El mundo sumergido (1 y 2). Javier Aristu. en campo abierto

Cambios de piel

El mundo sumergido/ 2. Notas a vuelapluma

Por Javier ARISTU

La presencia, ayer, de Pablo Iglesias en la ceremonia oficial del Día de la Constitución ha generado en algunos comentarios y reacciones de sorpresa. Y no me refiero a la foto de las risitas entre el dirigente de Podemos y Espinosa de los Monteros, de Vox, e Inés Arrimadas, de Ciudadanos, que ha desencadenado una corriente de histeria y fiebre persecutoria en las redes sociales. Me refiero a la simple presencia de Iglesias en dicha ceremonia, acto que en otros tiempos no muy lejanos desencadenaba críticas y comentarios jocosos por parte del mismo político podemita. Los tiempos cambian y nos hacen cambiar a todos, sin excepción. A unos más que a otros, quede claro.

¿Hasta dónde es tolerable o comprensible ese cambio? ¿Dónde está el límite racionalmente admisible de las mudanzas intelectuales? ¿Dónde queda el campo de la evolución natural de la mente humana y dónde está el terreno de la impostura, la desmemoria o incluso la traición a las ideas de tiempos anteriores?

La historia de las mentalidades y de la política nos habla de una tendencia que va desde un radicalismo juvenil hasta un provecto conservadurismo en la madurez y senectud. Es repetida aquella sentencia del líder socialdemócrata alemán: “Si no eres comunista con 18 años es que estas mal del corazón, pero si lo eres con 50 tu cabeza es la que no funciona”. Una manera breve y propagandística de decir algo que no siempre ha sido verdad. Conozco a muchos setentones que se siguen considerando comunistas…aunque ya no tengan nada que ver con el actual partido de ese nombre. Sigo leyendo con admiración y enjundia a personas que con más de 60 y 70 años escribieron libros y ensayos de profunda carga intelectual izquierdista o, al menos, nada conservadora. Hablo de autores como Thompson, Hobsbawm, Vilar, Fontana, Gorz, Habermas, Eco, Anderson, y tanto más. Ninguno de ellos fueron políticos activos pero sí influyentes pensadores del izquierdismo cultural y social.

Todo lo contrario, por poner un ejemplo, de un Josep Piqué, el político del PP catalán, que presumía ya en 2003 de haber abandonado su juvenil comunismo: “Hace 25 años que soy un liberal pragmático”, decía el hoy empresario. Podría poner otros ejemplos de la Andalucía actual. Cuando recorro los periódicos sureños me encuentro con sorpresas divertidas o patéticas. Honorables ciudadanos que llegaron a ser diputados socialistas de la democracia y de esta Constitución de 1978 reclaman ahora la presencia de Vox como partido constitucional y proclaman la marginalidad de Podemos del sistema político democrático, como los nuevos apestados para este tribunal del decoro. Otros, comentaristas de actualidad y editorialistas de medios de comunicación, anuncian las siete plagas de Egipto si llegara a formarse en Madrid un gobierno PSOE-Podemos, defendiendo obviamente la necesidad y urgencia histórica de un tripartito PSOE-PP-Ciudadanos porque, ese sí, arreglaría la economía. Ambos, el político y el editorialista, militaron en su día, hace ya cuatro décadas, en partidos de la izquierda, eran izquierdistas notables.

Ya el historiador Steven Forti (Un vocal español en la Komintern, ed. Renacimiento) nos habló de un Oscar Pérez Solís que, en los años veinte y treinta del siglo XX, pasó desde la militancia socialista y posterior comunista a ser un destacado fascista en la Falange de José Antonio. Hubo varios o bastantes casos de esas mutaciones; aquellos tiempos de guerra y revoluciones dieron muchos cambios de piel. Hoy, tiempos también de grandes mutaciones pero de otro tipo, también nos permiten asistir a esos largos viajes personales e intelectuales hacia las fronteras del fin del mundo político.

Mientras Pablo Iglesias recorre el camino hacia la moderación responsable y la serenidad gubernamental, abandonando el radicalismo y el exabrupto de hace dos años, otros lo han hecho viajando desde aquella izquierda radical de la Transición hacia las tribunas del más rancio conservadurismo. ¿Una evolución o más bien una degeneración?

Cambios de piel