«El discreto encanto de la burguesía española», reseña de Jorge Vilches de «El surgimiento de la cultura burguesa» de Jesús Cruz Valenciano. Revista de Librosruz Valenciano

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“Jürgen Kocka, profesor de la Universidad de Bielefeld (Alemania), se lamentaba en 1988 de que no habían podido incluir el caso español en su proyecto de investigación sobre las burguesías europeas1. Y, para compensarlo, citaba dos obras: La burguesía revolucionaria (1808-1874), de Miguel Artola, y La burguesía conservadora (1874-1931), de Miguel Martínez Cuadrado, ambas publicadas en 1973. Si bien en otros países europeos el replanteamiento de sus raíces ha hecho que la historia social de la burguesía se haya desarrollado antes, la cita de Kocka para España ya no se ajusta a la realidad. En gran medida desde finales de la década de 1980 ha ido rompiéndose la hegemonía del paradigma marxista y estructuralista para el estudio de la sociedad y, en concreto, de las clases medias. El conjunto de rígidas definiciones y esquemas que veían a la burguesía como una clase social erigida en bloque hegemónico y monocorde, vinculada a una revolución burguesa prototipo –especialmente la francesa–, concluía siempre igual: en «el fracaso». La revisión de un paradigma a todas luces insuficiente se ha producido en España por la recepción del llamado «giro cultural», por el encuentro con otras disciplinas, como la Sociología o la Antropología, y por el auge de los estudios locales. La burguesía ha dejado de ser un «bloque» para convertirse en un actor colectivo complejo, heterogéneo y poliédrico, definido por códigos de normas, creencias, costumbres y símbolos, en una amplia variedad ideológica y económica, con un comportamiento político dispar, y una cultura propia y expansiva.

Jesús Cruz, catedrático de Historia en la Universidad de Delaware, ya apuntó esa nueva forma de hacer historia en Los notables de Madrid. Las bases sociales de la revolución liberal española (2000), una traducción de Gentlemen, Bourgeois and Revolutionaries. Political Change and Cultural Persistence Among the Spanish Dominant Groups, 1750-1850 (Cambridge, Cambridge University Press, 1996). En esta obra partía de los métodos de la nueva historia económica para una delimitación de lo que entonces llamó «notables», que vendrían a ser las clases medias: comerciantes, banqueros, funcionarios y políticos. A partir de aquí, siguiendo la antropología social y cultural, estudiaba las relaciones familiares, la vida pública y la red clientelar. La conclusión de la investigación fue que el espíritu burgués y liberal no rompió lo establecido, sino que hubo una continuidad con el Antiguo Régimen. El acceso al grupo dirigente no se debía tanto al mérito y a la capacidad, decía Cruz, sino cuanto a la cercanía familiar o a la amistad. Tampoco esos «notables» guiaban sus actividades económicas por la senda liberal, sino que continuaron con prácticas antiguas para la consolidación y ampliación del patrimonio personal y familiar. Por tanto, existía una contradicción entre su «discurso público» -liberal y burgués–, y su «discurso privado>, que vendría a coincidir a grandes rasgos con la tesis de Miguel Artola de la alianza entre aristocracia y burguesía para poner las bases del Estado liberal.

La obra era ambiciosa: verificar si hubo una revolución liberal y estudiar si se articuló una cultura que diera identidad a la burguesía (p. 15). Para ello definía «cultura» como un estilo de vida consistente en modelos de pensamiento y comportamiento que suponían un sistema de valores, creencias y normas de conducta, que podían concluir en una organización política y una actividad económica determinadas. Cruz colegía de aquí que la existencia y profundidad de la revolución burguesa debía ser medida por la capacidad de los «notables> para hacer que su cultura fuera hegemónica. Es decir; y siguiendo a Pierre Bourdieu, el dominio burgués debería medirse por su capacidad para imponer su cultura. No obstante, enLos notables de Madrid no profundizaba en esta cuestión, sino en la revolución liberal. Esa inquietud intelectual insatisfecha es la que en apariencia le ha llevado al libro que aquí se comenta.

El objeto de la obra es el estudio de los orígenes de la cultura burguesa en España, que, al igual que en el resto de Occidente, se sitúan en el siglo XIX. El tema lo aborda desde la historia cultural, con numerosos conceptos tomados de la sociología histórica, y adoptando la etiqueta de «revisionista». Desde esta perspectiva ya no habla de «notables», sino de «burguesía», y no como «clase social», sino como «campo social», el conocido concepto de Bourdieu; es decir, un grupo abierto en el que pueden integrarse individuos con posiciones económicas variadas, y que comparten un capital cultural y simbólico. La burguesía estaría definida por el dinero y la cultura, constituyendo un «diverso conglomerado social situado entre la antigua nobleza y las clases trabajadoras» (p. 20). Esa definición por contraste, como hizo en su día Kocka para delimitar a la burguesía alemana, se completa con la delimitación de lo que entiende por cultura, que vendrían a ser los «modos de existencia» (hábitos, costumbres y estilos de vida) y los «sistemas de valores» (moral y códigos de conducta). Esa burguesía tomó conciencia de su propia cultura, adoptando así una identidad. Este marco teórico planteado por Jesús Cruz resulta atractivo en cuanto se desprende de los lastres de paradigmas anteriores e intenta incorporar formas casi nuevas de estudiar a un grupo social –la burguesía o la clase media–, que hasta ahora era un sujeto secundario en la historia social frente al protagonismo de los trabajadores y el «movimiento obrero»…

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