“El dinero inglés que sobornó a los generales de Franco, incluido Aranda”. Antonio Masip (blog)

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Un libro del historiador Ángel Viñas explica cómo Churchill compró a la cúpula militar para evitar que España entrara en la Guerra Mundial

11.09.2016 | 03:48

Oviedo, L. Á.VEGA “Aranda era por supuesto un corrupto, una cualidad que comparte con muchos otros. Está fuera de toda duda que recibió dinero de los británicos, pero también es muy probable y verosímil que lo recibiese de los alemanes”, asegura el historiador Ángel Viñas, que acaba de sacar un nuevo libro (“Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco”, publicado por Crítica), en el que abunda en los manejos de los británicos para mantener fuera de la segunda guerra mundial al régimen de Franco.

La revelación de que el “defensor de Oviedo”, personaje vidrioso donde los haya -iba para ministro de la República y terminó adhiriéndose, hay quien dice que con muchas dudas, al levantamiento del 18 de julio, para luego ser defenestrado por Franco-, también cobró su dinero de los nazis, un hecho novedoso, no lo acaba de tener seguro Viñas, catedrático emérito de la Universidad Complutense, y uno de los mayores expertos en las tramas corruptas que salpicaron desde el principio el régimen franquista.

El motivo de esta inseguridad está en que la fuente es el Servicio de Investigación de Falange, abiertamente enfrentada a Aranda, que fusiló a algún falangista en Valencia, cuando era Capitán General, y que se oponía a la influencia de los camisas azules. “No sería el único que cobraba de los alemanes”, aclara Viñas, quien no cree que los ingleses estuviesen al tanto del juego a dos bandas del general.

El tema de los pagos británicos a la jerarquía franquista se conoce desde hace treinta años (desde la publicación en 1986 de la tesis doctoral del profesor Denis Smyth), pero que hasta hace poco tiempo no había podido ser rastreado en los archivos. Por indicación de embajador británico en España, Samuel Hoare, los servicios de su Graciosa Majestad idearon un plan para comprar, a través del banquero mallorquín Juan March, las voluntades de algunos elementos de la Dictadura Franquista con el fin de evitar que España entrase en la guerra del lado de los alemanes.

Un informe del 26 de junio de 1940, firmado por el comandante Furse y destinado al entonces primer ministro Winston Churchill, detallaba el plan de Hoare y daba cuenta de la reserva de 13,5 millones de dólares para los generales de Franco. Dos de esos millones iban a estar destinados a Aranda. En “Sobornos”, Viñas revela que este era un esquema embrionario, diseñado para durar seis meses. “Al final duró tres años y medio y supuso mucho más dinero del que pensaban inicialmente los británicos”, señala.

La clave maestra del plan británico era el banquero mallorquín Juan March, el único en el que confiaban los británicos, que le habían visto hacer. “En los militares españoles, no confiaban en ninguno. Desde luego no confiaban en Aranda ni tampoco en Kindelán. No hubiese sido inteligente, en una situación de guerra, creer firmemente en lo que decían unos tipos a los que se sobornaba. Pero como la información que llegaba fue favorable, al final se pagaron las cuotas, en el año 1944. ¿Cuánto? Los archivos británicos no informan de las cantidades, pero que se pagaron en divisas y en cuentas en el extranjero es indudable. Fue una lluvia de millones en pesetas, pero no tenemos el reparto final”, asegura el catedrático.

Cómo pudieron traer a España el dinero ingresado en unas cuentas que eran ilegales -los españoles tenían prohibido por ley tener cuentas en el extranjero-, cómo pudieron nacionalizarlo -que era el término que se utilizaba entonces para blanquear los fondos de dudosa procedencia- es un misterio que el historiador Viñas trata de dilucidar en su libro. “No sé si trajeron el dinero a España, o se arriesgaron a dejarlo en cuentas en el extranjero, pero lo más probable es que los sobornados terminasen recurriendo a la ‘expertice’ de March. Y solo hay dos posibilidades. Que se blanquease a través del mercado de divisas de Tánger, que ofrecía un buen cambio, o la llamada ‘operación Navíos’, que consistía en conseguir la autorización del Consejo de Ministros para importar productos británicos sin pagar en divisas. Esos bienes que importaba March, una parte irían al mercado negro, multiplicando aún más los beneficios de estos caballeros”, describe Viñas. Y conociendo al personaje, March, “el hombre más misterioso”, “el último pirata del Mediterráneo” -como se le ha descrito en alguna ocasión-, es esta última opción la que más le cuadra a Viñas.

En alguna ocasión se ha dicho -lo afirma por ejemplo el gijonés Luis Suárez o el ovetense Enrique Moradiellos-, que los generales no eran conscientes de que estaban siendo pagados por los británicos, y que el círculo más implicado en los sobornos -Aranda, Kindelán, Varela, Nicolás Franco o Galarza- pensaba que eran empresarios y monárquicos quienes les estaban enjuagando a través de March, como ya había ocurrido en los momentos previsos al golpe de Estado del 36.

Viñas no se lo acaba de creer. “Al menos Galarza lo sabía, lo tuvo que saber. Y no es creíble que unos compinches que estaban complotando a su manera no tuviesen conversaciones entre ellos. Eso de que no sabían, no me lo creo, no lo ha demostrado nadie”, indica el historiador.