“Catalanes, ¿Japoneses o nipones?”. Javier Aristu. en campo abierto

Hace una semana anduvo por Sevilla Enric Juliana, uno de los más acreditados comentaristas de la actualidad política, periodista seguido con gran interés por una gran audiencia. Vino a participar en un debate vis a vis con José Rodríguez de la Borbolla, ex presidente de la Junta de Andalucía y en estos momentos exponente en Andalucía de una corriente de pensamiento político que se enfrenta radicalmente con el procés catalán y que viene a resumirse en el punzante concepto de Frente Unido Antijaponés. Si quieren averiguar en qué consiste ese frente lo pueden leer en el artículo que Borbolla publicó en El País el pasado 14 de septiembre. Juliana le contestó con una carta al director que, aun a pesar de su brevedad, no tiene desperdicio. Juliana se consideraba al final de dicha Carta, de forma irónica, un “amigo japonés”. Yo, modestamente, opiné sobre el artículo borbolliano (¿o borbollista?) y lo encuadré en el bloque de actitudes defensivas y encerradas en  el fondo del campo de juego, sin ánimo ni capacidad para idear nuevas salidas a un problema histórico complejo. Los italianos llaman a esta modalidad de fútbol catenaccio. Nosotros, los españoles, cerrojo.

En ese debate entre Juliana y Borbolla vislumbré dos almas, dos miradas muy diferentes ante la cuestión catalana. Es verdad que también ante otro asunto histórico –la transición a la democracia de 1975-1978– se percibían perspectivas y timbres diferentes entre el periodista catalán y el político andaluz. A ambos, Borbolla y Juliana, se les reconocen acreditadas virtudes como seguidores y expertos conocedores de la historia y política italiana. Sin embargo, yo veo a Juliana más fino, con más finezza que a Borbolla, el cual viene mostrando últimamente maneras bruscas y hasta rudas. Mientras que Juliana mostró un afán y un método por divisar la complejidad del problema, recurriendo a etapas anteriores para tratar de entender (lo que no quiere decir comprender ni justificar) lo que está pasando hoy entre Cataluña y España, Borbolla no salió de una interpretación plana del nacionalismo catalán como la causa del mal. Por mucho que se cite a Vilar, a Fontana o a Marfany, la cuestión catalana tiene perfiles y contornos sutiles que no encajan solo en el factor nacionalista, siendo este dominante. Ambos, Juliana y Borbolla, no son nacionalistas; es más, creo que los dos mantienen un discurso combativo contra el independentismo. Les diferencia la mirada desde la que perciben el problema. Y, por tanto, la solución.

Y en medio de esta reflexión se me cruza por medio otra mirada sobre el asunto catalán, en este caso la de un político de primera línea que ha logrado construir en muy poco tiempo, modestamente y con muy pocos recursos, un relato muy diferente tanto del independentista como también del llamado “españolista”, que yo prefiero denominar “nacionalismo excluyente español” o “centralismo”. Hablo de Joan Coscubiela y su reciente libro Empantanados. Una alternativa federal al sóviet carlista (ed. Península). Lo he leído en poco tiempo porque es un libro bien escrito, fácil de leer y con una línea de desarrollo clara y sintética. Me gustaría comentar del mismo unas pocas cuestiones. Tendremos tiempo de hablar más detenidamente del mismo porque intuyo que el libro se va a vender de forma masiva y va a provocar polémica.

La anécdota la relata Coscubiela desde el principio: una parte de su grupo parlamentario en la legislatura pasada, aislado por el grupo dirigente de los Comunes (Colau y Domènech), ninguneado por el bloque independentista y enfrentado a la estrategia de Ciudadanos y el PP, se bautizó la patrulla nipona, en alusión a los grupos de soldados japoneses que en la 2ª guerra mundial quedaron copados lejos de sus líneas, creyendo en vano que tarde o temprano “los suyos” los vendrían a rescatar. Se sabe que muchos de estos grupos de soldados nipones aislados nunca fueron rescatados por sus jefes y, algunos, creyeron que la guerra seguía muchos meses y años después de agosto de 1945. Del mismo modo, estos parlamentarios nipones en Cataluña fueron dejados de la mano de dios por sus jefes políticos, pero ejercieron con una dignidad y una gran inteligencia su difícil tarea de denunciar en sede parlamentaria las trampas del independentismo a lo largo de esos dos años de legislatura. Un buen balance de la misma es este libro que comentamos.

Coscubiela entra en unos jardines donde el peligro de ser acusado de traidor está asegurado, y en unos terrenos resbaladizos, los de la identidad catalanaconcebida como una religión profana. Además, el político de la izquierda catalana denuncia el procés como una serie de secuencias engañosas y basadas en el truco y la nada. Y denuncia a un segmento de la nueva política catalanacomo carente de relato estratégico pero repleta de giros tácticos inconsistentes y subordinados al mainstream independentista.

Mientras llega ese momento de reflexionar con más calma sobre el balance del exsindicalista y exparlamentario Coscubiela, me quedo con algunas ideas que este lanza y que me han gustado por diversas razones.

Una de ellas es el profundo convencimiento que tiene el Coscu acerca de la necesidad de vertebrar la cuestión del encaje de Cataluña en España a partir de una amplia perspectiva de Europa. Analiza con cierto detalle la cuestión de la soberanía como un asunto más allá de la clásica simbología nacionalista para enlazarla con la globalización y la interdependencia de las actuales sociedades. Desde ese punto de vista Coscubiela ofrece una imagen de europeísmo activo y decidido: solo en ese encaje europeo podemos encontrar salidas a los actuales problemas de la carencia de soberanía, Lo cual supone, como es lógico pensar, un duro palo a los planteamientos simplistas del independentismo catalán que sigue viendo la cuestión de la soberanía como si fuera una imagen de hace cien años, una tensión entre dos soberanías nacionales que compiten en un solo Estado. En estos momentos el auténtico problema de la soberanía de los pueblos pasa por resolver el control financiero mundial y contraponer a este un poder político democrático que no puede ser sino transnacional.

Otro asunto que me ha llamado positivamente la atención es la claridad y decisión con que plantea la revisión del marco territorial de nuestra Constitución a partir de una nueva lectura de la asimetría y la diversidad territorial e institucional, acompasándolas con una igualdad de derechos individuales y sociales en el común del estado. Su reflexión apuesta por retomar la diversidad catalana como uno de los fundamentos de la federalización del Estado: frente al café para todos habría que volver, de algún modo, a los momentos iniciales de la Transición cuando se veía a Cataluña como sujeto histórico de derechos (reinstauración de la institución de la Generalitat) sin que ese hecho mermase las libertades y derechos de otros territorios. En algunos momentos la reflexión de Coscubiela sobre este apartado me ha parecido que iba por el mismo camino que la que Bartolomé Clavero acaba de formular en su artículo Tras el 155 y el 21D: Cataluña y Andalucía entre nación y región, que ha publicado la revista digital Pasos a la Izquierda. Cataluña es un sujeto diverso, con su historia propia dentro de España y también al margen de España. Asumir esa complejidad y esa diversidad sigue siendo una asignatura pendiente para la política española.

Joan Coscubiela ha escrito en cierto modo un ensayo al calor de la actualidad (él mismo nos dice que lo ha escrito en siete semanas), similar a aquellos materiales que en el siglo XIX escribían algunos clásicos de la izquierda a la luz de acontecimientos importantes. Dicho texto –junto con el de Jordi Amat, La conjura de los irresponsables– creo que está entre lo mejor que se ha escrito en los últimos meses sobre el suicida proceso hacia la independencia. Más allá del periodismo espectacular y que dura pocas semanas, Coscubiela aporta buenos elementos de pensamiento y reflexión sobre la crisis de  Estado, la crisis social y económica y sus consecuencias sobre el procés, la inexistencia de ningún auténtico proyecto consistente tras el plan Mas-Puigdemont-Junqueras, pero a la vez sobre la necesidad de que el resto de los españoles capte el fenómeno independentista como algo consistente y real que está dentro de la sociedad real catalana y que responde tanto a los efectos de la crisis mundial como a las dificultades de la relación desequilibrada entre España y Cataluña.

Espero que este libro de Joan Coscubiela sea leído por las personas influyentes andaluzas. Estoy seguro de que Borbolla lo va a hacer, si no lo ha hecho ya: ahora se trata de que entiendan lo que nos quiere transmitir una persona que ha formado parte de aquella patrulla nipona incomprendida por unos y atacada por otros. Si toda la estrategia ante la guerra independentista se resume en la constitución de un  Frente unido antijaponés es que no se ha entendido que también en el otro lado hay patrullas niponas a las que tenemos que proteger y con las que tenemos que aliarnos.

Catalanes, ¿Japoneses o nipones?