“Cuando se asoma la paz suele recrudecerse la guerra”. Minicrónicas catalanas y El Periodico Andreu Claret

El 26-M sabremos si se confirma el cambio que asomó el pasado 28 de abril. De ser así, como apuntan los sondeos, en menos de un mes el futuro político del país habrá dado un  vuelco tan inédito como espectacular. El 28-A, el mapa viró del azul al rojo en casi todas las provincias. La ley electoral y la división de la derecha contribuyeron a dar la falsa idea de un maremoto, porque lo cierto es que izquierdas y derechas casi empataron en votos. La imagen de un cambio de era acabó de cuajar con la mayoría absoluta del PSOE en el Senado y la debacle del PP. Pedro Sánchez ganó, pero solo tiene garantizados 175 votos. Por lo tanto, lo que está en juego hoy es si las elecciones municipales, autonómicas y europeas confirman de dónde sopla el viento o si el vencedor de la primera vuelta muestra signos de flaqueza en el partido de vuelta.

El recuento de los votos será más largo y complejo que el de la noche de abril, como corresponde a una sociedad que encaja cada vez menos con los esquemas bipartidistas de antaño, pero aún así será posible activar los ‘pactómetros‘ y aventurar de qué lado caen los gobiernos de las autonomías que renuevan cámara y los de las principales ciudades. Si el 26-M confirma la tendencia del 28-A, España entrará en una nueva fase. Más política. Que puede marcar el futuro de España por años y tener profundas consecuencias en el conflicto político catalán.

Esto es así por el ‘mix’ de crisis, corrupción, descrédito y desafío territorial que fue cocinándose durante lustros en la vida política de este país. Una auténtica olla a presión difícil de abrir sin que se vaya todo al garete. Por cargar aún más el sentido del voto, está en juego el futuro de una Unión Europea desnortada, amenazada desde fuera y desde dentro, con Trump, Putin y Xi Jinping acechando desde otros continentes y otras culturas políticas y el caballo de Troya de la extrema derecha apostado en los arrabales de Bruselas.

Desafíos desmedidos

Los desafíos de este ‘superdomingo’ electoral son tan desmedidos que lo más probable es que muchos ciudadanos se sientan abrumados e impotentes, sobre todo en aquellos asuntos que se resuelven lejos de su municipio. De este sentimiento se aprovechan los populismos de todo signo, pregonando vueltas a un pasado nostálgico o huidas hacia repúblicas quiméricas. El voto dirá si la mayoría prefiere las reformas necesarias y posibles a las utopías que se nos presentan como disponibles en un bazar del todo a cien.

Junto a los grandes desafíos de sociedad que se ventilan también están en juego los equilibrios de poder dentro de los dos principales bloques. Los resultados arrojarán luz sobre la pugna inmisericorde que libran el Partido Popular y Ciudadanos para liderar la derecha. Aunque el fenómeno Vox quedó acotado por los resultados discretos  que obtuvo el 28-A, la extrema derecha puede volver a ser decisiva en algunas comunidades y ayuntamientos donde PP y Cs no sean suficientes para gobernar. Habrá que ver si se extiende la fórmula de Andalucía o si se abren otras mayorías destinadas a excluir a los extremistas. Los amigos de Bruselas presionarán en ese sentido si las coaliciones antieuropeas alcanzan resultados significativos, y Ciudadanos no lo tendrá fácil si quiere seguir siendo tratado en Europa como un partido razonable.

En la izquierda, Podemos tendrá que demostrar que el retroceso que sufrió el 28-A obedeció a la polarización y el voto útil al PSOE. La atomización territorial que han sufrido sus marcas no ayudará al recuento y, tal como han ido las cosas, tendrá que agarrarse a los resultados que obtengan Manuela Carmena y Ada Colau para saber si pueden descorchar el champán.

La situación en Catalunya

Catalunya ha dominado la campaña electoral y las imágenes de los presos parlamentarios en el Congreso y el Senado han puesto de manifiesto ante el mundo el embrollo jurídico y político al que tienen que hacer frente Pedro Sánchez y Meritxell Batet. De salir elegido eurodiputado, Puigdemont cantará victoria, y puede que esta condición le permita nuevas iniciativas en Europa, pero su hazaña apenas servirá para maquillar el fracaso del PDECat en las municipales, donde todo apunta a un ‘sorpasso’ de Esquerra Republicana en los pueblos pequeños y medianos y en las diputaciones. Puede que el combate insomne que libran estos dos partidos no sea el tema de la noche, porque habrá otras cosas en las que fijarse a lo largo de la geografía española, pero de confirmarse la debacle de la antigua Convergència, que ya empezó el 28-A,  el 26 de mayo pasará a la historia como la del ocaso definitivo del pujolismo.

https://www.elperiodico.com/es/opinion/20190524/articulo-opinion-andreu-claret-el-cambio-que-esta-en-juego-elecciones-26-m-7471278

 

Mini-crónicas catalanas /145
VIVIR PARA VER (Y NO CONFUNDIRSE). A más de un hiperventilado de aquí y de allá, de Génova y Waterloo, le habrá dado un patatús al ver Sánchez y Junqueras dándose la mano. Puede que la foto incluso haya estremecido algún antiguo inquilino de Ferraz. Yo iba a decir que me ha emocionado pero no es la palabra justa. Uno, a estas alturas de la vida, no se emociona por gestos políticos. Sobre todo cuando son esto, al menos por el momento, gestos. Sin embargo tengo que reconocer que hubiese querido congelar la pantalla del televisor para confirmar que el presidente del gobierno, aquel que no dudó en apoyar el articulo 155 cuando el independentismo se echó al monte, saludaba al líder del independentismo catalán que dormirá esta noche en una celda de Soto del Real. Vivir para ver. De todos modos, la experiencia de haber deambulado por el mundo como periodista es un plus para contemplar escenas semejantes sin asombrarse más de la cuenta. Si uno ha visto firmar las paces más imposibles, y cuajar las alianzas más impensables, ¿por qué no va a ser posible que Junqueras le dé la mano a Sánchez? Incluso que charle, como si nada, con Borrell, y con algunas de las ministras que más han hecho por levantar líneas rojas en torno a la Constitución. ¡Y Rull dándole dos besos a Arrimadas! ¿Eran ellos, verdad? De todos modos, la experiencia, al menos la mía, también sirve para recordar que cuanto se asoma la paz suele recrudecerse la guerra. Salvando las distancias y pasando a un lenguaje más político, quiero decir que los próximos meses serán de alto voltaje. Con sus 175 votos asegurados, Sánchez se sentirá fuerte. Con la jornada histórica que se ha marcado y con los resultados que sacará el domingo, Junqueras tendrá motivos para sacar pecho. Y cuando los dos contendientes se sienten vencedores, la paz no suele ser fácil. Esta es otra de las enseñanzas de la historia política Para que haya acuerdo, ambos tendrán que bajar del altar donde les ha colocado la sesión de hoy. Sánchez no puede pensar sólo en sus 175 votos porque estos no son los números que le acompañan en Catalunya. Junqueras debe aceptar que ha ganado una batalla moral pero que ha perdido una batalla política, aquella que conduce a la independencia por un atajo. No hay atajos. Aunque sí muchos caminos que llevan al diálogo.