“El origen del género Homo: ¿de dónde venimos?” de José María Bermudez de Castro. Ciencia para llevar

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“En este mismo blog, Alberto Fernández Soto y Carlos Briones nos han ilustrado sobre el origen del universo y sobre el origen de la vida, respectivamente. Me toca terminar esta trilogía hablando sobre los seres humanos, la guinda final (por el momento) de los acontecimientos más importantes de una larga historia de 13.800 millones de años.

Durante las últimas cuatro décadas el estudio de la evolución humana ha dado pasos de gigante gracias al hallazgo de numerosos yacimientos, el uso de técnicas revolucionarias, los nuevos enfoques metodológicos y, sobre todo,la capacidad para abordar los problemas desde una perspectiva multi e interdisciplinar.

Ese enfoque nos ha permitido establecer que el lapso temporal entre dos y tres millones de años antes del presente supuso un punto de inflexión en la historia evolutiva del linaje humano. El progresivo enfriamiento del planeta desde finales del Mioceno fue decisivo en ese cambio. Los bosques del continente africano fueron retrocediendo, dejando paso a zonas desérticas y extensas sabanas.

Nuestra condición de primate bípedo y trepador fue quedando atrás. No tardamos en disponer de un cuerpo cada vez mejor adaptado a la marcha, de mayor estatura y de proporciones muy similares a las que tenemos hoy en día.

Además, nuestra dieta tuvo que cambiar en detrimento de los alimentos vegetales. No fue un hecho traumático, porque las proteínas de origen animal ya formaban parte del menú de nuestro ancestro común con los chimpancés. Sin embargo, no podemos obviar que algunas especies de nuestra genealogía se quedaron por el camino. Otras, como las que se incluyen en el género Paranthropus, se adaptaron bien a la dieta vegetariana que ofrecen las sabanas.

Por último, algunos de nuestros ancestros ocuparon un nuevo nicho ecológico que ya no hemos abandonado. La selección natural nos transformó en depredadores oportunistas, sin dejar de ser unos perfectos omnívoros. Gracias a ello hoy lo podemos contar.

Pero la vida de aquellos ancestros no debió ser nada sencilla. Todavía éramos buenas presas para los grandes carnívoros de las sabanas y nuestra comida se movía a gran velocidad. Los yacimientos arqueológicos africanos ofrecen claras evidencias del consumo de diferentes especies de vertebrados. No obstante, la mayoría de las presas no se dejaban atrapar con facilidad. La captura de los medianos y grandes mamíferos no fue posible sin cooperación, astucia y habilidad. Es muy probable que la gran explosión del cerebro humano, tanto en su tamaño como en su complejidad, esté relacionada con este hecho.

Así llegó la tecnología, cuya antigüedad podría superar los tres millones de años. Los chimpancés usan piedras para romper las cáscaras de los frutos secos y suponemos que todos nuestros antepasados tuvieron habilidades similares. Esta cultura primitiva se convirtió en tecnología en el momento en que fuimos capaces de transformar la materia prima para usarla con una función determinada. Tal vez un golpe casual dio origen al primer cuchillo de piedra. Pero lo importante es que esa innovación se extendió con relativa rapidez en los grupos humanos que poblaron las sabanas africanas hace entre tres y dos millones de años.

Los cambios anatómicos de la mano facilitaron el uso y la eficacia de los instrumentos de piedra. La denominada ‘pinza de precisión’ puede definirse de manera muy simple como la capacidad de los dedos índice y pulgar para manipular objetos. Entre otros cambios, el pulgar adquirió una masa muscular considerable, las falanges distales ampliaron su base para la inserción de potentes tendones y las terminaciones nerviosas proliferaron en las yemas de los dedos. Este es quizá el cambio anatómico menos llamativo de aquella época. Pero sin este cambio el cerebro no habría podido operar sobre la materia prima y hoy en día careceríamos de tecnología…”

Texto completo en http://blogs.20minutos.es/ciencia-para-llevar-csic/2015/12/14/el-origen-del-genero-homo-de-donde-venimos/