“Dos mujeres”. Javier Aristu. en campo abierto

Por Javier ARISTU

Se han desatado las hostilidades dentro del PP. La guerra ha comenzado pero es, sin duda, un conflicto que necesitaba el partido de la derecha española y que venía posponiéndolo desde hace muchos años. El modelo de partido, y posiblemente de estrategia política, que diseñaron Fraga y, sobre todo, Aznar ha saltado por los aires. El PP de los últimos treinta años está enterrándose y no sabemos qué va a salir de este proceso de elecciones internas pero sin duda lo que salga ya no tendrá nada que ver con el  partido al que hemos estado acostumbrados. El PP ha tenido tres etapas claramente diferenciadas; a pesar de que su base social y electoral ha podido cambiar poco en estos cuarenta años —sí es verdad que esa base se ha rejuvenecido— el estilo o modo de funcionamiento del partido no ha sido exactamente igual: los dirigentes de cada época han moldeado un “estilo de partido” a su propia forma de ser, la del líder.

Fraga hizo de AP y luego PP un partido de corte autoritario y neofranquista. Aznar diseñó un partido personalista, de profunda ideología autoritaria y castiza (con bastante de pragmatismo, todo sea dicho) en lo político pero neoliberal en lo económico. Y Rajoy, heredando el partido aznariano, lo convirtió en un elefante de difíciles movimientos, gregario y sin capacidad de discurso estratégico nacional más allá de las consabidas frases grandilocuentes. La salida a la superficie de todo el entramado de corrupción entre poder y economía llevó al PP al mínimo de respetabilidad y de base electoral: de los casi 11 millones de votos que obtuvo en 2011 pasó a casi 8 millones en 2016. Por el camino se le fueron 3 millones de votantes que se pasaron, seguramente, a Ciudadanos. Sin embargo, todavía hace dos años, el PP superaba al PSOE, su segundo competidor, en más de 2,5 millones de votos. Una primera conclusión: al día de hoy, el PP es una organización minada por dentro, desarticulada en sus aparatos burocráticos y políticos…pero sustentada en una base social importante. Una segunda conclusión: Rajoy no fue capaz de reestructurar y actualizar el PP como nuevo dispositivo político…pero no ha sido un líder al que sus tropas y sus seguidores hayan abandonado. Ha sido él quien ha abandonado voluntariamente el campo de batalla. Para que otros se lo disputen ahora.

Por eso la guerra entre Santamaría y Cospedal —que son al parecer las candidatas más valoradas— supone una fase nueva, la cuarta en la vida del PP. Estas dos mujeres se están disputando no solo la capacidad de gobernar una estructura política llamada Partido Popular sino, sobre todo, la posibilidad de erigirse en líderes de un componente social de indudable valor como es el cuerpo electoral del centro derecha español, una base entre 7 y 11 millones de españoles. Que sean dos mujeres, que sean ambas de la generación nacida entre finales de los años 60 y primeros de los 70 y que ambas tengan ya experiencia política importante hace que la disputa tenga verdaderamente interés. La derecha española se está jugando con esta operación su capacidad de disputar el poder en los próximos diez años y, además, va a decidir quién va a mandar en esa derecha, si un PP renovado y rejuvenecido o un Ciudadanos de Rivera que ha abandonado su antiguo e importado “centrismo”.

Posiblemente, para ese proyecto de reconstruir la derecha española haciendo tabla rasa —si es que eso se pueda hacer— del pasado terrible de corrupción y deterioro de la vida política sea Soraya Sáenz de Santamaría persona mejor preparada y dispuesta. Mª Dolores de Cospedal tendrá difícil despojarse de su papel de secretaria general cuando estalló el escándalo Bárcenas. Además, y visto desde un observador externo, Soraya da pistas de lo que sería la reconstrucción de un proyecto de derecha “modernizada”, reconstruida, menos castiza y más adaptada a los nuevos problemas europeos y españoles. Cospedal es la quintaesencia de un proyecto de derecha dedicada a la explotación del Estado en beneficio propio. Insisto, son observaciones de un visitante virtual.

Queda el remate: ¿qué piensa nuestra clase económica dirigente? ¿Qué cavilan nuestros capitanes de empresa a quienes les ha ido requetebién con los gobiernos del PP? ¿Por quién de las dos mujeres apostarán? Aquí se está decidiendo no solo el proyecto de una derecha política española sino la articulación de la misma respecto de los poderes económicos. El PP, durante la época de Aznar, fue la palanca para que una serie de parvenus (el mismo Aznar, Rato, Zaplana, Matas, Trillo, y tantos más) medraran y se forraran a partir de la manipulación de los instrumentos del Estado. Ahora se trata de replantear bajo nuevas coordenadas las viejas y conocidas leyes del poder económico y la política. Como casi siempre, no nos llegará a nuestros oídos lo que piensan y deciden nuestros capitanes empresariales pero seguro que algo estarán meditando acerca de Soraya y de María Dolores.

Dos mujeres