“Buscando la paz positiva en el País Vasco” de Pilar Eirene de Prada, en

fernandez jonan y rios paul

“El cese definitivo de la violencia en 2011 significa un cambio de paradigma en el conflicto vasco con el que, aunque de una forma atípica, se ha entrado en un proceso de paz. A pesar de no haberse llegado a ningún acuerdo de paz, dado que ni tan siquiera los distintos actores se han sentado a negociar, parece que el camino hacia la paz es irreversible. Aun así, el proceso parece haberse estancado en un limbo que algunos expertos califican de situación de no war no peace. Un escenario en el que la violencia de las armas ha cesado sin que se haya alcanzado la así llamada paz positiva, que pretende la transformación del conflicto y la resolución de aquellas causas que lo originaron con el fin de evitar su repetición.

El final de la violencia quita un velo que deja al descubierto los problemas que se sitúan en la raíz del conflicto y que requieren de una transformación social para que la paz sea duradera. Resulta imprescindible no ocultar estos problemas en un estéril intento por favorecer el tránsito hacia una convivencia normalizada. Esconder los asuntos incómodos debajo de la alfombra solo retrasará su aparición, ya que como una fruta en mal estado, se pudrirá, desprendiendo un fétido olor que mostrará su presencia. Es decir, no se trata de mirar al futuro olvidando el pasado ni de reproducir el mismo orden hegemónico que generó el conflicto; sino de permitir la creación de las bases para una coexistencia inclusiva que dé cabida a múltiples realidades y significados sociales creando espacios –centrado en las personas, lo local, el día a día– que doten de voz a todos, sin exclusión.

Mirando de cerca la realidad del caso vasco es fácil darse cuenta de que  aún existen grandes trabas para que un escenario de profunda y regenerativa transformación social prospere. Centrémonos en cuatro actores que operan en distintos niveles: el Estado, el gobierno vasco, la izquierda abertzale y algunas voces internacionales. Por un lado, ante el nuevo paradigma, los poderes del Estado siguen aferrados al status quo y al etiquetaje de ETA como banda terrorista sin disolver para negar cualquier cambio en el escenario y en su actitud. El Estado niega la existencia de un conflicto alegando el carácter asimétrico de la violencia y la condición de sus actores de meros desalmados terroristas –al igual que a su entorno político– reduciendo la ecuación a una mera lucha contra el mal. Aferrado a esta idea, el Estado únicamente concibe dos posibles finales: victoria o derrota. Solo aceptará una paz de los vencedores en la que únicamente tiene cabida una verdad y un tipo de memoria sobre más de medio siglo de conflicto…”

Texto completo en http://www.eldiario.es/contrapoder/paz_positiva_Euskadi_6_379072104.html