“El caso de Juan Díaz de Garayo, el Sacamantecas” de Eduardo Angulo, en Cuaderno de Cultura Científica

Sacamantecas (1)

“Era famoso, una leyenda urbana diríamos ahora, y, además, el terror de los niños. Nació el 16 de octubre de 1821 en Eguilaz, pedanía del municipio de San Millán, en el nordeste de la provincia de Alava, y detenido en 1880 y condenado a muerte, fue ejecutado con garrote vil en 1881 en la prisión del Polvorín Viejo de Vitoria. El verdugo, Gregorio Mayoral, de Burgos, era famoso en aquellos tiempos, aunque hay quien asegura que fue Lorenzo Huertas, también muy estimado en su oficio, quien lo ejecutó. Entre 1870 y 1879, mató y violó a seis mujeres que se sepa, cuatro de ellas prostitutas, con edades que iban de los 11 a los 55 años. Casado cuatro veces, enviudó de tres mujeres, aunque parece que no intervino en la muerte de ninguna de ellas. A varias de sus víctimas les infringió crueles mutilaciones, al estilo de Jack El Destripador, y de ahí le viene el apodo de El Sacamantecas, con el que ha pasado a las leyendas y cuentos populares que se utilizaban, sobre todo, para asustar a los niños, como decía antes.

Fue en la Llanada alavesa, en unos campos que conocía bien, donde el 2 de abril de 1870 asesina a la primera mujer, una prostituta conocida como La Valdegoviesa; murió la mujer junto al arroyo conocido como Errekatxiki. Había trabajado como criado para tareas agrícolas en muchos pueblos de la comarca y sabía donde encontrar comida y cobijo. Un año después mata a su segunda víctima, de nuevo una prostituta y, en agosto de 1872, los asesinatos tercero y cuarto se suceden con rapidez. La tercera víctima es una adolescente y la cuarta otra prostituta. En 1873 y 1874 ataca a una prostituta y a una vieja mendiga que logran escapar con vida. Pasan cuatro años hasta la siguiente víctima y es en 1878 y 1879 cuando se reinician los asesinatos, primero con dos ataques sin muerte, y en septiembre con la muerte de una joven campesina, a la que destripa para alimentar la leyenda de El Sacamantecas, y sólo dos días después, llega la sexta víctima, estrangulada, violada y mutilada con crueldad.

Parece que sus bodas, tener una mujer a su disposición, le calmaba; quedaba tranquilo y saciado su excitable temperamento que, de no ser así, le arrastraba a las prostitutas y, con los años, al crimen. Quizá el periodo más feliz y sosegado de su vida fueron los 13 años que estuvo casado con su primera mujer, una viuda rica y de más edad, a la que llamaban la Zurrumbona por haber estado casada con El Zurrumbón, apodo que heredó Garayo al casar con la viuda. Cuando ella murió, comenzó su carrera criminal.

Estamos en la época de Cesare Lombroso y El Hombre Delincuente. Al criminal, se decía, se le reconocía con rapidez y facilidad por su aspecto físico: frente breve y huidiza, cerebro pequeño, ojos juntos, nuca plana, todo ello prueba irrefutable de su degeneración. Todo esto le viene de nacimiento y, por tanto, hay que estudiar los antecedentes familiares de los criminales para encontrar signos que delaten sus futuras tendencias criminales. Además, la conducta criminal empeora con la vida disoluta y el abuso del alcohol. Era la época de la frenología…”

Texto completo en http://culturacientifica.com/2015/07/13/el-caso-de-juan-diaz-de-garayo-a-el-sacamantecas/