“El eclipse”. Antoni Puigverd. La Vanguardia

El nuevo capítulo de la batalla entre ERC y los sectores que sostienen el liderazgo de Carles Puigdemont es, aparentemente, un lío que sólo expertos juristas pueden dilucidar. El entorno de Puigdemont sostiene que su recurso ante el Tribunal Constitucional (TC) es un paso técnico imprescindible en el camino que el expresident transita para poder elevar su caso a las instancias judiciales europeas. En cambio, el entorno de ERC sostiene que, para recurrir a los jueces europeos, basta con las resoluciones de Pablo Llarena (TS) en las que dictaba “incapacidad legal prolongada” a los diputados sometidos a instrucción judicial.

Puesto que el dilema jurídico es sólo apto para especialistas, la discusión que ha suscitado la barroca apelación de Puigdemont al TC servirá para alimentar el fuego en el que arde ahora mismo el moderantismo de ERC. Arrojar ERC a la pira de los impuros (en la que ya tantos partidos y per­sonas hemos quemado) servirá para reforzar la luz de la Crida, el nuevo partido de Puigdemont, que el próximo sábado 26 celebrará su congreso constituyente en Barcelona.

Este nuevo partido responde a una visión que el nacionalismo catalán practica desde los años de Pujol: divide et impera. Lo explica muy bien Fèlix Riera: cuando las fuerzas sociales y culturales de un territorio no encuentran límite alguno, este territorio es próspero y productivo en todos sentidos: no pierde ninguna de sus energías. Pero en cuanto un sector determina la identidad del territorio y dice “nosotros somos eso”, a los ciudadanos no les queda más remedio que posicionarse. Dividir genera una formidable dinámica política, que favorece a quien la abandera. Pero reduce el conjunto. Pujol aplicó el divide et impera y consiguió colgar el mochuelo del sucursalismo traidor al PSC. Ahora la división que deja buena parte del país en fuera de juego político también abarca a ERC. Los republicanos son empujados al bando de los impuros para evitar que, mediante el sorpasso, puedan liderar el país. ­Dividiendo con crudeza, Puigdemont recorta todavía más el espacio político catalán con la esperanza de recuperar un liderazgo que la opción de marcharse a Bélgica le está haciendo perder.

Una vez lo comparé a Ulises, que resistió el canto de las sirenas. Puigdemont sucumbió al canto y no convocó elecciones. El episodio de las sirenas forma parte del triste periplo de la Odisea: años de exilio marinero, muerte de todos los compañeros, matanzas en casa para recuperar el trono. Pero en un canto homérico anterior, la Ilíada, Ulises es el astuto que destruye Troya con la trampa del caballo. Exacerbar la trampa de la división es el último recurso del astuto Puigdemont. Necesita compensar el eclipse que sufrirá durante los meses de juicio. El protagonismo de Junqueras, Sánchez y compañía eclipsará a Puigdemont. Y si la condena es la previsible, su exilio parecerá dorado (aunque –como bien sé– no lo sea). Apelar a un tribunal que detesta contra un compañero de viaje es un recurso propio de Ulises, el astuto. He ahí la hoja de ruta: dividir hasta el insomnio. Hasta que todos, empezando por él, lo perdamos todo.

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