España y la Primera Guerra Mundial: «Una guerra no declarada», reseñas de Javier Moreno Luzon. Revista de Libros

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“A estas alturas, la relevancia de la Primera Guerra Mundial en la historia de España ofrece pocas dudas. La neutralidad oficial apenas escondió el impacto del conflicto sobre los españoles, tanto en sus condiciones de vida como en el terreno de sus inquietudes políticas. Entre 1914 y 1918 se multiplicaron las industrias y las ganancias empresariales, la escasez generalizada disparó la inflación, crecieron las ciudades y aumentó el número de huelgas. Del mismo modo, los intelectuales pasaron a primer plano, la prensa sufrió una súbita metamorfosis y el sistema político, basado en la alternancia entre dos grandes partidos que arbitraba el rey, se deterioró hasta resultar irreconocible. Mientras conservadores y liberales se repartían en facciones enfrentadas y caían gobiernos cada vez más inestables, los sindicatos obreros, el nacionalismo catalán y las corporaciones militares –por mencionar tan sólo tres actores emergentes– representaban ya papeles protagonistas en la esfera pública española. Y todo ello se ligaba, de forma directa o indirecta, con la catástrofe que cambió el mundo.

Los efectos económicos de la guerra, desmenuzados por los especialistas durante décadas, se conocen con bastante precisión. Desde la edad de plata que disfrutaron el sector textil, las navieras, la banca o la minería, hasta las dificultades de un Estado deficitario e incapaz de obtener ingresos fiscales proporcionales a la riqueza acumulada en aquella coyuntura1. Contamos asimismo con estudios sólidos, por ejemplo, sobre la división de la opinión pública y de la intelectualidad en germanófilos y aliadófilos, o acerca de las iniciativas filantrópicas de Alfonso XIII2. Pero no abundan las visiones generales que integren los distintos aspectos de una realidad muy compleja. Entre las existentes destacan al menos dos. La más ambiciosa fue, quince años atrás, la de Francisco J. Romero Salvadó en su obra España 1914-1918: entre la guerra y la revolución, que ubicaba el caso español en el contexto europeo y, desde un enfoque materialista, vinculaba las repercusiones del conflicto mundial con la crisis de hegemonía de las elites oligárquicas de entonces3. Más recientemente, Miguel Martorell Linares, buen conocedor de la hacienda y de los partidos gubernamentales, ha sintetizado las investigaciones disponibles en un ensayo que localiza en la guerra las raíces de la quiebra de la monarquía constitucional4. Como en otros muchos países, en España la contienda marcó el fin del viejo universo liberal.

Ahora, con motivo del centenario de 1914, aparecen numerosos trabajos sobre el tema. Es previsible que, dentro de un tiempo, conforme progresen las conmemoraciones y se den a conocer las ponencias presentadas en los coloquios que las acompañan, el volumen de publicaciones engorde de un modo considerable. Pero esta cosecha inicial ha dado ya frutos más que significativos. Los tres libros que aquí se comentan suponen aportaciones relevantes, aunque de distinta naturaleza, al desbroce de las múltiples relaciones de España con la Gran Guerra, tanto de la influencia de esta sobre aquella como de las funciones que correspondieron al país en el escenario bélico internacional, poco exploradas hasta el momento. En el primero de ellos, Maximiliano Fuentes Codera analiza la movilización cultural que produjo el conflicto en el hervidero español y que tuvo como eje las actividades de los intelectuales y sus lazos con la política. El segundo, de Fernando García Sanz, define el lugar de España en la contienda desde fuera, a través de la documentación diplomática de los aliados. Y, en el tercero, Eduardo González Calleja y Paul Aubert mezclan ambas perspectivas, interna y externa, y centran su interés en los complejos nexos hispano-franceses. Los tres iluminan cuestiones cruciales…”

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