Drones y soldados norteamericanos en Malí, Niger y otros países africanos.

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1) El pasado día 26 de febrero el diario Le Monde publicaba un artículo con el título Los Estados Unidos siembran África de minibases adaptadas a la lucha contra el terrorismo.  La Casa Blanca acaba de anunciar el despliegue de cien militares en Niger para apoyar la intervención francesa en Malí. Está firmado por Nathalie Guibert y dice lo siguiente:

Haciendo oficial la creación de una base americana de drones de vigilancia en Níger, la Casa Blanca ha confirmado que se abre un nuevo frente a largo plazo contra Al-Qaida en el Sahel. El despliegue de cien militares de las US Air Force en Níger permitirá “prestar apoyo en términos de recogida y puesta en común de información con las fuerzas francesas que llevan a cabo operaciones en Malí” ha justificado el presidente Barack Obama en su carta al Congreso del viernes 22 de febrero.

Desde el comienzo de la operación Serval, estamos cooperando a plena satisfacción con los norteamericanos: tenemos los mismos objetivos y los mismos propósitos” se dice en París. “Asumiremos todo lo que pueda conducir a una mayor seguridad en el Sahel” ha comentado el presidente nigerino, Mahamadu Issufu, a principios de febrero, tras haber firmado un acuerdo estratégico con Washington.

En torno a 300 hombres podrían desplegarse finalmente en Níger, han indicado a la prensa norteamericana de fuentes militares. El proyecto sería instalar la base en Agadez, de donde despegan ya pequeños aviones espía U28 de las fuerzas especiales, pero las condiciones logísticas no lo permiten por ahora. Armar a los drones es algo que está oficialmente descartado.

Los Estados Unidos son uno de los primeros donantes de ayuda bilateral a Malí, país que desde 2002 participa en el plan norteamericano de contra-terrorismo en el Sahara, recuerda Maya Kandel, del Institut d´études strategiques de l´Ecole militaire de París. “Una reunión “secreta” tuvo lugar en la Casa Blanca en el otoño de 2012 para proyectar golpes contra AQMI en el norte de Malí, en el mismo momento en el que Susan Rice calificaba de “crap” [estupideces”] a las propuestas francesas respecto a Malí en Naciones Unidas”, señala esta misma investigadora en una nota reciente.

Cambio de época

Los Estados Unidos mantienen, según los expertos, en torno a 5000 hombres en África, principalmente en Yibuti, convertida en una importante base de drones. Se han instalado puntos de apoyo en otros lugares, entre los que destaca Uadagugu, compartido por las fuerzas especiales norteamericanas y francesas. El programa de participación antiterrorista de Washington abarca una decena de países del Magreb y del Sahara. “El continente africano está sembrado de minibases, en particular la zona que va desde el Golfo de Guinea al Cuerno de África”, explica Maya Kandel. Bautizadas como lily-pads (“nenúfares”) son, según esta analista “emblemáticas del cambio de época, de adversario y de conflicto que vivimos actualmente, se concretan frecuentemente en un hangar, un puñado de soldados y una flota de aviones de turismo mejorados electrónicamente”.

Frente a los yihadistas, la operación en Malí moviliza ya todos los medios posibles en el ámbito de la información, tanto en tierra como en el aire. Los recursos norteamericanos (drones Globla Hawk, aviones ISTAR, drones Predator) van a completar la panoplia de los franceses con un objetivo preciso: abreviar el “bucle de la información”, que permita reaccionar en cuanto sea detectado un movimiento de los terroristas, dispersos en torno a las ciudades del norte del país y dispuestos a llevar a cabo raids o atentados. Desorganizados por los ataques aéreos, se verán también forzados a limitar sus comunicaciones”.

2) Respecto a la utilización de drones por las fuerzas norteamericanas, también el diario Le Monde publicó el pasado día 6 un artículo de Charles-Philippe David, profesor de Ciencia Política, titular de la cátedra Roaul Dandourand de Estudios Estratégicos y Diplomáticos en la universidad de Quebec, en Montreal, con el título En el Sahel, como en cualquier otra parte, ¿ es legal y ético el uso de drones armados? Su texto completo es el siguiente:

El anuncio realizado el 22 de febrero por los Estados Unidos del despliegue de 100 soldados en Niger para instalar y hacer operativa una base de drones de vigilancia y de drones armados, utilizados para la detección y destrucción de bases terroristas en Malí, amplia un poco más el radio de acción de estas aeronaves y el debate en torno a ellas. Washington ha ofrecido a las autoridades argelinas trasladarles la información proporcionada por los drones, que un día no muy lejano podrían ser desplegados también en el desierto argelino, así mismo para operaciones “contra-terroristas”.

Los drones se han convertido en el arma preferida por el Pentágono, especialmente bajo la presidencia de Barack Obama que los ha utilizado más de 400 veces en cuatro años, con un porcentaje de “éxito” – medido por el número de muertos conseguidos– que se estima entre el 80 y el 95%. Pequeñas aeronaves sin piloto, teledirigidas desde bases alejadas de las zonas de intervención, los drones, son capaces de volar durante horas; pueden utilizarse con mucha frecuencia durante una decena de años – y se les emplea de manera creciente. Si han ahorrado vidas de pilotos, han “alcanzado” a casi 3000 “presuntos terroristas” y victimas civiles “colaterales”, asesinados en diez años.

De 335 ataques llevados a cabo en Pakistán desde 2004, 280 lo han sido desde 2009. Se emplean también en Yemen desde hace dos años con creciente importancia. – un centenar en el territorio de este país a los que habría que añadir probablemente otros 25 en Somalía. De una media, bajo George Bush, de un ataque con estas aeronaves cada cuarenta días, se ha pasado con Barack Obama a uno cada cuatro. Mientras que la aviación norteamericana tenía unos cincuenta drones en 2001, cuenta con más de 8000 una década más tarde y dentro de otros diez años podría alcanzar los 20.000. La aviación forma ahora más operadores de drones que pilotos para sus aviones de caza: los primeros acumulan muchas más horas de vuelo que los segundos. Esto habla claramente de la revolución que supone la llegada de los drones y de la escalada de la guerra clandestina que se mantiene sin fanfarrias, ni debates públicos. Sin embargo, su utilización está lejos de haber logrado el consenso y plantea numerosos problemas.

John Brennan, el director designado pero (todavía) no confirmado de la CIA, ha sido en los últimos cuatro años el arquitecto de las decisiones sobre el recurso creciente a los drones en la administración Obama – en tanto que responsable de la lucha antiterrorista. Ha defendido siempre la idea, la última vez en su reciente comparecencia ante el Senado norteamericano, de que las decisiones sobre ataques con drones son “ordenadas, reflexivas y prudentes” y llevadas a cabo con el mayor respeto a las leyes, añadiendo que son “éticas y morales”. Algo muy discutible. Para empezar porque lo que se llama en Estados Unidos una “opinión legal” – un informe favorable formulado por los abogados del Ministerio norteamericano de Justicia, de más de 50 páginas, destinado a justificar la firma presidencial para validar cada uno de los ataques con drones – no ha sido hecho público y sólo se ha entregado a los miembros del Comité de Información del Senado.

Esta opinión, autoriza al presidente Obama para decidir el asesinato de individuos elegidos como blanco a millares de kilómetros de distancia – entre ellos, al menos en un caso, un ciudadano norteamericano -, la famosa killist que el jefe de la Casa Blanca debe firmar cada semana a recomendaciones de Brennan.

Sin embargo, el asesinato automatizado, activado a una altura de 30.000 pies, difiere de una operación militar clásica. ¿Si se produce un error en la orientación, o destrucciones injustificadas, quien es el responsable? ¿Quien será culpable de haber cometido un crimen de guerra? En consecuencia, en el plano ético y legal, el recurso a los drones, escapa por completo a la imputabilidad y, sobre todo, a las convenciones sobre la conducción de las guerras.

Por una parte, la toma de decisión está cada vez más mecanizada, dada la creciente automatización de los sistemas de localización y de destrucción: es el caso de las “intervenciones tipo” que toman como blanco a una categoría de individuos, en oposición a las “operaciones personalizadas” contra uno, o unos, individuos precisos. Por otra, el derecho internacional no dice nada sobre la utilización de drones – una situación compleja dada la fácil transgresión de las fronteras, sin detección y sin preavisos, de estas aeronaves.

Entre las preguntas que no tienen respuesta y para las que el recurso a los drones en el teatro maliense no hará sino acentuar el debate: ¿cuales son los procedimientos y cuales los criterios legales que autorizan los ataques de los drones armados? ¿Cuantos individuos han muerto, con qué justificaciones han sido seleccionados y qué medidas se han tomado para ahorrar vidas de civiles? ¿Quienes, en la CIA y en el Pentágono, desencadenan los ataques, y con qué reglas y criterios actuan? ¿Son los mismos (aparentemente no)? ¿Por qué aumentan los asesinatos cuando la captura y las detenciones parecen disminuir, al contrario de la estrategia de la antigua administración Bush? ¿Se evita así reabrir el debate sobre el enjuiciamiento de esas capturas y detenciones? El motivo principal del recurso a los drones armados es hacer frente a una amenaza denominada “inminente”, que justificaría el derecho a la “autodefensa”. ¿Está esto documentado y probado en todos los casos? ¿Quien es el responsable de juzgar los errores y de sancionar a los culpables? ¿Como se hace para distinguir, fuera de toda duda, a los famosos “combatientes civiles” de los civiles a secas? ¿Cuales son los principios de precaución que se aplican?

En el mismo sentido de las de Pakistán, Afganistán y Yemen, todas estas preguntas, todavía sin respuesta, se plantearán con más intensidad aún en las operaciones futuras en Malí”.

Las traducciones son nuestras. TC