«Catalunya explicada a quienes han perdido el hilo», de Enric Juliana en La Vanguardia

MAS SE HA REUNIDO CON RAJOY Y DICE QUE NO HA DADO MARCHA ATRÁS EN LA CONSULTA

Hay una doble pugna: con un Estado que reinterpreta la autonomía a la baja y una espesa batalla por la hegemonía interior. Un 27S muy experimental puede acabar siendo una jornada daliniana

“Explícame lo que está pasando estos días en Catalunya”, me pide un amigo en Madrid. Prefiero no liarle demasiado con los últimos movimientos tácticos y se lo resumo a grandes trazos. Sacudida por la crisis de todo el Sur de Europa, la Catalunya autónoma ha entrado en una fase de alta competición interior. Los partidos se están desmontando, las piezas se hallan desperdigadas y reina una notable confusión. El ‘nuevo orden’ tardará tiempo en llegar.

Hay un cierto retorno a los años ochenta, le explico. La transición catalana comenzó con una izquierda muy fuerte en el área de Barcelona. Los sindicatos eran fuertes, especialmente Comisiones Obreras. Socialistas y comunistas competían entre sí y formaban una dualidad aparentemente imbatible, hasta que en 1980 una fuerza radicada en las clases medias del interior del país –no explícitamente derechista–, les frenó, dando pie a un largo periodo de equilibrio y fricción.

Bajo el paraguas de las dos izquierdas encontraron especial protección los obreros sindicalizados y los jóvenes profesionales urbanos más directamente vinculados al despliegue del Estado del Bienestar. El éxito de la Barcelona olímpica fue su gran momento. Frente a ese bloque –dominado finalmente por los socialistas–, pequeños y medianos empresarios, comerciantes, profesionales y funcionarios ajenos a a la izquierda, vieron en la recuperada Generalitat su referente protector. Jordi Pujol, el más potente de los políticos catalanes de la transición, el más dotado con la nietzscheana “voluntad de poder”, pese a su catolicismo, tejió esos mimbres y los conectó con el centrismo y el conservadurismo ilustrado de Barcelona. Pujol enmarcó Catalunya desde la Generalitat. La izquierda construyo un fuerte consenso socialdemócrata en las principales ciudades, Y en verano de 1992, Pasqual Maragall salió disparada como una flecha hacia una densa y larga competición electoral.

Treinta y cinco años después, la crisis económica, el estrangulamiento financiero de la Generalitat, el desgaste de los viejos dispositivos de poder, más el cambio generacional, lo están dislocado casi todo. En 2012, superado el tripartito, el grupo dirigente nacionalista volvió a tener miedo. La crisis le asustó. Tomó la decisión de no dejarse emparedar por el neocentralismo del PP, la quietud mineral de Mariano Rajoy, la ruina de la Generalitat, la protesta social, el malestar generacional, la sombra de la corrupción y el nuevo ruido del mundo. Artur Mas, educado políticamente por Pujol, se abrazó definitivamente al independentismo, antes de que este –menestral, pero también hipster, comarcal y ahora barcelonés– le desbordase y arrollase.

Prosigo. El experimento de la “lista cívica” (con o sin políticos en activo) busca la movilización excepcional de dos millones de electores. Una victoria rotunda, para forzar una negociación con el Estado español, con visado europeo. E intenta evitar, como en 1980, un frente catalán de izquierdas, alimentado esta vez por la nueva corriente metropolitana que mueve Podemos. El cambio en la alcaldía de Barcelona es un dato fundamental…”

Texto completo en http://www.caffereggio.net/2015/07/09/catalunya-explicada-a-quienes-han-perdido-el-hilo-de-enric-juliana-en-la-vanguardia/