“Cuadernos de guerra (1914-1918” de Louis Barthas. Editado por Páginas de espuma

cuadernos de guerra

La editorial dice sobre el libro: “Barthas, tonelero, sindicalista y cabo de infantería del ejército francés, acudió a las trincheras en septiembre de 1914 y terminó siendo testigo de un conflicto que consolidó su convicción más antibelicista. Todas las vivencias quedaron recogidas en un diario que le acompañó durante cuatro años de horror. Un testimonio único e irrepetible que, por su contundencia, marcó una fecha en la historiografía de la Primera Guerra Mundial.

Los Cuadernos de guerra de Barthas son considerados, hoy en día, un clásico de la contienda europea y de cómo la guerra destruye “todo en el hombre, convertido bajo su uniforme en un ser anónimo”; unos hombres que “esperaban de día la noche, esperaban de noche el día, esperaban todo el tiempo la muerte”.

“Quién sabe, tal vez un día en este rincón de Artois se alzará un monumento que conmemore ese arrebato de fraternidad entre unos hombres que sentían horror por la guerra y a quienes obligaban a matarse contra su voluntad”, Louis Barthas”

Texto completo en http://paginasdeespuma.com/catalogo/cuadernos-de-guerra/

 

El profesor Núñez Florencio ha escrito en la página El Cultural: “Louis Barthas era un tonelero francés nacido en Homps, departamento de Aude, en la región de Languedoc-Rosellón. Tenía treinta y cinco años cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Fue movilizado, primero como parte del ejército de reserva y luego, cuando se produjeron las primeras bajas masivas, en la primera línea de combate. A comienzos de noviembre de 1914 ya estaba participando en la terrible guerra de trincheras y en otras encarnizadas operaciones bélicas. Pasó en esa situación tres años y medio, hasta abril de 1918, fecha en la que fue destinado a la retaguardia. Durante ese período tuvo ocasión de vivir, la mayor parte del tiempo como cabo, los combates más feroces de la Gran Guerra, como las batallas de Verdún y el Somme.

Hasta donde se ha dicho la experiencia de Barthas no fue muy distinta a la de cientos de miles de compatriotas, o incluso millones de europeos de su generación (y otras generaciones más jóvenes incluso), que vivieron, sufrieron y en muchísimos casos murieron en la más cruenta contienda que había conocido hasta entonces el Viejo Continente. Lo que tiene de especial el caso de Barthas es que durante todo el tiempo que estuvo en el frente consignó meticulosamente sus experiencias en unos cuadernos escolares que, luego, terminada la guerra, pasó a limpio con el mismo esmero. El resultado de todo ello son diecinueve cuadernos (nada menos que 1.732 páginas manuscritas) que dan cuenta de las vicisitudes del soldado de a pie durante esos terribles años.

Como suele ser habitual en estos casos de personajes sin gran relevancia pública o profesional, el testimonio de Barthas permaneció metido en un cajón, prácticamente inédito, hasta que en 1978 el editor François Maspero, al que algunos amigos de la familia habían hecho llegar el manuscrito, decidió que merecía la pena su publicación. Su éxito fue inmediato y su impacto, más que notable. No puede decirse propiamente que se trate de una obra insólita porque disponemos de otros testimonios semejantes desde la perspectiva de uno y otro bando, pero el libro de Barthas destaca por su amplitud, precisión y minuciosidad. No se le puede pedir desde luego la calidad literaria de -pongamos por caso- un Jünger, cuyo Diario de guerra reseñamos hace poco en estas páginas, pero el texto constituye un fresco impresionante de la penosa vida del combatiente, entre inmundicias, lodo, frío, hambre, sed, dolores y todo tipo de angustias y padecimientos, amén naturalmente de la muerte a mansalva que es la cotidianeidad del soldado…”

Texto completo en http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/34723/Cuadernos_de_guerra_(1914-1918)

 

El diario El País publico en 1998, coincidiendo con la aparición de los Cuadernos en francés el escrito siguiente: “Entre el 16 y el 28 de abril de 1917 murieron en el Chemin des Dames alrededor de 147.000 soldados franceses gracias al empeño del general Georges Nivelle en demostrar a la humanidad que París bien vale una masacre. La sangre vertida por los proletarios de Francia en defensa de los valores indiscutibles de la grandeur fue, acaso, el único y dudoso honor derivado de sus órdenes, dictadas con la aquiescencia de los próceres de la francia más reaccionaria, y bendecidas por una prensa que aún creía en la culpabilidad de Dreyfuss. Mientras tanto, millones de soldados arrancados de sus casas resistían no sólo a los alemanes, sino también a las polillas y los piojos, al hambre, a los oficiales paranoicos, a la lluvia, a la escarcha, al hedor de los cadáveres podridos y al tufo a muerte que precedía a sucesivas e inútiles descargas contra los nidos enemigos atestados de ametralladoras.La memoria de la historia es la memoria de los hombres. Y por encima de los historiadores comprados y de los políticos inflamados se erigen los antihéroes agazapados en las trincheras. Uno de ellos fue socialista, creyente y pacifista: hasta 1914 se ganó la vida como tonelero. Su nombre: Louis Barthas. Llevado contra su voluntad al frente, sirvió durante cuatro años como caporal en primera línea. Sus impresiones sobre la guerra, escritas en 19 cuadernos de mano, han sido compiladas y publicadas en Francia bajo el título de Les carnets de guerre de Louis Barthas, tonnelier. 1914-1918. Barthas nos ha dejado testimonio de las tentativas de fraternidad entre soldados enemigos que saltaban por encima de las trincheras para abrazarse espontáneamente…”

Texto completo en http://elpais.com/diario/1998/12/03/opinion/912639603_850215.html