El día después. Mini-crónicas catalanas / 103. Andreu Claret.

 

Para la ANC, Puigdemont y los más irredentos, el día después de la Diada fue el de otra victoria. La gente, su gente, volvió a impedir la traición. Y los diputados del PDECAT que habían tenido la idea de bomberos de presentar una moción con el PSOE para abrir un diálogo sobre Catalunya tuvieron que echarse atrás, cabizbajos, acribillados por partidas de tuiteros enfervorizados. La cosa no fue como la cuentan los digitales independentistas. Fue así: la moción era una bomba para todos los que no quieren el dialogo. Para demasiada gente. Cómo daba a los catalanes la posibilidad de determinar su futuro –¡determinar!-, el PP y Ciudadanos montaron un pifostio de cuidado. Era agua bendita para Casado y Ribera enredados en el debate de los másters y las tesis doctorales. Esquerra Republicana amaneció descolocada. Dividida entre los que siguen a Tardá y quienes dependen del voto comarcal. No podian tolerar que el PDECAT pactase un dialogo ‘dentro de la ley’. O sea, bajo la batuta de Llarena clamaban algunos. Abstención, zanjó Junqueras desde la cárcel. Entretanto, empezó el baile. A Campuzano le llamaban de todo en las redes. Los de ERC, los de la CUP y ciudadanos anónimos convencidos de que esta había sido la última Diada autonómica. Algunos eran seguidores de Puigdemont dispuestos a contar también monedas de plata. Dicen que Torra había dado su acuerdo. ¡Torra! A última hora de la mañana, Artadi echó balones fuera pero luego llegó una llamada de Waterloo. Al final, aprovechando unas insensatas palabras de Zaragoza exhibiendo el imperio de la ley en el Senado, y tras una tarde de alcaldes indignados y de tuits bochornosos, Bonvehí exigió retirar la moción. Nogueras, la persona de confianza de Puigdemont en Madrid, fue la encargada de echar el cerrojo. Así fue. Había vuelto a ganar el pueblo. Con sus tintes de vodevil, lo ocurrido dice mucho sobre el momento político que vive el independentismo. Dividido entre quienes pretenden hacer política y quienes lo fían todo a la calle y piensan más en las municipales que en el lío que tenemos en Catalunya. Como Torra, iba a decir, pero lo más sorprendente fue que diera luz verde a la propuesta. No creo que le gustara a Puigdemont.

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