“Diálogo o confrontación”. Javier Aristu. en campo abierto

Por  Javier ARISTU

¿Es la estrategia del diálogo una buena estrategia para resolver, al menos de forma mínima, el asunto catalán? ¿Debe, al contrario y dada la actitud de la Generalitat, reforzarse la de la confrontación contra el independentismo? Lamentablemente, las próximas elecciones generales del 28A pueden catalizar esta dicotomía en clave de campos políticos ideológicos: la izquierda apuesta por el diálogo mientras que la derecha persiste en el palo. Y de esa forma se sustraen otros temas de debate nacional indispensable: los cambios y reformas económicas y sociales necesarias, la función de España en una Europa en crisis y en cambio, las responsabilidades nacionales en un mundo global, asuntos como la despoblación, la natalidad, las adaptaciones en la formación y la fuerza de trabajo, etc. Aun siendo un asunto de primer orden y que, consecuentemente, necesita de la máxima inteligencia y energía política, el problema catalán no puede sustraer al resto de cuestiones nacionales o de Estado. Las fuerzas políticas que se presentan en las próximas elecciones dispuestas a gobernar el país no pueden convertir a Cataluña en la excusa para no hablar de los otros asuntos.

Ahora bien, Cataluña, el llamado problema catalán, no podemos olvidar que es la manifestación de un problema mayor: las dificultades de la sociedad española, de España, para construirse a sí misma un modelo de convivencia y de cohesión política y estructural suficientemente sostenible y duradero. Es evidente que la irrupción del independentismo catalán expresa la cobertura de un problema más profundo: los déficits de nuestro Estado español arrastrados desde hace al menos siglo y medio, las dificultades añadidas de adaptar el Estado autonómico de 1978 a un modelo de Europa con soberanía en asuntos decisivos (economía, defensa, finanzas, comercio, etc.) y, en tercer orden pero seguramente en primer lugar en importancia, la crisis de un modelo económico y social basado en armazones ya periclitados y sometido a impactos de cambio nucleares.

Por ello, pretender resolver ese extraordinario problema con el recurso al palo –­llámese 155 o supresión de la autonomía catalana– es errar absolutamente y aumentar la gravedad del problema. No es comprensible que sea la derecha política española –llámese Casado o llámese Rivera– quienes propugnen la política de la confrontación y la dureza contra el gobierno de la Generalitat cuando una gran mayoría de la sociedad española ve como más conveniente una política de diálogo y racionalidad en las relaciones entre ambos gobiernos. Así lo confirma un sondeo del Gabinet d’Estudis Socials i Opinió Pública (GESOP) para EL PERIÓDICO: un 52,6% de los ciudadanos españoles piensan que el Gobierno debería seguir hablando con los independentistas y un 86,7% de los encuestados catalanes se inclinan por esa estrategia. Es obvio que la vía del diálogo es la que domina en Cataluña –a pesar de la actitud irresponsable de su president Torra– y que en el resto de España la división social sobre el asunto es delicada aunque predomina la dialogante.

Preocupa, como andaluz, que sea Andalucía la que destaque como comunidad autónoma, junto con las dos Castilla, en su oposición al diálogo. En estas tres comunidades, según la encuesta citada, predomina una actitud de confrontación, de no hacer ningún tipo de concesión a Cataluña, a los catalanes. No es ninguna casualidad, como destaca el propio medio El Periódico, que sea en Andalucía donde hace solo cuatro meses haya ganado el tripartito de derecha y gobierne la Comunidad. Yo añado: y no es casualidad que sea el PSOE más arcaizante o conservador –el que hoy dirige García Page, y antes Bono–, el castellano-manchego, quien más agresivo ha sido contra Cataluña. Es decir, estamos ante un problema muy serio: si España quiere resolver con inteligencia y racionalidad el actual problema de las relaciones de Cataluña con España hará falta abrir una vía de diálogo, vía que será larga y compleja, sin duda; y ante esa vía nos encontramos con dos sociedades históricamente dirigidas por el Partido socialista que muestran un rechazo mayoritario a la misma. Esto supone un extraordinario problema no solo para el actual secretario general Pedro Sánchez. El problema más serio es que Andalucía, comunidad política decisiva para el funcionamiento del Estado, se puede convertir en la punta de lanza de la agresividad y la oposición contra Cataluña y cualquier modificación del actual estatus autonómico. Y cuando el río se desata…las aguas pueden desbordar terrenos más amplios hasta provocar auténticas inundaciones. De ahí la responsabilidad histórica que tiene el PSOE andaluz, esté en el gobierno o en la oposición, para encauzar este desbordamiento y no azuzarlo. Hará falta pedagogía y no megáfono. Veremos en el futuro.

Para eso, para dialogar y no para confrontar, un numeroso grupo de andaluces de diversas profesiones y actividades se reunirá durante los próximos días 5 y 6 de abril en Barcelona, en el Palau Macaya, para dialogar con otra buena cantidad de catalanes sobre nuestras propias sociedades y nuestro futuro común. Serán más de 120 personas de Cataluña y de Andalucía discutiendo y dialogando en el único idioma que nos une de verdad: la razón y el respeto. Aportamos de esta modesta manera nuestro granito de arena a la tarea de recomponer las costuras de un tejido roto por diversas circunstancias y concretos responsables. Es tiempo de futuro, no de echarnos en cara el pasado.

Diálogo o Confrontación