“El camino de los migrantes a través de un México arrasado. Una conversación con el escritor Emiliano Monge”, en fronterad

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El camino

Son pocas las pertenencias que caben en las pequeñas mochilas con las que cargan los migrantes que atraviesan México rumbo a la frontera estadounidense. Dos o tres mudas, quizá algún amuleto al que encomendarse, no mucho más.

—Las mujeres migrantes suelen también llevar con ellas la pastilla del día después, por si son violadas –dice el escritor mexicano Emiliano Monge.

Robos, palizas, violaciones y secuestros afectan a un buen número de los migrantes que atraviesan la geografía mexicana rumbo al sueño de una vida mejor. El viaje puede durar semanas.

—La violencia contra los migrantes –centroamericanos, sobre todo, pero también mexicanos– siempre ha existido. Incluida la violencia de agentes de los cuerpos de seguridad –dice Monge–. Hace algunos años, sin embargo, algunos grupos criminales, como los Zetas, comenzaron a explotarla como si se tratara de uno más de sus negocios. Secuestran a migrantes para conseguir dinero de las familias que están en Estados Unidos. Si no consiguen dinero, los desaparecen. Difícil saber cuántos migrantes han desaparecido. El país está lleno de fosas comunes que sólo van apareciendo de tanto en tanto, recordándonos una realidad de la que casi nadie quiere hablar. A otros migrantes los retienen para usarlos como mano de obra o como sicarios, convertidos en carne de cañón. Algunas mujeres terminan en prostíbulos –dice Monge.

 

Víctimas y victimarios

Emiliano Monge ha venido a Madrid a presentar su última novela, Las tierras arrasadas (Random House, 2016). En ella cuenta la historia de uno de estos secuestros de migrantes en el sur de México. Los protagonistas de la obra, sin embargo, no son los migrantes secuestrados, sino los secuestradores.

—Quería reflejar la ausencia de voz que tienen los migrantes. Cuando el migrante centroamericano se embarca en su viaje, pierde la voz. Pierde también su nombre, su identidad, sus derechos. No tienen voz como individuos, sólo como masa. En la novela las voces de los migrantes están reflejadas en los coros, que son testimonios textuales.

Monge revisó informes de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que recogían testimonios de migrantes. Leyó también las crónicas publicados en el diario salvadoreño ‘El Faro’, como las escritas por uno de sus reporteros Óscar Martínez, más tarde recogidas en “uno de los mejores libros que he leído sobre los migrantes centroamericanos”, Los migrantes que no importan (Icaria, 2010). Incluyó algunos de esos testimonios a lo largo de la novela, como él dice, a modo de coro. Relámpagos de realidad en su obra de ficción.

—Otra de las razones por las que decidí narrar la historia desde el punto de vista de los secuestradores es porque me parece que los traficantes de seres humanos –no los grandes traficantes, sino los pequeños operadores– son también víctimas de una tragedia, de una guerra económica, de un sistema. Es decir, no es una historia de buenos  y malos, sino de gente jodida por su condición en ambos lados.

Afirma Monge que el sistema neoliberal, especialmente en América Latina, no deja muchas más opciones que ser víctima o victimario.  El crimen organizado supone una de las escasas vías que tienen a su disposición los jóvenes excluidos para subirse al ascensor social.

—No recuerdo ahora las cifras con exactitud, pero creo recordar que en ciertas zonas del norte de México, el crimen organizado emplea hasta el 60% de los jóvenes. No hay mucha más opción.

 

Invisibles

En este México inclemente con sus propios habitantes, los migrantes extranjeros –en su mayoría centroamericanos– no encuentran compasión.

—Somos un país en el que no hemos sido buenos para reclamar derechos de los migrantes mexicanos que se fueron, y se siguen yendo, a los Estados Unidos. Tampoco fuimos buenos reclamando derechos para evitar que se tuvieran que ir. La sociedad mexicana no ha querido ver, y sigue sin ver, al migrante centroamericano. En este sentido, es tan culpable como el gobierno de la situación de esos migrantes cuando atraviesan nuestro país.

Desde hace unos meses, las autoridades mexicanas han comenzado a actuar además como una especie de gendarmes subcontratados por los Estados Unidos. Algunos analistas, como Sergio González Rodríguez (colaborador de FronteraD) hablan desde hace tiempo de un “desplazamiento” intencionado, por razones geopolíticas, de la frontera sur de Estados Unidos hacia la frontera sur de México. Entre 2014 y 2015 México superó por primera vez a Estados Unidos como país que más migrantes deporta de su territorio. La mayoría de los deportados proceden de los países centroamericanos. Las razones de los centroamericanos para migrar son, sobre todo económicas, aunque en los últimos años ha aumentado el número de migrantes que salen de sus países por la situación de violencia. Sobre las base de la legislación internacional serían, por tanto, refugiados. Aunque nadie –ni en México D. F. ni en Washington– parece dispuesto a pronunciar la palabra refugiados. Se verían obligados a reconocerles unos derechos y a proporcionarles una protección que en estos momentos no reciben.

El jefe del grupo de secuestradores de Las tierras arrasadas es un cura y los criminales se mueven por el territorio ante la pasividad o la colaboración directa de las fuerzas de seguridad con las que se encuentran.

—En México, la Iglesia está absolutamente corrompida. Tan corrompida como el Gobierno y los cuerpos policiales y militares. Esto no suele mencionarse, existiendo una especie de respeto por la Iglesia. Por otra parte, la fe es de las pocas cosas que los migrantes conservan durante el viaje. Quería contraponer esa fe al papel de la institución. Es decir, algunos curas bautizan a los hijos de los narcos y de los traficantes de personas. Saben cómo funciona ese mundo. La Iglesia en México recibe grandes cantidades de dinero del crimen organizado.

El relato

Monge no cree en un lenguaje novelístico simple. La prosa de Las tierras arrasadas es densa, infiltrada aquí y allá con versos de la Divina Comedia de Dante.

—Mi idea original es que cada uno de las tres partes que componen la novela tuvieran una correspondencia con los tres libros de la Divina Comedia: ‘Paraíso’, ‘Purgatorio’ e ‘Infierno’. Pero al final comprendí que no era posible por la misma naturaleza de la historia. Al final todas las citas proceden del ‘Infierno’ dantesco. En mi mente estaba también el trayecto que realizan los muertos hacia el inframundo presente en la antigua mitología mesoamericana…”

Texto completo en http://www.fronterad.com/?q=camino-migrantes-a-traves-mexico-arrasado-conversacion-con-escritor-emiliano-monge