Entrevista a Carlos Fernández Liria sobre su libro “El marxismo hoy. La herencia de Gramsci y Althusser”.

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“La obra de Marx no dice la verdad por su relevancia política. Es relevante políticamente en la medida en que dice la verdad ”

El último libro de Carlos Fernández Liria se inscribe una colección de filosofía que se ha divulgado junto con el periódico El País. El número de la colección que corrió a su cargo es el correspondiente a la herencia del marxismo en la actualidad, a través de las obras de Althusser y de Gramsci. En él encontramos una síntesis muy pedagógica de algunas de las tesis que este autor, junto con Luis Alegre Zahonero, había ya mantenido en su obra El orden de El capital (Akal, 2012), y también una reflexión sobre la herencia del pensamiento de Gramsci en el actual debate político.

Felicidades por tu nuevo libro. Te pregunto por el título: ¿Qué es para ti el marxismo? ¿Una ciencia, una filosofía, una política de transformación socialista no entregada, una nueva cultura?

Probablemente es y ha sido todas esas cosas. Pero, si yo tuviera que destacar lo más importante, diría que Marx fue una especie de Galileo de la historia, que marcó el camino para entender nuestra sociedad capitalista. A mi entender, eso que llamamos la “economía” se desarrolla en una especie de alquimia al servicio de los poderes fácticos. Tal y como ocurriría con la física si los enemigos de Galileo, de Newton o de Einstein hubieran logrado marginar sus obras de la comunidad científica y siguieran un camino dictado por los poderes económicos y religiosos. Se comprende que, en economía, eso es actualmente mucho más peligroso que en el caso de la física, la química o la biología. Otra cosa es, por supuesto, que, al sentar las bases para una comprensión de la sociedad capitalista, Marx sacó a la luz cuestiones que tenían una trascendencia política impresionante y que, consiguientemente, influyeron y siguen influyendo en las luchas políticas. Suelo decir a menudo que, si los triángulos rectángulos consistieran en una inmensa injusticia, el teorema de Pitágoras sería muy subversivo desde un punto de vista político. Pero eso es lo que ocurre precisamente, con el capitalismo. La obra de Marx no dice la verdad por su relevancia política. Es relevante políticamente en la medida en que dice la verdad.

¿No es el caso, como apuntas en las primeras líneas del libro que marxismo y actualidad parecen nociones contradictorias? ¿Dónde es actual el marxismo?

El marxismo es tan actual como el capitalismo. O sea, desdichadamente, mucho. Leyendo a muchos pensadores contemporáneos uno podría imaginarse que ya no hay obreros ni capitalistas, como si las cosas nacieran por arte de magia en los escaparates. Pero basta pensar en la ropa que uno lleva encima para saber que ha sido fabricada en condiciones infrahumanas, en las fábricas del tercer mundo. La postmodernidad es mucho más moderna de lo que podría parecer. Y las claves para entender nuestro mundo siguen, en mi opinión, siendo las mismas que planteó Marx. Una de las cosas que hay que sacar a la luz, en primer lugar, es por qué la economía no deja de dar palos de ciego, por qué es una pseudociencia apologética, una estafa ideológica. Marx lo denunció y lo explicó ya en su época y la situación no ha cambiado tanto. En cierto sentido es mucho peor aún que en tiempos de Marx.

¿Qué aspectos relevantes de la tradición marxista han quedado más obsoletos en tu opinión?

Uno se sorprende comparando la obra de Marx con la tradición marxista. Un poco como si comparas a Jesús de Nazaret con la conferencia episcopal o con 13TV. Pero yo creo que lo más importante es comprender que Marx no fundó una teoría general de la historia, que no era hegeliano y que no consideró que la democracia parlamentaria fuera una mera superestructura ligada al modo de producción capitalista. Lo explicamos Luis Alegre y yo, con mucho detenimiento, en El orden de El Capital. Ahora he intentado hacer un resumen de carácter divulgativo, que pudiera llegar a mucha gente.

Las experiencias socialistas del siglo XX, ¿qué balance han dejado respecto al cuerpo teórico marxista? Hablando en términos popperianos, ¿han falsado muchas de sus teorías e hipótesis?

No cabe duda de que Marx se habría sentido horrorizado con las experiencias del socialismo real. Pero aquí hay que tener cuidado. Por “socialismo real” no deberíamos entender tan solo aquellas experiencias históricas que lograron ser “socialistas” durante unas cuantas décadas, contra viento y marea, en unas condiciones infernales, entre invasiones, guerras y bloqueos, y que, desde luego, resistieron tan sólo a base de suprimir las libertades, la democracia y la división de poderes. También eran “reales” los muchos intentos que hubo en el siglo XX de llevar el socialismo por la vía democrática. Lo que pasa es que todos esas experiencias políticas fueron masacradas por golpes de Estado o invasiones militares. Así pues, no está probado en absoluto que el socialismo y la democracia sean incompatibles. No es lo mismo fracasar que ser derrotado. Lo que en todo caso demostró el siglo XX es que el socialismo democrático no servía para ganar guerras. Esto puede ser muy interesante para reflexionar, pero no significa ni mucho menos que socialismo y democracia sean incompatibles. Además, la senda venía marcada por los países europeos en la época del Estado del Bienestar. Se podría haber profundizado por ese camino y se habría comprobado que el socialismo era mucho más compatible con la democracia que el capitalismo. Pero eso se acabó. Y de todos modos: Marx no estudió el comunismo, sino el capitalismo. Son sus tesis sobre el capitalismo las que habría que “falsar” y, la verdad, a mí me parece que el siglo XXI, más bien, las va confirmando más y más. Por ejemplo, Marx explicó muy bien por qué el capitalismo necesitaba de una reproducción ampliada y de una polarización de la riqueza cada vez más sangrante. Actualmente, el crecimiento capitalista amenaza ya los límites ecológicos más elementales, abocando a un suicidio de la humanidad. Y la brecha entre ricos y pobres ha llegado a superar todas las previsiones y raya ya en el más puro surrealismo.

¿Qué es eso de rescatar a Marx el propio marxismo? ¿Una especie de Marx sin ismos como quería y escribió Francisco Fernández Buey?

Seguramente sí, no conozco bien lo que dijo nuestro querido Francisco Fernández Buey, al que considero, en todo caso, uno de los pensadores más honestos y grandes del marxismo español. La fórmula de un marxismo sin ismos es, en todo caso, muy buena. Desde que Marx mismo dijo aquello de “yo no soy marxista”, estaba claro que su obra tenía que ser estudiada con un poco de seriedad académica, sin pagar tributos a las ideologías marxistas. Algunas de esas ideologías introdujeron verdaderos disparates en la interpretación de la obra de Marx. Otra cosa es que su papel político, en muchos casos, haya podido ser, por otros motivos, admirable o heroico. Yo admiro la tradición política comunista. Pero eso no implica que se puedan aceptar muchas de sus lecturas de Marx.

Gramsci, Althusser, ¿por qué estos dos autores? ¿Son los únicos filósofos de la tradición, más allá de los clásicos, que te resultan hoy de algún interés?

No, la verdad es que me lo propuso así la editorial, en concreto, Manuel Cruz, el director de la colección. De todos modos, me pareció un acierto por las razones que cuento en el libro. Althusser, porque nos ayuda a leer a Marx con un poco de serenidad científica. Y Gramsci, porque es, sin duda alguna, el pensador marxista más influyente en el momento actual. En el libro procuro ligar a Gramsci con el llamado populismo de izquierdas, de la mano de Chantal Mouffe o Ernesto Laclau, y también, por supuesto con el surgimiento de Podemos en este país. Hubo, por cierto, algunas reticencias en la editorial para nombrar a Podemos o incluso para aludir al 15M. Alegaban que se trataba de un libro de divulgación y no de un libro comprometido políticamente. Ya les dije que estaba de acuerdo, pero que la cuestión era más bien qué convenía y que no convenía divulgar. Llegué a proponerles que encargaran a algún otro un libro que se llamara: “El marxismo actual que a los antimarxistas nos interesa divulgar”.

¿Ves alguna relación entre el uso y significado del concepto “crítica” en las críticas kantianas y el subtítulo de El Capital, crítica de la economía política?

Sí. Aquí “crítica” significa “delimitación”, demarcación de los límites de algo. Delimitar algo es sacar a la luz “en qué consiste”, y, por lo tanto, cuál es su “fundamentación”, un término que Marx también utiliza mucho.

El primer capítulo del libro lleva por título “La relectura estructuralista de Marx”. ¿Qué noción de estructura usa esta lectura estructuralista?

Es un poco largo de explicar. He intentado contarlo con un ejemplo sacado de El Capital, el ejemplo del señor Peel, un señor que, según Marx, metió en un barco todas las partes del capital y se olvidó de meter, precisamente, la “estructura” del capital. Creo este ejemplo es muy pedagógico para explicar lo que es una estructura. Yo lo utilizaba en clase para explicar no a Marx, sino a Platón, para explicar el concepto de eîdos. Explicaba a Platón con Marx y a Marx con Platón. Es gracioso, mis alumnos han hecho ya varias canciones sobre el señor Peel, yo creo que, al menos, tres. Una de ellas, del grupo Complejo de Electra, está ya en un disco…”

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