Cumbre de París: “El mejor pacto posible”, de Rafael Poch de Feliu Fernández en La Vanguardia

mejor acuerdo posible

“Lo peor del “mejor acuerdo posible” alcanzado ayer en París es que ni siquiera es decepcionante. El consenso alcanzado entre 195 países, con 150 jefes de Estado desplazados y tantos periodistas, “sólo podía ser un éxito”, dice sin ironía Germán Palacios, de la Universidad de Amazonia-Leticia. Este acuerdo es lo que da de sí el sistema socioeconómico vigente en el mundo de hoy. El resultado de ese “éxito” –más emisiones que sobrepasarán los 2 grados Celsius de incremento de la temperatura a fin de siglo– nos lleva derechos a una catástrofe científicamente establecida.

He asistido a casi todas las históricas cumbres de desarme nuclear del fin de la guerra fría. La guinda de aquel proceso se puso el 24 de mayo del 2002 en el Kremlin de Moscú: un histórico “acuerdo estratégico” que dio plena libertad a las dos potencias para sus respectivos arsenales de destrucción masiva. Poco antes, el 13 diciembre del 2001, EE.UU. se había retirado unilateralmente del acuerdo ABM, piedra angular de aquella loca geometría. Fue el último clavo en el ataúd del desarme entre las dos grandes potencias, que hoy convierte en una farsa completa la no proliferación nuclear. El principal ingrediente de aquel desastre también fue el pragmatismo: “El mejor acuerdo posible”.

Este acuerdo climático es “histórico” precisamente por lo que tiene de ocasión perdida. El texto no está a la altura de lo que la ciencia ha establecido. Hay una total imprecisión a la hora de definir los objetivos de reducción de emisiones, abandonados desde Cancún (2010) a la voluntad de cada país. Eso significa que no hay una hoja de ruta para impedir el incremento de temperatura. Lo único “jurídicamente obligatorio” no es la reducción sino la periódica revisión de esa voluntad de cada país, que hoy por hoy nos aboca a incrementos de temperatura bien superiores a los dos grados. Esa contradicción no impide la audacia de formular el deseo de ir más allá (tope de 1,5ºC), pero para eso las emisiones deberían reducirse en más de un 80% hasta el 2030, algo a lo que los países del norte se niegan…”

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