”. Ésta deberemos alimentarla a diario y deberá estar en permanente revisión y, en su caso, sometida a reformulaciones.

Aunque vayan de la mano, hay que saber diferenciar la confluencia social de la política y la electoral. Más allá de las reflexiones de fondo que haya que realizar desde el punto de vista teórico y conceptual, es relevante, a efectos del cómo, con quién y cuándo. A modo simplemente de ejemplo, respecto del cuándo, diríamos que siendo el año 2019 un año electoral clave no hay tiempo que perder y que en consecuencia se hace necesario apretar el acelerador y dar forma concreta a la confluencia electoral. El error a evitar es pensar que todo acaba ahí; y es justamente a partir de ahí cuando comenzará el duro, y siempre inacabado, trabajo de construcción de la confluencia política y social.

La conclusión, por tanto, es que debemos evitar sentirnos invadidos por la ansiedad en la construcción del proceso de confluencia; unas cosas necesitarán de mayor maduración, mientras que otras exigirán de respuestas más urgentes. Nunca dormirnos en los laureles.

Consideramos que la construcción de la confluencia no tiene por qué pasar por la renuncia de lo que cada cual es o representa; no hay que mutilar ni amputar nada a nadie -salvo que libremente cada cual opte por hacerlo-; más bien se trata de poner lo mejor de cada uno o una al servicio del objetivo común que se comparte.

El proceso de construcción hay que afrontarlo con la mayor transparencia y participación; sacarlo de la mesa de camilla y situarlo en la calle; hacerlo comprensible y asumible para la ciudadanía. Hay que evitar por todos los medios recovecos incomprensibles, tanto para la militancia y activistas internos del proceso, como para los de afuera.

Respecto de los actores del proceso y el papel que les correspondería jugar, estimamos que fundamentalmente son: las fuerzas políticas con mayor fortaleza organizativa -que han de servir de impulsoras y, por qué no decirlo, también en buena medida de motoras- y otras que igualmente puedan sumarse; así como los movimientos sociales más clásicos y las nuevas expresiones de respuesta y articulación social, que en ningún caso pueden quedar reducidos a meros acompañantes y mucho menos a espectadores o simples convidados de piedra.

La participación de los movimientos sociales y las nuevas expresiones de articulación social ha de realizarse de tal manera que se sea profundamente respetuoso con su pluralidad y no socave en ningún caso su independencia. Para ello hay que darle un enfoque dialéctico y alejado de cualquier atisbo de zafia instrumentalización; sin duda, algo fácil de verbalizar, más complicado de concretar y aún más difícil de ejecutar.

No se trata de incluir nominalmente en la confluencia al movimiento, plataforma o marea correspondiente; ni siquiera situar como candidatos o candidatas electorales a algunos o algunas de sus representantes más conocidos y conocidas -aunque en algunos casos pueda hacerse bajo ciertas condiciones-, y mucho menos reclamar directamente el voto para las fuerzas de la confluencia -por otro lado algo estéril, tal como la historia ha venido demostrando-.

Más bien se trata de cultivar la aproximación, la escucha, el dialogo, la identificación, la colaboración, la implicación, la visualización pública…, lo que hay que desarrollar sistemáticamente y con vocación de permanencia.

Sevilla, 16 de mayo de 2018

Colectivo Senda es un grupo sevillano de opinión y acción social formado por sindicalistas y  componentes de otros movimientos sociales: cooperación al desarrollo, vecinal, consumerista, memoria histórica y economía social. Publica sus tribunas quincenalmente en El Correo de Andalucía