“Europa en un callejón ¿sin salida?”. Michel Aglietta y Nicolas Leron. Le Monde

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Desde su entrada en el Elíseo, Emmanuel Macron se ha encontrado sobre la mesa de su despacho con la cuestión que ha venido obsesionando a sus predecesores: ¿Cómo actuar con Alemania? Esta cuestión se convierte hoy en claramente política al estar en trance de desaparecer la protección de Europa bajo hegemonía americana. Esto es lo que parece haber comprendido el presidente francés, a tenor de sus primeros pasos en la escena europea; a su vez la canciller alemana da señales de apertura ante las propuestas francesas de un ministro de finanzas y de un presupuesto de la zona euro.

Efectivamente, el tiempo de las rupturas llega a gran velocidad al degradarse la situación geopolítica. Trump está rechazando a tres niveles lo que queda del orden internacional pilotado por los Estados Unidos: la solidaridad defensiva en la OTAN, el compromiso internacional contra la amenaza del cambio climático y las reglas del multilateralismo en los intercambios.

Esta nueva situación pone en evidencia como nunca antes la fragilidad del proyecto europeo. Y esto es porque, fuera de la órbita hegemónica de los Estados Unidos, Europa no es en la actualidad una potencia pública capaz de ser autónoma en un mundo conflictivo e inseguro. Angela Merkel ha sido la primera en recordarlo tras el G7.

Por otra parte, la falta de dirección política común responde a la impotencia económica para superar las divergencias internas en la zona euro. La incertidumbre acerca de las orientaciones presupuestarias y los impactos financieros mundiales que pueden desencadenarse, corre el peligro de transformarse en un mayor riesgo de la elevación conjunta de las tasas obligatorias americanas y del dólar que aumentaría la crisis presupuestaria en Europa. La vuelta de los pasados errores ante una nueva situación de crisis interna de la zona euro no haría sino amplificar el sentimiento de impotencia pública, que los ciudadanos soportan cada vez menos.

Poner las bases de una ciudadanía europea

Invertir en bienes comunes que incrementen la seguridad, aumenten el potencial de crecimiento, protejan el medio ambiente, relacionen los centros de investigación públicos y desarrollen un capital humano europeo a través de la intensificación de los intercambios Erasmus, es poner las bases de una ciudadanía europea. El presupuesto es el medio político que moviliza las finanzas y arrastra a los inversores privados.

Poner en común los recursos para producir bienes públicos europeos es beneficioso, económica y políticamente, para cada uno de los países miembros. Es bueno desde el punto de vista económico si su opción es un valor añadido europeo, además de que cada país pueda producir de forma separada; y es bueno desde el punto de vista político si esas inversiones para bienes comunes son resultado de proyectos escogidos por los ciudadanos a través de elecciones de alcance europeo.

La dimensión complementaria para construir las bases de una Europa política, indispensable para jugar un papel determinante en la construcción de un mundo multipolar pacífico, es hacer la Europa social visible a los ciudadanos. La inversión en capital humano es uno de sus principales componentes así como el establecimiento de una movilidad no solo “libre” sino también “equitativa”, de manera que se evite la competencia destructora de derechos sociales bajo el pretexto de la competitividad.

Se trata ya por tanto de construir sociedad en tanto que Europeos.  Es la política la que deberá resolver los problemas económicos, hasta ahora insolubles, de la convergencia de países de la zona euro y, entre otros, la culminación del euro.

El argumento democrático

Queda por convencer a Alemania. Sea cual sea el resultado de las elecciones alemanas hay que superar la obsesión de los enfrentamientos entre países excedentarios y países deficitarios, que está condenada a ser inaudible más allá del Rhin. En lugar del lenguaje contable hay que convencerse de que preocuparse hoy por los compromisos a largo plazo para la producción de bienes comunes es la condición para construir una Europa verdaderamente política y democrática en un régimen de crecimiento sostenible.

Para hacer esto primero hay que confirmar con Alemania y los otros socios que el método de los pequeños pasos, que fue el mecanismo de los comienzos de la construcción europea, constituye ya un callejón sin salida a más o menos corto plazo. Alemania es consciente de ello. Mucho más que las desviaciones a la regla del 3% ve cómo la democracia se corroe a su alrededor.

El temor a la elección de Marine Le Pen en Francia ha recordado a la opinión alemana que los valores comunes sobre los cuales se ha basado Europa constituyen un principio superior de pertenencia que reclama, aquí y ahora, un nuevo acto político fundador, como lo fueron la creación del mercado común y la institución de la moneda única. Así, solo hay dos saltos adelante posibles: el salto de la soberanía para establecer los Estados Unidos de Europa —ilusorio en el actual estado de la opinión pública— o el salto presupuestario a fin de conformar una verdadera potencia pública europea.

No habrá recuperación europea, y por tanto futuro de Europa, sin el regreso de la preeminencia de la política sobre la economía, del poder público sobre la regla, del núcleo —un presupuesto público para la zona euro— para dar validez al progreso institucional, con un ministro de finanzas de la zona euro.


MICHEL AGLIETTA es Consejero del Centre d’études prospectives et d’informations internationales , NICOLAS LERON es investigador del Centre d’études européennes de Sciences Po. Artículo publicado en el diario Le Monde el 12 de julio de 2017. La traducción es de Javier Aristu.