“El debate de la Renta Básica: aspectos políticos, filosóficos y económicos” de Daniel Raventós y Julie Wark, en sinpermiso

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““El poder no hace ninguna concesión a menos que se le exija. Nunca ha hecho ninguna y nunca la hará”

(Frederick Douglass, 1818-1895, esclavo afroamericano, abolicionista, escritor)

 

 

El apoyo a una renta básica universal (una asignación monetaria incondicional a toda la población) está creciendo. En Europa, por ejemplo, la ciudad de Utrecht está a punto de introducir un experimento que tiene como objetivo “desafiar la noción de que las personas que reciben dinero público deben ser controladas y penalizadas”, en palabras de una directora de proyecto del Ayuntamiento de Utrecht. Nijmegen, Wageningen, Tilburg y Groningen están esperando el permiso de La Haya para llevar a cabo programas similares. En Suiza se han obtenido las 100.000 firmas necesarias para la celebración de un referéndum sobre si los ciudadanos suizos deben recibir una renta básica incondicional, independientemente de si tiene un empleo o no. El 16 de junio, el gobierno de centro-derecha de Finlandia, donde el 79% de la población está a favor de una renta básica universal, cumplió su promesa electoral y ratificó la instauración de una “renta básica experimental”.

Una importante y realmente ilustrativa encuesta reciente realizada en Cataluña (13 a 17 de julio) muestra que el 72,3% de la población (básicamente a excepción de determinada derecha y de los sectores más ricos) estaría a favor de una renta básica incondicional para toda la población de 650 € al mes. Pero hay mucho más. A la pregunta de qué harían si se implantara esta renta básica incondicional, un 86% de los ciudadanos que tienen empleo contestaron que seguirían trabajando igual, un 8% dijo que trabajaría menos horas y un 2,9% afirmó que dejaría de trabajar. Entre los encuestados que están desempleados, un 84,4% respondió que seguiría buscando empleo como ahora, un 11,4% contestó que buscaría un trabajo de menos horas que el que busca ahora y un 2,2% confesó que dejaría de buscarlo. Entre los que opinaron que con la renta básica incondicional procuraría trabajar menos horas, un 52% de ellos contestó que dedicaría el tiempo que ganara a la familia, un 16,3% a actividades de ocio, un 11,5% a buscar un empleo mejor, un 11,3% a estudiar, un 4,7% a montar un negocio propio y un 4,1% a hacer tareas altruistas de voluntario. Según los resultados de la encuesta, casi un 20% de las personas inactivas optaría por hacer alguna otra actividad si dispusiese de una renta básica y sobre todo dicen que estudiarían, harían trabajos voluntarios o montarían un negocio. Esto poco tiene que ver con el sonsonete interesado según el cual “la gente no haría nada con una renta básica”.

Estamos hablando de democracia

Las medidas mencionadas al principio en Europa son, si se quiere, provisionales o incompletas, pero también significativas porque permiten dar capacidad de negociación a las personas, económica – y también políticamente – en una situación en la que el poder global está en gran parte en manos de instituciones no elegidas y otros órganos opacos, tal como ha dejado más que claro el reiterado ataque a Grecia (Yanis Varoufakis lo expresó muy gráficamente: “¿No sería mejor abolir las elecciones para los países que se encuentran en un programa de asistencia? Esto tendría el mérito de ser claro. Eventualmente podríamos declarar que hemos creado una unión monetaria en Europa, que abolió la democracia para los países con deudas que no pueden pagar”). Sin embargo, el creciente interés en la renta básica no significa que todo sea viento en popa hacia su realización. Se están utilizando todavía argumentos en contra, refutados desde ya hace tiempo, y se blanden dudosas propuestas “alternativas” como “trabajo garantizado”, “pleno empleo” (con un pleno empleo de calidad estamos de acuerdo, ¿quién no, verdad?, pero las propuestas que acostumbran a hacerse ni tratan de un pleno empleo inmediato o a corto plazo ni de calidad, por lo que nos hacen afirmar que como alternativa a la renta básica, el pleno empleo es poco más que cháchara gratuita) e ingreso condicional mínimo garantizado. Se sirven de “argumentos” como los siguientes: con una renta básica la gente rechazaría el trabajo asalariado, las mujeres estarían confinadas en casa, los inmigrantes “pulularían en bandadas” (como diría David Cameron), se necesitaría una revolución para introducirlo y sería acabar con el Estado de bienestar. A pesar de que estas afirmaciones hayan sido sólidamente refutadas en distintos idiomas, todavía asoman la cabeza a la menor ocasión. También hay otros malentendidos (o tergiversaciones manifiestas), que hay que combatir ya que las desigualdades sociales y económicas están aumentando rápidamente y la renta básica es una medida ideal para combatirlas.

En primer lugar está la cuestión de la financiación. Todavía no existe mucho material detallado sobre este aspecto clave, pero un estudio reciente llevado a cabo en el Reino de España, basado en dos millones de declaraciones del IRPF del 2010 (en medio de la crisis económica) es elocuente. El estudio se basó en tres criterios: 1) la renta básica de 623€ mensuales debería autofinanciarse y no afectar al resto del gasto público, ni mucho menos al dedicado a la sanidad, educación, etc.; 2) el impacto distributivo debería ser muy progresivo de manera que beneficiara a la gran mayoría de la población; y 3) que los tipos efectivos de impuestos después de la reforma no deberían ser muy altos. La renta básica tiene que ser igual o superior al umbral de la pobreza (623€ en aquellos momentos en el Reino de España). No estaría sujeto al impuesto sobre la renta de las personas y reemplazaría a todas las prestaciones sociales inferiores a los 623€, mientras que la gente que recibe una cantidad mayor de prestación continuaría recibiendo su importe total.

La financiación de esta renta básica para todos los adultos -43,7 millones de personas – es posible con un único tipo impositivo del 49% que, combinado con una renta básica exenta de impuestos, sería fuertemente progresivo. Para la decila más pobre, por ejemplo, este 49% se convertiría efectivamente en un -209% (negativo porque, en este caso, sería una transferencia neta). Aproximadamente el 80% de la población saldría ganando y el importe total transferido de los ricos a los no ricos sería de unos 35.000 millones de €. La desigualdad quedaría notablemente reducida. El actual IRPF es muy poco progresivo. Hay algunos datos contundentes. El índice de Gini antes del IRPF se sitúa en el 0,4114. Después de la declaración del IRPF solamente se reduce a 0,3664. Con la propuesta de financiación que se propone, el citado índice bajaría hasta 0,2502. Es decir, se produciría una gran redistribución progresiva de la renta. La distribución funcional de la renta quedaría pareja a los niveles de los países escandinavos.

Y, debe recordarse, para esta financiación comentada, no se tiene en cuenta el problema de la evasión de impuestos que salen anualmente del Reino: unos 40.000 millones de €. El fraude fiscal (de 2010 para hacer más homogéneos los datos) solamente en IVA e IRPF era del 5,5% del PIB. El porcentaje es superior si sumamos el del impuesto sobre sociedades, por ejemplo. Así, las empresas del IBEX han tributado, en este caso en el año 2012 aunque los años posteriores ofrecen porcentajes similares, el ¡5,3%! de su resultado contable. De tenerse todo esto en cuenta, la financiación de la renta básica sería claro está aún mucho más fácil.

Ah, sí, dicen, pero este modelo de financiación “afectaría negativamente a las clases medias”. Crítica en la que coinciden algún autor de izquierda posmoderna y algún discípulo de Hayek. ¿Las clases medias? En el Reino de España, según los datos oficiales, una persona que gana 3.500 € al mes está en las dos decilas superiores, mientras que los que ganan 4.500 € se encuentran en el 5% superior más rico. Estas cifras provienen ¡de las declaraciones del IRPF! ¿Cómo es posible esta a todas luces falsa realidad? Ya sea por ignorancia o por mala fe, algunos críticos no reconocen que esto apunta a un enorme problema de fraude y elusión fiscales que necesita atención urgente en cualquier caso, especialmente si hay que llevar a cabo cualquier reforma fiscal en favor de la población no rica. Unos datos publicados por la compañía suiza de servicios financieros globales UBS AG revela que tan sólo 22 multimillonarios españoles tienen una fortuna equivalente al 5% del PIB del Reino de España (o aproximadamente el presupuesto de salud, por ejemplo). Si a través del IRPF y de una decidida lucha contra el fraude fiscal de los más ricos pudieran detectarse los miembros verdaderamente más ricos de la población, la financiación de la renta básica sería más fácil, el tipo impositivo más bajo y sectores que podrían perder en el modelo actual acabarían ganando. Esta idea obstinada de que la renta básica sería un asalto a las clases medias alienta intentos bastante grotescos de nadar entre dos aguas. Así, el PSOE afirma que apoya la “renta básica” (pero se refiere a una renta mínima garantizada de lo más vulgar y corriente), mientras que otros de la izquierda más o menos posmoderna han entrado en la primera división del contorsionismo intelectual al afirmar que la renta básica y el ingreso mínimo garantizado son “más o menos lo mismo”. Farsa y confusión: habrá que lidiar con ellos en los próximos meses.

La “agresividad” de las nuevas ideas

Por desgracia, el nuevo partido de izquierda, Podemos, está tratando de esquivar la cuestión de la renta básica. Aunque muchos de sus miembros de base están empujando con fuerza para una renta básica, Podemos ha presentado un Plan de Renta Mínima Garantizada, aparentemente sin pensarlo mucho. Algunos cálculos muestran que el 50% de la población se vería afectada negativamente por este tipo de cambio de la estructura actual del impuesto sobre la renta sin la compensación de una renta básica. Esto es muy diferente de una política que afecte al 20% más rico. Parece que algunos dirigentes de Podemos, haciendo oídos sordos a las opiniones de algunos de sus miembros, opinan que la renta básica es “demasiado radical”. ¿Pero, en serio? ¿Tan radical es proponer la garantía de la existencia material de la población cuando la brecha de la riqueza en el Reino de España es la más grande de Europa? Y, a escala mundial, el 1% poseerá más que el 99% en el año 2016? Poca valentía intelectual y mucha política vieja ya conocida. Para triunfar contra la política dígase del Establishment o, como ahora se ha puesto de moda, de la casta, se precisa ser muy agresivo en la batalla de las ideas, como lo fueron con un éxito impresionante los neoliberales antes de los 70 del siglo pasado cuando eran poco más que una secta intelectual (bien remunerada, eso sí). Esta agresividad en las nuevas ideas brilla por su ausencia.

Lo que puede constatarse fácticamente es que la mayoría de la gente se está volviendo cada vez más pobre, a pesar de que estudios recientes demuestran que la llamada economía “trickle-down” significa en realidad un flujo de ingresos hacia los de arriba hasta que se estancan en forma de riqueza acumulada. Esto obstaculiza la creación de riqueza en la economía, tal como concluyó el Institute for Policy Studies (EEUU) usando modelos multiplicadores económicos estándar para mostrar que cada dólar adicional pagado a los trabajadores con bajos salarios añade alrededor de $ 1,21 a la economía estadounidense. Si este dólar fuera a parar a un trabajador con un salario alto añadiría tan sólo 39 centavos al PIB. En otras palabras, si los $ 26,7 mil millones en bonos pagados a los especuladores de Wall Street en 2013 hubieran ido a los trabajadores pobres, el PIB habría crecido unos $ 32,3 mil millones…”

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