Génesis de la construcción de la base de Rota y su repercusión en Cádiz. Cuando Cádiz entró en el “mundo libre”. Rafael Garófano. Diario de Cadiz

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“En plena ‘guerra fría’ entre los bloques, el occidental y el comunista, cuando se fraguaban los pactos entre el Régimen de Franco y los Estados Unidos de Norteamérica, se organizaron en Cádiz unas curiosas actividades culturales y cinematográficas.

En el mes de julio de 1953, organizada por el Gobierno Militar de la Plaza, tuvo lugar en la sala de cine del Regimiento de Artillería una proyección de documentales de tipo castrense ofrecida por la Casa Americana de Sevilla. En dichas proyecciones se ofrecieron imágenes ejemplares sobre el entrenamiento de los cadetes en la Academia Miliar de West Point, diferentes exhibiciones de la Armada e imágenes sobre la biografía del general Eisenhower, presidente de los Estados Unidos.

Días después, el mismo equipo de cinematografía de la Casa de América proyectó documentales culturales en el Club de Tenis ante una selecta concurrencia. En el Observatorio Naval de San Fernando esta campaña ofreció documentales sobre el observatorio del Monte Palomar, sobre la luna y el sol, sobre huracanes y sobre la fabricación de cristales ópticos. En la Academia de Bellas Artes de El Puerto de Santa María se proyectaron documentales sobre caza, que fueron presentados por destacadas personas de la localidad. Ampliándose la ‘campaña cultural’ a Jerez y otras localidades de la provincia.

Pero si esta labor de propaganda se hacía en Cádiz desde el bando norteamericano, desde el Gobierno de Franco, mediante el órgano oficial de información y propaganda audiovisual del Régimen, el NO-DO, también se venía allanando el camino de la opinión pública a favor del acercamiento con los Estados Unidos, sobre todo con frecuentes reportajes de la guerra de Corea (con elogiosos comentarios sobre la actuación del ejército norteamericano contra el ‘bando comunista’), de maniobras militares, de actividades culturales (organizadas por la Casa de América y por la embajada de los Estados Unidos) y de visitas a los puertos españoles de buques de guerra norteamericanos.

Este último capítulo, el de las visitas a España de buques norteamericanos, posiblemente fuese el más eficaz, por lo que tenían de contacto directo y personal de las autoridades, los mandos militares y la población general con las dotaciones de los barcos. Para facilitar lo cual, en los barcos se organizaban visitas públicas y exhibiciones militares, y en las ciudades, actividades sociales y deportivas, excursiones y fiestas. Acontecimientos de los que la prensa se ocupaba con gran despliegue informativo y eran difundidos por todos los cines de España por el NO-DO, de proyección obligatoria.

Aunque ya en enero de 1952 hubo un masivo atraque de barcos norteamericanos de la VI flota en los puertos españoles del Mediterráneo, fue desde comienzos de 1953 cuando NO-DO empezó a registrar y difundir, a modo de ‘campaña’, las visitas a las ciudades portuarias españolas de los buques norteamericanos. Así, en enero de 1953, se pudieron ver en los cines de Cádiz los reportajes de NO-DO de las visitas de los buques norteamericanos a los puertos de Valencia y a Barcelona. En el caso de Valencia, las imágenes se acompañaron de las palabras del vicealmirante Thach, “expresando su deseo de que el presente año resulte venturoso para las relaciones entre Estados Unidos y nuestra patria”. En el caso de Barcelona, entre otras imágenes, pudo verse a los marines del crucero Columbus visitando la réplica de la nao Santa María anclada en el puerto, recalcándose el antiquísimo carácter de nuestra mutua vinculación naval. Imágenes que se acompañaron con las declaraciones del vicealmirante Cassady, manifestando que “el motivo de que los Estados Unidos mantengan una flota en el Mediterráneo es el de encontrar una nueva ruta hacia la paz mundial”. Dos meses después, en el NO-DO del 9 de marzo, se ofreció a los espectadores la visita a Málaga del buque escuela de la Armada norteamericana Charleston con doscientos oficiales y alumnos, que recorrieron la ciudad tomando contacto con su población.

Una nueva ‘invasión publicitaria’ realizó la VI flota sobre los puertos españoles entre el 5 y el 14 de septiembre de 1953, repartiendo el fondeado de sus escuadras entre los puertos de Barcelona, Valencia, Palma de Mallorca, Alicante, Cartagena, y los puertos andaluces de Málaga, Cádiz y Sevilla. Concretamente en Cádiz, la presencia naval norteamericana fue muy limitada: los dragaminas Towhee y Tercel, con una dotación conjunta de menos de 300 hombres. Antes de partir, los militares norteamericanos, como si de excombatientes de la guerra civil se tratasen, hicieron una ofrenda floral en la Cruz de los Caídos (junto a la balaustrada de la Alameda), donde una banda de música interpretó los himnos nacionales, en medio de una gran concurrencia de público.

Finalmente, en el NO-DO de 5 octubre de 1953 los espectadores gaditanos pudieron ver las imágenes de la firma de los acuerdos hispano-norteamericanos, celebrada el pasado 23 de septiembre, acompañadas por una voz en off: “A los diecisiete meses de conversaciones amistosas, que dan la medida del camino recorrido por España en el terreno diplomático, la gran nación norteamericana, de impresionante poderío económico e inagotable capacidad creadora, emprende una política realista con un acto de acercamiento que ha de tener trascendencia mundial. En el Pardo, el hombre que rige los destinos de nuestra patria, ha trabajado denodadamente porque la comprensión se impusiera, mientras la economía nacional, con gran escasez de medios, pero firme voluntad en el trabajo, hacía esfuerzos para impulsar la riqueza y el bienestar de su pueblo. Finalmente en el madrileño palacio de Santa Cruz, sede de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores, han cuajado los esfuerzos de amistad entre las dos naciones […] Estos acuerdos abarcan tres capítulos: convenio defensivo, ayuda para la defensa mutua y ayuda económica […] La amistad así sellada en el Palacio de San Cruz demuestra al mundo que entre dos países que coinciden en un camino común es fácil llegar a un acuerdo favorable para ambos, cuando en el empeño intervienen personas de buena voluntad y con un sentido pleno de la política, como el actual presidente de la nación norteamericana, general Eisenhower, y el jefe del Estado español generalísimo Franco. Debe España a Franco este triunfo diplomático que la lleva a sostener un papel de primer plano en la defensa de Europa occidental”.

Franco pretendía que hubiese sido un tratado entre los dos países, pero como terminaron siendo tres convenios parciales, estos los firmaron los ministros de Asuntos Exteriores y Comercio, por parte española, y el embajador de los Estados Unidos y el presidente de la Cámara de Comercio norteamericana en España, así como otras autoridades civiles y militares de ambos países. Para ‘arreglar’ la ausencia de Franco en la ceremonia, NO-DO, al principio del reportaje incluyó imágenes de la Casa Blanca, del Capitolio y del Palacio del Pardo, finalizando el mismo con imágenes de los generales Eisenhower y Franco, ambos con uniformes militares.

Los llamados Pactos o Acuerdos de Madrid consistían en tres convenios sobre suministro de material de guerra que Estados Unidos proporcionaría a España (cuyo ejército seguía con el armamento de la guerra civil), sobre ayuda económica (mediante créditos), y sobre defensa mutua, mediante el establecimiento de bases militares en territorio español.

Tanto en el texto de los convenios que publicó el Boletín Oficial del Estado, como en el discurso que Franco hizo en las Cortes el 30 de noviembre de 1953, no se habló de un protocolo adicional secreto de carácter militar que, de hecho, suponía para España la pérdida del control militar y jurídico de las bases militares que construyesen los americanos. Una cesión de la soberanía nacional que no se conoció hasta que, ya en democracia, en 1981, el historiador Ángel Viñas tuvo acceso y publicó el mencionado protocolo.

Estos acuerdos, sobre los han corrido ríos de tinta, tuvieron una enorme importancia sobre la política exterior y de seguridad de España. Nuestro país dejaba el lastre de su vinculación con el Tercer Reich (que su teórica neutralidad bélica no consiguió hacer olvidar), entrando en el “mundo libre del bloque occidental anti-comunista”, y se iniciaba el establecimiento permanente de bases militares extranjeras en el territorio nacional

En Cádiz, para celebrar la firma de este tratado, el domingo 31 de enero de 1954 el Club Cine Mundo organizó por la mañana una solemne función religiosa en la iglesia de San Francisco (aprovechando que también era la festividad de San Juan Bautista, patrono de la cinematografía española) y por la noche una velada en los salones del Centro Mercantil e Industrial donde se proyectaron varios documentales cedidos por la Casa Americana de Sevilla.

Seguramente porque se consideró insuficiente aquella primera visita naval a Cádiz, en junio de 1954 atracó en el puerto de Cádiz el crucero pesado CA-132, Macon. Un buque impresionante de la clase Baltimore, botado en Nueva York en 1943, con más de 200 metros de eslora y una tripulación de más de dos mil hombres.

Entre las actividades que se programaron para fomentar la amistad entre ambas naciones, además de permitirse la visita de los gaditanos al barco, se celebraron en dicho buque proyecciones cinematográficas para los niños. Más de cien niños acogidos en las instituciones Hogar Provincial de la Milagrosa y el Colegio de Huérfanos de Suboficiales de la Armada fueron invitados a pasar la tarde a bordo. Estos niños gaditanos, que cursaban sus estudios en la Escuela Primaria, presenciaron la proyección de diversas películas de dibujos animados y después fueron invitados a helados, refrescos, caramelos y chocolatinas. A la salida del buque todos los niños y niñas fueron obsequiados con un regalo.

Desde uno de los helicópteros del buque que sobrevoló la ciudad se hicieron fotografías aéreas, entregándose copias de una de ellas al Ayuntamiento y a los periódicos, siendo publicada en el Diario de Cádiz del 20 de junio de 1954. Aquel mismo verano, cuando el Ayuntamiento editó una colección de tarjetas postales para promocionar turísticamente la ciudad, una de las seleccionadas fue esta fotografía, en la que podía apreciarse, además del crucero norteamericano en primer plano, el obelisco y el edificio del Trocadero, ambos recién construidos y la arquitectura efímera montada en la plaza de San Juan de Dios para el día del Corpus.

Los subsiguientes acuerdos, sobre cómo y dónde se construirían las bases militares, se hurtaron a la opinión pública, hasta tal punto, que cuando el 10 de noviembre de 1954 llegó a la Zona Franca de Cádiz el primer tren con material norteamericano para la construcción de la base de Rota, para lo que RENFE tuvo que construir con la máxima urgencia un ramal ferroviario, el Diario de Cádiz, que informó de los hechos, no pudo ni mencionar al municipio de Rota. Comentando de forma genérica que era “material norteamericano para construir bases españolas”.

No obstante, la publicación del decreto de 29 de octubre de 1954 (BOE del 7 de noviembre de 1954, nº 311), en el que, a los efectos de la expropiación forzosa de los terrenos, se declaraba de urgencia la construcción de la base aeronaval de Rota, posibilitó al Diario de Cádiz del día 13 de noviembre ofrecer la noticia en primera plana, aunque escuetamente y sin comentarios.

Al día siguiente de que se conociera la noticia (como un reloj) llegó al puerto de Cádiz, en la motonave Guadalupe, un cargamento de 500.000 kilos de leche en polvo procedente del donativo que (también como un reloj) hacían a España las Asociaciones Católicas de Caridad norteamericanas. Un donativo que, con carácter de permanencia, llegaba al puerto de Cádiz para cubrir las demandas de Andalucía occidental, quedándose 75 toneladas en la Diócesis de Cádiz, de las que se hizo cargo la Delegación Diocesana de Caritas Pro-Infancia, poniéndose en contacto para el reparto con las asociaciones de caridad, los centros de beneficencia y la Alcaldía de la capital. Aquella rareza americana venida del futuro, el alimenticio líquido blanco en polvo sólido, cayó como un eclesiástico maná en muchas barriadas gaditanas, ya oficialmente sin racionamiento pero muy severamente subalimentadas.

La inteligencia norteamericana consideró que también sería conveniente establecer en Cádiz una Casa Americana, la séptima que cronológicamente se fundaba en España. Una institución que desarrollara una actividad cultural y propagandística de forma permanente. Por acuerdo entre el Ayuntamiento y la Embajada norteamericana, se firmó un contrato de arrendamiento para que esta ocupase la planta principal del edificio de los Servicios Municipalizados, anexo al Cine Municipal (el actual Centro Integral de la Mujer, en la Plaza del Palillero), en la que se hicieron importantes obras de adaptación.

En la mañana del 15 de julio de 1955 llegó a Cádiz el embajador de los Estados Unidos Mr. Davis Lodge, acompañado de su esposa y otras personalidades de su embajada, con la intención de inaugurar la Casa Americana. Pero, como lo primero era lo primero, después de visitar el Ayuntamiento, embarcó en el yate particular del señor alcalde rumbo a Rota, donde el Sr. Carranza le ofreció un almuerzo de carácter privado en una finca de recreo de su propiedad. Seguidamente ‘los excursionistas’ giraron breve visita a la villa de Rota.

Tras regresar de Rota, a última hora de la tarde, Mr. Lodge y su esposa, acompañado del alcalde, se trasladaron a inaugurar la Casa Americana, siendo recibidos en la puerta del local por su directora, la señorita María Pemán Medina (persona de gran formación académica, hija de César Pemán y sobrina de José María Pemán, factótum en la política y cultura oficial del Régimen).

En medio de una gran concurrencia y la presencia de todas las autoridades locales y provinciales, el embajador pronunció unas palabras en la que destacó que el objetivo fundamental de estas casas era “servir de foco amistoso en que españoles y norteamericanos puedan llegar a entenderse en el campo humano y cultural […] En su recinto, poblado de libros y revistas, falta el formalismo y la ceremonia de los centros oficiales. Aquí pueden entrar jóvenes y ancianos como si fuera su propia casa y aquí encontrarán amigos españoles y norteamericanos. Patrocinados por las Casas Americanas, se ofrecerán de vez en cuando conciertos de música, exhibiciones de arte, de fotografías y de películas que muestren nuestra manera de vivir. Verán ustedes que estas actividades no constituyen una propaganda oficial y pesada, sino una manera de establecer vínculos necesarios entre las culturas de los dos países”. Tras repasar los lazos históricos y culturales que unían a Cádiz con América y, en particular, con los Estados Unidos, Mr. Lodge expresó que “ahora, Cádiz se acerca otra vez a América. España y los Estados Unidos construyen su baluarte defensivo contra los enemigos de nuestra tradición occidental y cristiana. En esta tarea la bahía tiene su importantísimo papel”.

A la mañana siguiente, Mr. Lodge, acompañado por el general August Kissner y otras personalidades, marcharon a Rota para efectuar una visita a las obras de la base aeronaval. Tras el almuerzo en el palacio de los Infantes de Orleans, en Sanlúcar, se trasladaron al aeropuerto de Jerez para regresar a Madrid.

Dos meses después de su fundación, la Casa Americana en Cádiz ya era un éxito total. Sin haber iniciado aún el programa de actividades (que más adelante se realizaría de forma amplia y diversificada), el centro ya se acercaba a los 1.500 afiliados de todas las edades y profesiones, funcionando diariamente la confortable sala de lectura y el sistema de préstamo de libros y revistas, en español y en inglés. Su directora, María Pemán, manifestaba que el pueblo de Cádiz “había sabido responder con el mayor afecto a esta prueba de generosidad de la gran nación americana”. Para celebrar conciertos, proyecciones y otras actividades, el Ayuntamiento firmó un acuerdo de cesión del salón del grupo escolar Jaime Balmes (en la calle Arbolí), con una capacidad para más de quinientas personas.

La Casa Americana realizó sesiones de proyección de documentales en colaboración con los dos cine-clubs pioneros que por entonces funcionaban en la ciudad, el Cine Club Universitario, del SEU, y el burgués y festero Club Cine Mundo, auspiciado por la revista cinematográfica de igual nombre. Lo que no impedía que también se celebrasen proyecciones de documentales en la biblioteca de la propia Casa Americana. Como las celebradas semanalmente, en sesiones temáticas (La televisión asignatura universitariaPor tierras de ArkansasHistoria del conflicto coreano, el átomo y la energía atómicaLas grandes orquestas norteamericanas, etc.) durante el verano de 1956.

Pero la amplia actividad cultural desarrollada por aquella Casa Americana no le valió su continuidad y dos años después, el 1 de agosto de 1957, cerró sus puertas definitivamente. Como la base aeronaval de Rota se había inaugurado oficialmente el 4 de octubre de 1956, la Casa Americana de Cádiz ya había cumplido perfectamente su función. Afortunadamente, aquel espacio que ocupó la Casa Americana, su equipamiento y gran parte de su biblioteca fue reutilizado por el Ayuntamiento de Cádiz con la creación de la Biblioteca Municipal José Celestino Mutis, abriendo nuevamente sus puertas, bajo la dirección del bibliotecario municipal Guillermo Perea, en 11 de marzo de 1958.

Para terminar de popularizar el agradecimiento a los norteamericanos (que por la Bahía no pasaron de largo, como en Bienvenido, Mister Marshall) el Ayuntamiento de Cádiz nombró a la hija del embajador, Beatriz Lodge, reina de las Fiestas Típicas de 1958.

Cádiz se había integrado con un protagonismo especial al ‘mundo libre’, pero los gaditanos, como españoles, no veían más libertades que las que, por despiste de la férrea censura del Régimen, se colaban en las evasivas películas de los cines abarrotados”.

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