“Divino silogismo: si no quieres dividir, acepta lo que digo”. Pilar Aguilar. Huffpost

Nuria Alabao y Marisa Pérez Colina publicaron en CTXT un artículo titulado ¿Quién quiere romper el movimiento feminista?

Las autoras lo adornan, pero su mensaje es este: las abolicionistas quieren romper el movimiento feminista.

¿Por qué? porque nos empeñamos (hablo en primera persona del plural porque soy una de ellas) en considerar que, al ser la prostitución un privilegio masculino incompatible con la igualdad, debe formar parte ineludible de la agenda feminista.

Pero, según dicen, si defendemos esa postura, dividimos el movimiento feminista. Si ellas defienden la contraria, no lo dividen…

A ver si lo entendemos: un grupo de personas sale al campo. En un momento dado, unas proponen marchar hacia la izquierda, otras hacia la derecha ¿en base a qué se estipula que quienes toman una dirección rompen el grupo y quienes toman otra no? ¿Cómo se justifica que unas sean las que siguen el “recto camino” y otras quienes rompen la unidad?

Claro que, respecto a la prostitución, no partimos de una “neutralidad”. Partimos de un mundo donde existe la prostitución. Un mundo donde vemos constantemente y por todas partes prostitutas, clubes de alterne, anuncios… No cuestionar esa realidad, equivale a aceptarla.

Si nos dicen que no hablemos de ello, nos están diciendo, pues, que demos por bueno el status quo a fin de no romper el feminismo. Lo cual resulta algo incongruente pues ellas mismas aseguran que el feminismo ya está dividido…

Pongamos un símil: en un país existe la pena de muerte. Se pide a quienes quieren abolirla que callen en pro de la confluencia con otros grupos. ¿Por qué no son los partidarios de la pena de muerte quienes, en pro de la unidad, optan por callarse? ¿Por qué los contrarios a la pena de muerte “dividen” defendiendo sus tesis y los partidarios no dividen imponiendo las suyas?

¿Cómo pretenden que no veamos el truco? Es de primero de primaria…

El no-debate no es “neutral”. Es la aceptación de que el asunto está bien como está. O, como poco, que no tiene relevancia suficiente como para figurar entre las reivindicaciones esenciales de la agenda feminista.

Y admitiendo que hay actualmente desacuerdo, ¿cómo lo solucionaremos? ¿Callando? Si algo nos ha enseñado la historia es que el movimiento feminista siempre ha avanzado mediante el debate. No hay ni ha habido nunca ningún otro camino.

Recordemos que Clara Campoamor se opuso al status quo cuando planteó la necesidad de incluir el derecho al voto de las mujeres. Campoamor rompió la unidad, no del movimiento feminista que tal y como lo entendemos hoy no existía, pero sí la de los grupos de mujeres progresistas y feministas, grupos a los que tanto Campoamor como Kent, su antagonista en el debate, pertenecían. Se llegó incluso a acusar a Campoamor de propiciar el triunfo de la derecha.

Entonces ¿se supone que Clara tenía que haber callado para evitar todos esos males (especulativos, por otra parte) incluido el de romper la unidad de la izquierda y de las fuerzas progresistas? Clara no calló porque, tal y como señala Amalia Valcárcel: “Su defensa del voto de las mujeres estaba basada en principios y no en consecuencias”.

Pero Alabao y Pérez Colina llegan más lejos y justifican que el feminismo no trate el tema de la prostitución alegando que la mayoría de ciudadanos no apoya las medidas abolicionistas. Me dejan estupefacta. ¿No es el feminismo un movimiento de vanguardia? ¿Debe limitarse a sancionar las posiciones que ya son mayoritarias? Así, por ejemplo, en su día, el feminismo reivindicó el divorcio, pero ¿tendría sentido reivindicarlo en la España actual donde hasta los que fueron sus feroces opositores se han divorciado incluso un par de veces? (Rato o Álvarez-Cascos, por ejemplo). Menudo argumento… Según eso, no deberíamos haber debatido nunca ni del aborto, ni de la violencia machista, ni del débito conyugal, ni del matrimonio igualitario… ¿qué digo? Ni del rezo obligatorio del santo rosario…

¿Alguien piensa que Campoamor defendió el voto femenino creyendo que era reivindicación mayoritaria en la España de entonces?

Es más, quizá hoy, la mayoría de la población opine que las mujeres ya conseguimos la igualdad y que seguir con el feminismo es una locura. Si aplicamos la teoría seguidista de Alabao y Pérez Colina, ¿qué debemos hacer? ¿disolvernos?

Por último, hemos de recordar lo evidente: la unidad se crea en base a objetivos concretos.

Así, si se trata de montar una verbena, no conviene que los miembros de la comisión de festejos busquen la unidad en torno al voto en las elecciones a Cortes sino en torno al grupo musical que desean contratar.

Pero, si hablamos de hacer avanzar la lucha de las mujeres por la igualdad, tendremos que discutir si las mujeres han de ocuparse de las tareas del hogar y del cuidado. Tendremos que plantearnos, por qué las mujeres son más pobres, ganan menos, sufren más paro y tienen trabajos más precarizados y si es una casualidad que con iguales diplomas no alcancen los mismos puestos… Y tendremos que plantearnos si el cuerpo de las mujeres ha de ser objeto de transacción comercial. Tendremos que atacar ese privilegio masculino del uso de los cuerpos de las mujeres a cambio de unas monedas. Es decir, tendremos que cuestionar si las relaciones sexuales han de ser objeto de mercado o, por el contrario, intercambio libre entre seres deseantes.

Pero según las autoras, este tema no es hoy en día esencial para la lucha feminista. Y, según ellas, es el único que divide. En los demás, parece que todas las feministas del mundo mundial están de acuerdo.

Todas, salvo las malvadas de PSOE que no quieren que “se hable de trabajo, de vivienda, de pobreza, de derechos de las migrantes”. Y, ya puestas, Alavao y Pérez Codina las acusan de ser mamporreras dedicadas a reventar asambleas y las asimilan a la ultraderecha. Nuria y Marisa buscan así la unidad: ¡Insultando y descalificando sin recato a las feministas de PSOE! Yo no soy de ese partido (si lo fuera, lo diría sin ambages) pero acusaciones de tal calibre me producen vergüenza.

En resumen -y volviendo al tema central- cuando dicen que no planteemos la lucha abolicionista para no “romper” el movimiento feminista nos están diciendo:

  1. Que aceptemos el status quo.
  2. Que el asunto de la prostitución es de menor cuantía, es decir, que no afecta a las raíces profundas del patriarcado, que éste no se basa en el convencimiento de que las mujeres estamos en este mundo para contentar, cuidar, aliviar y complacer a los hombres…
  3. Que la ley del mercado es dañina, salvo si lo que se mercadea es el cuerpo de las mujeres…

Pues me temo que no, que sin abordar esos temas, no será posible avanzar porque para hacerlo hay que saber hacia dónde se camina.

https://www.huffingtonpost.es/pilar-aguilar/divino-silogismo-si-no-quieres-dividir-acepta-lo-que-digo_a_23667803/