Diálogo…y elecciones. Javier Aristu. en campo abierto

APPEL À LA RÉSISTANCE PACIFIQUE LORS DU RÉFÉRENDUM EN CATALOGNE

Me parece obligado decir lo que pienso tras los hechos de ayer en Cataluña. Los pocos o muchos lectores de este blog, donde escribimos unos cuantos amigos y compañeros de viejas batallas, se merecen estas líneas. Al menos para comprobar que este país sigue siendo un país donde la gente piensa y se comunica sus inquietudes sin recurrir ni a la violencia de la porra ni al engaño.

Desolación. Tristeza. Amargura. Tres palabras que vengo leyendo desde ayer en artículos, tuits y otros comentarios. Los hechos ocurridos no inspiran optimismo; más bien diría que nos incitan a viejos fantasmas de nuestra terrible y trágica historia española. No nos detengamos mucho en este estado de ánimo y planteemos propuestas para salir adelante y superar una fase que, sin ninguna duda, es la más difícil desde el intento de golpe de estado de 1981. Se me ocurren algunas propuestas, todas dentro de lo que debe ser el camino de la acción política y del Estado de derecho, de nuestra Constitución en definitiva; fuera de esta solo veo procesos de insurgencia y de confrontación que, estoy convencido, nos pueden llevar a situaciones indeseables. No creo en “procesos constituyentes” en vacío, haciendo tabla rasa de lo existente, inventando desde nuestra cabeza unas nuevas realidades institucionales. O se parte de la compleja, enrevesada, contradictoria pero real constitución real de la sociedad española o se construyen artefactos teóricos que solo están condenados al fracaso.

Por eso me atrevo a plantear estas cuestiones.

Primero. Lo de ayer de Cataluña abre una fase nueva donde el Estado y los actores políticos deben reaccionar con propuestas novedosas. El gobierno de Rajoy no puede seguir sustentándose en el latiguillo de “hay que cumplir la Ley” y el govern catalán no puede seguir adelante repitiendo su machacona canción de independencia. Necesitan ambos reencontrarse sobre otro escenario de negociación que hasta ahora ha sido inexistente.

Segundo. El protagonismo lo debe tener a partir de ahora los Parlamentos. De ahí que haya que suscribir la necesidad de poner en marcha y consolidar la comisión del Congreso acordada por PSOE y PP, ampliable a todo el arco parlamentario, a fin de discutir el posible proceso de reforma de la Constitución, proceso que entiendo solo tendrá virtualidad a partir de unas nuevas cámaras, estatal y autonómica catalana, y de nuevos gobiernos representativos de la complejidad social y política de España y Cataluña.

Tercero. El PP no tiene ya credibilidad ni garantía para gobernar esta situación. Rajoy está carente de cualquier capacidad de gestionar lo que viene. El PSOE ha pasado por un grave proceso de reestructuración interna y su líder actual no es ni siquiera parlamentario. Los hechos de estos últimos meses creo que están modificando sensiblemente el mapa electoral español. Es necesario por tanto plantearse a muy corto plazo unas nuevas elecciones que resuelvan este impasse. Creo que es el cuerpo electoral, el soberano, en el ámbito estatal y en el autonómico, el único que podrá resolver –y posiblemente solo de forma transitoria– esta crisis institucional inmensa.

Cuarto. Lo cual no quita la necesidad de que las fuerzas políticas españolas avancen desde hoy mismo en un terreno de diálogo, de negociación y de reconocimiento de la otra parte, tanto de las otras fuerzas políticas en España como respecto de la propia realidad catalana. Estamos instalados en un proceso de cambios sociales e institucionales que seguramente durarán bastante tiempo y que necesitarán paciencia y mano izquierda.

Quinto y definitivo. Todo esto que propongo se puede venir abajo si se confirma en los próximos días la declaración unilateral de independencia (DIU) por parte del govern de Puigdemont. Si eso ocurre asistiremos a un endurecimiento de las relaciones y a convulsiones institucionales y en la calle cuyas consecuencias nadie puede prever en este momento. Mucho más graves que las del domingo 1-O.