“El gobierno de la penalidad. La complejidad de la política criminal contemporánea” de José Brandariz García. Reseña de Ramón Campderrich Bravo en mientras tanto

gobierno penalidad

“Este nuevo libro del penalista y criminólogo José Ángel Brandariz García es una actualización de su ensayo Política criminal de la exclusión [1], obra de lectura obligada para tener una visión de conjunto de la evolución de la política criminal en Occidente desde finales de los años setenta del siglo pasado, aproximadamente. A diferencia de la publicación acabada de mencionar, El gobierno de la penalidad se centra únicamente en el denominado por el autor “subsistema penal ordinario”, por contraposición al “subsistema penal de excepción”, conforme a una terminología acuñada por Luigi Ferrajoli en su Derecho y razón [2]. Mientras que el “subsistema penal de excepción” está conectado fundamentalmente con la delincuencia terrorista y el tratamiento de la desafección política más o menos violenta —ejemplos típicos de dicho subsistema: la legislación antiterrorista subsiguiente a los atentados de los primeros años del siglo XXI o la doctrina del ‘derecho penal del enemigo’ de Günther Jackobs—, el “subsistema penal ordinario” es el que se ocupa de la delincuencia común y corriente, especialmente —aunque no exclusivamente—, aquella asociada de un modo u otro a la marginación social y el tráfico económico ilícito. En principio, el “subsistema penal ordinario” abarcaría también la delincuencia económico-política de ‘cuello blanco’ protagonizada por políticos y ejecutivos de grandes empresas, pero, en cualquier caso, esa clase de delincuencia no es objeto del último libro de Brandariz.

El libro se inicia con una panorámica de las transformaciones históricas experimentadas por los sistemas y políticas punitivos desde las revoluciones liberales en adelante que utiliza como principales fuentes de inspiración las tesis del Foucault de Vigilar y castigar [3] y los estudios de Garland sobre la crisis del welfarismo penal [4]. A continuación, el autor reelabora la teoría de la ‘sociedad del riesgo’ para explicar la exagerada sensación de inseguridad ante el delito que cundió sobre todo en los países anglosajones hasta la crisis económico-financiera subsiguiente al crack de 2007-2008. Esa sensación de inseguridad centrada en el delito fue intensificada y explotada desde el poder político y mediático con el resultado de hacer converger los miedos sociales más diversos en el temor obsesivo al delito, incluso al margen de la vivencia real de hechos delictivos. Esta conversión de la (supuesta) omnipresencia de la posibilidad de ser víctima de un delito en el riesgo social por excelencia constituyó la base ideológica sobre la cual se construyeron las corrientes teóricas y las políticas públicas en materia criminal hegemónicas desde inicios de los ochenta. Todas ellas han tenido un origen anglosajón y han alcanzado su mayor predicamento en EE.UU., pero también han ejercido una fuerte influencia en Europa continental. Están, por otra parte, estrechamente vinculadas a fenómenos de exclusión y marginación social, porque los tipos de delincuencia que llaman más su atención son la violencia callejera, los hurtos y robos, el tráfico de drogas y los abusos y agresiones sexuales. En cambio, la gran delincuencia patrimonial, financiera, fiscal o bélica no ha suscitado temor en un grado comparable, sino indignación, y sólo desde el comienzo de la “Gran Recesión”.

Brandariz dedica el grueso del libro precisamente al análisis de dichas corrientes y políticas. Sus principales víctimas han sido el garantismo penal de inspiración liberal y el ideal rehabilitador o de reinserción social del delincuente propio del Welfare State, por lo que han conducido a un endurecimiento de la penalidad y a un aumento sin precedentes de la población penitenciaria o sometida a control penal (pues las medidas y sanciones distintas a la prisión no se han concebido en lo fundamental como alternativas a la misma, sino como su complemento). Entre las nuevas corrientes y políticas de efecto antigarantista y antisocial, Brandariz destaca: el gerencialismo o actuarialismo penal, la versión criminológica neoliberal del AED, la privatización securitaria y el relanzamiento de la idea de neutralización o inocuización penal…”

Texto completo en http://www.mientrastanto.org/boletin-129/la-biblioteca-de-babel/el-gobierno-de-la-penalidad-la-complejidad-de-la-politica-crimina