“El eje social ha vuelto”. Revista Treball

El proceso ha marcado la acción de gobierno de los últimos años, tanto en lo que éste hacía, obviamente, y también en lo que no hacía. La actividad legislativa y las políticas públicas han estado bajo mínimos, una realidad especialmente dolosa en un contexto de grave crisis como la vivida. Las apelaciones a la inminencia de la independencia ejercía de analgésico para las reivindicaciones sociales, económicas, ambientales … o directamente las subordinaban a las metas nacionales (27S, 1O, 27o …). Todo era para después. Sólo se legislaba en aquellas cuestiones que confrontaban con las competencias estatales, y por lo tanto ya se preveía su suspensión (ejemplo paradigmático: el impuesto sobre depósitos bancarios, aprobado a toda prisa tras que el gobierno del Estado en creas un) . Jugada redonda: impedía el giro social y, además, permitía mantener el discurso culpabilizador hacia el Estado. Sin embargo, tampoco se derogaban las actuaciones más antisociales de los anteriores gobiernos (subida recuerdo de tasas universitarias, Barcelona World, recortes en salud y educación, sueldos pendientes de los funcionarios …). Las pocas iniciativas nuevas que aprobaban como la Renta Garantizada de Ciudadanía, producto de la intensa lucha en la calle de sindicatos y tejido asociativo, sufrían un despliegue enclenque, indolente. En la práctica, han sido unos años de renuncias de la izquierda (cada uno considerará si justificadas o no, pero renuncias fuerza innegables), un hecho especialmente chocante teniendo en cuenta que la izquierda tenía mayoría parlamentaria (ERC, CUP, CSQEP / Comunes , PSC), así como más específicamente la que apoyaba al gobierno (ERC + CUP).

El escenario, sin embargo, está cambiando. Las grandes metas nacionales podían aplazar las reivindicaciones laborales de médicos, maestros, mozos … o emplazarlas en una independencia inminente. Cuando se demuestra que no es así, porque esperar? Se exigen respuestas. Las huelgas y manifestaciones de esta última semana se inscriben en esta clave, y puede marcar un punto de inflexión en los términos del debate en Cataluña. El tensionamiento nacional no desaparecerá, y menos con el juicio a la vista, pero ahora ya no está solo, incluso deberá alternar su protagonismo.

En consecuencia, el Gobierno de Torra no puede evitar gobernar por más tiempo (una paradoja bien real), como ha intentado hacer hasta ahora. No sólo puede vivir de ratafía, palabras y actos simbólicos. Queda así desnudo el más reciente de los eslóganes processistes: “no volver al autonomismo”. No se vuelve, claro, porque en realidad nunca se ha abandonado (si no es directamente para perder el autogobierno, con el 155), pero sí que habrá que gestionarlo. Y cuidado porque si se hace bien quizá se evidenciará que da para mucho más margen de actuación del que se ha querido hacer creer. Precedentes hay, en los gobiernos Pujol por la derecha, en los gobiernos tripartitos por la izquierda. Pero no será gratis. Diría que la aversión que demuestran algunos a “volver al autonomismo” no se debe tanto a las renuncias nacionales que implica, sino a las renuncias sociales que puede conllevar un gobierno entre derecha e izquierda. Hay que actuar, y en el momento de decidir presupuestos, ya sin el condicionante de un 1O que fuerce a relegar las demandas sociales, o de perfilar las políticas públicas, las tensiones ERC-PDECat irán en aumento. Se suman estas a las tensiones en la estrategia respecto a la cuestión nacional … de otoño caliente en invierno del proceso.

Si cambia la relevancia de los ejes, podrían cambiar las coaliciones? Se pronto para ello. Pero de momento quizá el mayor reto para ERC sea ella misma. Inevitablemente esta formación deberá mirar el espejo y empezar a asumir su nuevo estatus: todo parece predecir que es o será el primer partido del soberanismo, lo quiere ser también de la izquierda? Junqueras presumía en su día de ser los “true liberales”. Con mucho voto procedente del PDECat y condicionado por sus alianzas, habrá que ver ahora cuál es la verdadera cara social de la nueva ERC post-proceso: pro-comunes, socialdemócrata, social-liberal, liberal con rostro humano … Sabe ERC qué quiere ser de mayor? Ahora toca demostrarlo, en el eje nacional y en el social. Estos días ha optado por callar y dejar que pague el PDECat. Pero es más inquietante su silencio que todo el ruido de las declaraciones de Eduard Pujol. Callar es la misma estrategia que usó en los momentos más tensos del proceso esperando recibir los réditos de las renuncias de su socio. Pero ahora el oponente no es el Estado. Hoy la carpeta de temas pendientes engorda, y cada vez es más rocambolesco y ridículo echar balones fuera: el 30% de los pisos asequibles, la recuperación del sueldo de los trabajadores públicos, fiscalidad más progresiva … y una larga lista de reivindicaciones que calientan las calles. Unas calles que ahora llenan y reclaman como propios otras consignas, y que pedirán otras respuestas. El eje social ha vuelto.

L’eix social ha tornat