“Con la venia de la Excma Sala…”/”La fuerza os acompaña”. Mini-crónicas catalanas 136/137. Andreu Claret

Mini-crónicas catalanas/137
CON LA VENIA DE LA EXCMA SALA. El independentismo anda algo desorientado. Mientras los abogados acatan las fórmulas de respeto al Estado y piden una y otra vez la venia de la Excelentíssima Sala, Torra tensa al límite la cuerda de la Junta Electoral. El Procés se ve obligado a gestionar escenarios cada vez más dispares. Sin ir más lejos, el de la Sala del Supremo en Madrid y el los edificios públicos de la Generalitat donde cuelgan símbolos que no son los de todos. Por un lado estan los ejercicios florentinos para defender a los procesados, y por otro la persistente bronca simbólica para exhibir arrestos. No es fácil hacer compatible tanta contradicción. Ni explicarla. La parroquia lo asume como una treta. Piensa (con razón) que las acusaciones son tan disparatadas que bien merecen el paripé de las togas. Acepta que el pulso no se pueda mantener en Las Salesas, porqué Marchena le ha cogido el gusto a matar el partido, pero cree que siempre quedaran las calles y las plazas de media Catalunya para protestar. Y las redes sociales para desahogarse. Comprendo esta manera de actuar, pero no la explicación que la acompaña. Aunque no lo quiera reconocer, el independentismo está en modo repliegue sin estrategia donde encajar lo que hace y lo que dice. De hecho, las explicaciones que dan sus líderes siempre son a balón pasado. Si Torra no retira los lazos, fantástico. Y si los quita es porque el Defensor del Pueblo se lo sugiere, no porqué la Fiscalía le amenace. Llegados a este punto, todo tiene dos lecturas, como diría aquel. Cuando decenas de miles de manifestantes ocupan el centro e Madrid, nadie se pregunta donde queda la equiparación con Turquía. Cada vez que un letrado pide la venia nadie se interroga de lo que tiene este juicio de entierro de aquella utopía disponible que ha presidido el Procés. El presidente Torra encarna mejor que nadie esta contradicción. No es un político. Ha sido toda su vida un agitador cultural. Ahora le toca descubrir que desobedecer siendo presidente de una institución que es parte del Estado y que gestiona más de 16.000M de euros no es fácil. Ni de hacer ni de explicar. Sobretodo cuando se acercan elecciones y habrá que dar cuentas. No sólo repartir estopa.

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Mini-crónicas catalanas/136
LA FUERZA OS ACOMPAÑA. El independentismo catalán ha vuelto a exhibir músculo. Ha colapsado el corazón de Madrid. Con decenas de miles de manifestantes, no sé cuantos exactamente, pero muchos más que los que pretende el cálculo oficial. Desde la discrepancia con muchas de las consignas que se corearon, lo considero una proeza. Una demostración de la resiliencia de la que ya hemos hablado para explicar la inédita capacidad de resistencia del movimiento social que ha cuajado en Catalunya entorno al llamado derecho a decidir. Hay que ser muy cazurro para no reconocer el valor histórico que tiene esta concentración. Y para no concluir, antes de que termine el telediario, que éste conflicto sólo se podrá resolver (si es que se puede, tras tanto tiempo malgastado) con un complejísimo acomodo político. Primera conclusión, a la deberían estar atentos quienes pretenden gobernar España después del 28-A. La segunda es para quienes tienen algún predicamento sobre el universo independentista. Su desafió es el de saber administrar esta fuerza. El de dar un sentido político a su asombrosa capacidad de convocatoria. No basta con qué la fuerza acompañe a los independentistas, de hazaña en hazaña, de Madrid a Bruselas, pasando por Barcelona tantas veces como haga falta, si esto no desemboca en un objetivo político. Por lo que vi, ayer convivían objetivos muy dispares, más allá de la legítima reafirmación. El más concreto, que se ponga fin al juicio, como si esto estuviera en manos de alguien que no sea el Supremo. El más cañero y el que más jaleó la parroquia: hemos venido a despedirnos. No quiero ni imaginarme la reacción de las embajadas europeas. ¡Han venido a despedirse! Es tan simpático como poco serio. Patético. Tanta fuerza puede impresionar al adversario, pero también puede cegar la parroquia. Llevada al extremo, la idea de que la fuerza estará siempre del lado bueno, es religiosa. Fascinante pero mágica. Sí lo que se pretende es más prosaico, o sea administrarla políticamente, mejor buscar respuestas en Sun Tzu, Gramsci o Maquiavelo que en George Lucas.
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