“El holocausto como ficción, el franquismo como fábula” de David Torres en cuartopoder. Sobre “El Impostor” de Javier Cercas.

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“Hace no muchos años, Javier Cercas y Arcadi Espada mantuvieron una agria polémica sobre la licitud o ilicitud de la ficción en periodismo, una discusión que fue tanto más sonada cuanto en el ecosistema literario español no abundan las disputas intelectuales. De hecho, tan poco abundan que Espada la zanjó de un modo bastante poco intelectual, al informar en una de sus columnas de El Mundo que Cercas había sido detenido en una redada que había tenido lugar en un burdel. La noticia de la redada era verdadera pero la inclusión del escritor allí era una propina imaginaria de Espada, quien de este modo, intercalando una infamia, creía que había demostrado que no se podía andar mezclando ficción y realidad en un periódico. Cercas se molestó bastante y Espada, con cierta prepotencia, replicó que sólo pretendía “dar una lección”, lección que resultó bastante burda desde cualquier ángulo que se mirara, pues, para empezar, una cosa es la ficción y otra la mentira, y para seguir, una cosa es la noticia y otra la columna de opinión. En cualquier caso, el duelo vino a sacudir el amodorrado panorama literario español, ya que hubo plumíferos que se pusieron de parte de Espada y otros que defendieron a Cercas, aunque sólo fuese al precio de preguntarse (creo que fue Gistau quien lo hizo y además en el mismo periódico) si valía la pena molestar, difamar y hasta causar un daño evidente a la reputación de un colega sólo con tal de llevar razón. De hecho, para mí otra de las cuestiones esenciales que eludía la ficción prostibularia de Espada era esa unamuniana diferencia entre vencer y convencer.

Recordé aquella polémica con Espada (como quizá debió recordarla el propio Cercas) cuando en las primeras páginas de El impostor se relata un amigable encuentro entre escritores charlando acerca de Enric Marco en el que de pronto salta una alarma inesperada. Cercas dice: “Es como si todos tuviéramos algo de Marco. Como si todos fuésemos un poco impostores”. E Ignacio Martínez de Pisón exclama: “Sí: sobre todo tú”. Sospecho que este libro nació no tanto del asombro y el interés ante el caso Marco como del aguijonazo de ese vocativo: el íntimo temor de que un escritor no sea más que un mentiroso que dice la verdad.

La historia que dio pie a este libro fue una noticia que conmocionó a la sociedad española y a la catalana en particular, cuando se descubrió que Enric Marco, presidente de la Amical de Mathausen, representante de la asociación de deportados españoles, nunca había pisado un campo de prisioneros nazi. Marco no era más que un mentiroso que se había inventado un pasado a la carta no sólo para adquirir notoriedad sino también, quizá, para resarcirse de una vida vulgar en la que jamás brilló en nada. Sin embargo, Marco resultó un anciano escurridizo, encantador y simpático a cuyas dos biografías (la verdadera y la falsa) Cercas dedica una exhaustiva y brillante indagación de más de 400 páginas. El volumen va de la repulsión inicial ante la monstruosidad del engaño al estupor, la fascinación, y por último la comprensión e incluso la lástima. No obstante, hay una serie de leit-motivs que guían la escritura de Cercas y uno de los más importantes advierte: una cosa es comprender y otra justificar. En esa fina tierra de nadie entre la comprensión y la justificación, la realidad y la ficción, la verdad y la mentira, el libro de memorias y la novela, se mueve esta novela que no lo es ni quiere serlo…”

Texto completo en http://www.cuartopoder.es/opiodelpueblo/2014/12/07/el-holocausto-como-ficcion-el-franquismo-como-fabula