Gregorio Morán: “Gabriel Rufián es un quinqui llegado a la política”. Pedro Simón. El Mundo

Gregorio Morán (Oviedo, 1947) llega a la cita con su inseparable sombrero, una bufanda marrón, un chaleco, un abrigo, ganas de hablar, pasos lentos, hambre de dulce y un ejemplar de Le Monde enrollado en el bolsillo. Asomando enhiesto como si fuera una pequeña escopeta de papel y saliésemos los dos de caza.

Morán, las palabras y la caza. Eso es.

En el salón del escritor y periodista debe de haber una nutrida colección de cabezas que se ha ido cobrando a lo largo de sus libros. Allí donde hay una hagiografía, Morán levanta la escopeta de papel pensando en la taxidermia. La cabeza de Adolfo Suárez. La de Ortega y Gasset. La de García de la Concha. La de Carrillo. La de tantos otros… Acaba de reeditar su Miserias, grandeza y agonía del Partido Comunista de España (Akal) y en esta conversación Morán se cobrará otras piezas.

Como Miguel Hernández, el escritor y periodista afincado en Barcelona -un intelectual que no se calla nada- llega con tres heridas. La de la vida (el problema catalán), la de la muerte (le dio un infarto en julio) y la del amor (La Vanguardia le despidió por un artículo en el que llamaba corrupta a la Generalitat).

Lo primero que quería saber es qué tal está la herida del corazón…
De salud voy bien. Lo que anda mal es lo que rodea la salud. Y eso afecta.
Lo segundo es saber qué tal andan las heridas del ama…
Brrrrr. Unamuno decía aquello de: «El alma, en el almacén…» Pero aquí en Cataluña la situación nos pone a todos al borde de un ataque de nervios. No hay ninguna salida previsible y todo es empeorable… Cuando yo vine a Barcelona, después de tropecientos años en Madrid, era una ciudad tranquila, donde se paseaba, donde se estaba tranquilo y no pasaba nunca nada más de lo que tú pudieras provocar. Sin embargo, en este momento es todo lo contrario. La sociedad se ha tensionado de un modo importante. A mí me echaron del periódico por criticar las instituciones… Hasta el barrio en el que vivo, el Guinardó, donde nació Marsé, se ha convertido en un sitio difícil e insólito. Y no precisamente por la inmigración, sino porque la gente razonable se ha ido. Hay una diáspora real de la inteligencia en Cataluña.
¿A usted qué le ha roto el alma últimamente?
Encontrarte con una sociedad en la que ha salido lo peor de sí misma. Eso te parte el corazón, el alma y el bolsillo. Quien salga una noche por Barcelona lo ve: donde antes había gente a cenar, ahora hay restaurantes desangelados. La gente se ha vuelto más cauta con el dinero. Las relaciones sociales se han deteriorado mucho. Yo tengo, tenía, amigos a los cuales es imposible tratar. Esto en una sociedad mediterránea es insólito… Ese mundo tranquilo con clima benévolo ya no existe. Ahora el clima es hostil. Hay trincheras. Y es muy difícil vivir con trincheras.
¿Nunca el poder económico tuvo tan embridado a los medios como ahora?
Esto es un problema general de España. Yo no me canso de decir que nosotros tenemos los peores medios de comunicación de Europa Occidental. Lo que queda son los restos del naufragio. La instrumentalización a la que se sometieron los medios de comunicación durante la Transición tuvo unas consecuencias que se están pagando ahora. No hay ninguna empresa que no sea deficitaria. Además, hubo un tiempo en el que a los tiburones de los medios les dio por tener una querida carísima que era la televisión, que les ha arruinado. Sin haber disfrutado de ella. Yo creo que el control de los medios en el caso catalán es más simple y más complejo. Aquí la manipulación es descarnada. TVE es lo que ha sido siempre, una correa de transmisión del poder. Pero hay que reconocer en su honor que tiene unos profesionales que fueron capaces de hacer un documento protestando contra la manipulación de sus jefes. Aquí ocurre lo mismo, pero no hay un grupo de periodistas que haya reaccionado. Es más: una de las cosas más llamativas que me ocurrieron en La Vanguardia en su última época es que los seis miembros del comité de redacción firmaron una carta y se la mandaron al director pidiéndole que censurara mis artículos. Algo que no pasaba ni en el franquismo.
En su caso, ¿qué han intentado que no diga?
Ellos consideraban que mi desdén hacia las instituciones respetables que les pagaban a ellos quedaban afectadas por mi sarcasmo. Aquí la pleitesía de los periodistas con el poder es absoluta desde la época de Pujol. La manipulación del poder en la prensa capitalina, me refiero a Madrid, es considerable, pero no hay que olvidar que Pujol se hacía entrevistas a sí mismo. Escribía las respuestas, pero también las preguntas. Y además titulaba él. En todos los medios que quería. No voy a entrar en detalles porque todos los periodistas están vivos. Y son esos que defienden la libertad de expresión por encima de todas las cosas. Tragaban con eso y con muchísimo más. Además, Pujol decía el día: «Eso lo sacáis en domingo».
¿Hay mucho fascista suelto?
¿A qué llamamos fascista? Fascista es el que no está dispuesto a admitir al otro. Las cosas siguen siendo igual que antes o peores, pero las palabras carecen del significado de antes. Se piensa que un fascista en Cataluña es distinto a un fascista en Oviedo, esto es un error. Un fascista es un fascista aquí y allá, y se caracteriza por la ruptura del consenso democrático. Lo que pasa ahora es que juegan a ver quién es más rápido en sacar el Colt. Si yo te llamo a ti fascista tú ya no me puedes llamar fascista, porque sería una contradicción. Mira, otra de las falacias de la actual situación de Cataluña es eso que dicen los independentistas de «somos pacíficos». Eso lo dice sobre todo Oriol Junqueras, que es como un abad de monasterio antiguo. «Nosotros somos los buenos y ellos son los malos». «Nosotros somos pacíficos y ellos son violentos». Te pueden llenar la boca de flores, pero te ahogan igual. Te lo van embutiendo hasta que no puedes respirar… Como Forcadell, que parece salida de un convento. Esa es la gente que luego te quema.
¿Qué es lo más desconcertante de lo que lleva visto?
Que el grupo revolucionario más importante de Cataluña, la CUP, se preocupe de pinchar las ruedas de las bicicletas públicas para protestar contra el turismo, es un chiste de Charlie Hebdo. Estos son una panda de impresentables que comen butifarra amb seques [con judías] y se ponen la barretina de vez en cuando o se visten alternativamente. Las palabras carecen ya de sentido: unos revolucionarios que pinchan ruedas y no hay un descojone general. Hacen una asamblea para aprobarlo y todo. Como aquella película de los Monty Phyton que estos no vieron. Estos chavales de la CUP no es que no hayan matado al padre, sino que no han matado ni a la cocinera del padre. Es más bestia: siguen yendo a comer a casa. Porque la escudella que les hace la criada no se la hacen en ninguna parte. Mira, un análisis de una figura como Ada Colau llevaría a consecuencias terribles. La primera y más obvia: estamos en una situación muy compleja provocada por amateurs. Todo es de un amateurismo aplastante. No se valoran las consecuencias de nada.
¿En qué cree usted?
Hasta fecha muy reciente creía en los amigos y en una sociedad civilizada. Ahora sólo quiero que me dejen en paz.
¿Dónde están los suyos?
Desde hace muchos años no hay míos. Mi experiencia militante termina el día en que descubro que si ganan los míos [era miembro destacado del PCE], pierdo yo. Entonces me aterrorizaba la idea de que ganaran los que yo conocía muy bien. Que ganen estos entonces del procès, fíjate. Representan la versión 2.0 del carlismo.
Si tuviera que elegir que le llamaran progresista o reaccionario, ¿qué preferiría?
Me producen rechazo ambas etiquetas. He visto tanta gente cruzar la barricada del progresismo a la reacción y (bastante menos) al revés: de la reacción al progresismo… Me siento heredero de los valores de la Ilustración.
¿La fractura interna de Cataluña es tan grande como se dice o se exagera novelescamente desde fuera?
Es real. No es bueno que esos que nos llaman fascistas y nos insultan y se comportan como totalitarios un día descubran que son totalitarios de verdad. Eso es terrible. Eso es volver a sacar la bicha del nacionalcatolicismo. La xenofobia. El odio al otro… No es lo mismo que te ubiques en un lugar que no es el tuyo a que asumas perfectamente que eres un cabrón xenófobo, un blanco del sur de los EEUU racista y malencarado. ¿Por qué en España no hay funcionado un partido de extrema derecha? Porque la extrema derecha está subsumida en diferentes sitios y, sobre todo, no tiene conciencia de sí misma. Si tú se la das puede ser terrible… Habría que ver lo que están haciendo en Vic. Se ha instalado en la plaza mayor una cárcel con cuatro rejas donde los habitantes pueden sufrir, les dicen, lo mismo que sus líderes políticos. Por horas. Como en una atracción. Les animan a hacerlo. Tienen un timbre para el socorro por si alguien se siente mal, eso sí… Hay que estar dos horas para que den el jubileo. Esto es otro chiste de los Monty Phyton. Una gilipollez reaccionaria. Vamos a flagelarnos como un catolicón. Como un autocastigo. Como en la Inquisición.
¿Todo comenzó cuando empezaron a tocarle los cojones a Pujol?
Ellos piensan que el PP es un partido corrupto, pero Convergencia no… La idea de Franco es que él había hecho mucho por España y era lógico que él se quedara con algo. Pues estos igual. Lo que ha pasado aquí es una responsabilidad en primer lugar de la clase política española. A Pujol le bailan el agua primero Felipe González y luego Aznar. No hay que olvidar que Aznar quita la mili porque se lo piden CiU y PNV. Cuando Pujol sale al balcón de la Generalitat y dice aquello de «a partir de ahora seremos nosotros los que hablaremos de honor y dignidad», él ya tiene el botín. Y lo que está haciendo es agrandar el botín. Lo del Caso Palau fue muy bestia. Como en El Padrino, todos en torno a una mesa, reunidos para repartírselo todo. Garantizando su supervivencia. Porque el Padrino repartía entre sus tropecientos hijos. El Caso Palau es el retrato de esa sociedad, cuyo único adversario hace la revolución pinchando la rueda de las bicicletas.
Usted ha escrito sobre el Movimiento Nacional de Cataluña y sus medios. Imagino que usted también percibe esto en Madrid. Por ser justos.
Sí. Pero que yo sepa no hay ningún empresario vinculado al PP que haga patriotismo; hacen negocios sin más hostias. Aquí es la desvergüenza de además decir que están haciendo patria. Hay que ser jeta. Eso te da una buena conciencia que de la otra manera no tienes. Aquí, en Cataluña, si no piabas, pillabas.
¿Usted pio?
Pie.
Y no pilló.
No pillé… Aquí varios periodistas se marcharon. Otros están en el dique seco. Y luego están los comederos. Los hay en Madrid, en Valencia, en todas partes. Y aquí en Barcelona, periodísticamente, es un comedero permanente. El Ara, el Punt Diari... Vete a un hospital y mira los fajos de periódicos que hay por la mañana. Los que se regalan a la gente. Subvenciones que se dan en función de lo que imprimes. Así tiran con pólvora de rey. Tu dinero y el mío.
¿Cree que están en la cárcel todo los que son? [Se come una pasta y tarda en contestar. Niega con la cabeza] ¿Son todos los que están? [Sigue masticando. Asiente].
[Traga al fin] Para que estén en la cárcel todos los que son se necesita una revolución. No pinchar ruedas.
Y por si faltaba algo ahora tenemos a los rusos.
Es como un tebeo de Mortadelo y Filemón. Un remake de Ibáñez: los rusos apoyando el carlismo, Assange diciendo boberías, en fin… De fondo está la liquidación de la izquierda, que en el fondo es una automutilación. El momento en que se vende por un plato de lentejas. Pero ojo, se vende por un plato de lentejas con chorizo, con jamón… Hubo un desplazamiento clarísimo hacia quien tenía el poder. Había quien estábamos en la política por razones éticas. Y había otros que estaban por el poder. En el caso de Cataluña el que concedía el aval del poder era Pujol. Rosa María Sardá, por ejemplo, ha hecho un gesto de un valor temerario: devolver la medalla de la Generalitat. La letra pequeña es muy divertida. El único premio que merece la pena en España es que te den la Cruz de San Jordi [sarcástico]. Porque aunque no está dotado, creo, te pagan las esquelas cuando te mueres… Tus hijos no tienen que soltar un puto duro. Pues bien: la Sardá ha incidido especialmente en que no quiere esquelas.
¿Algún pero con la tecnología?
Llego tarde. Mi mujer me lleva cosas. Yo no tengo móvil y ella sí. Esas cosas. Para mí el ordenador no es más que una sofisticada máquina de escribir. Pero sí te diré algo con respecto al periodismo: el futuro está en los digitales. Pero el poder está en el papel. Por lo tanto el que controla el papel controla los digitales y a la opinión pública.
¿Al final le suenan a lo mismo los jóvenes políticos?
No. No creo que sea comparable un Rufián a un Pablo Iglesias, por ejemplo. No se parecen en nada, ni en la formación, ni en la forma de actuar… Rufián es un quinqui llegado a la política. Lo cual demuestra que la política puede reciclar a un quinqui. No está mal. Eso lo hemos conseguido entre todos… Iglesias es otra cosa. Podemos tiene la dificultad del nacimiento: es el primer grupo político que nace de un departamento universitario. Y eso marca para bien y para mal. Con él tengo una buena relación. ¿Qué une a Levy, Rufián, Errejón, Rivera, Iglesias, Rufián? Cierto amateurismo.
¿Qué proyecto político le ilusiona a usted más?
Ninguno.
¿Ha votado en las últimas elecciones?
No. Llevo tanto sin votar… Después de votar a Tierno para la Alcaldía no volví a votar. A mí en los referéndums del franquismo me decían: «Bueno, pues si quieres vota no, pero vota». Y yo: «No quiero votar no. No quiero votar. Y punto».
Se acaba de reeditar su clásico sobre el PCE. ¿Queda algo del comunista que fue?
La experiencia. La lucha contra la dictadura [se come otra pasta]. Semprún me decía: «Gregorio, hubo una conspiración de silencio contra tu libro cuando salió». Y yo: «Qué mas hubiese querido yo. Lo que pasó es que cuando salió no le interesaba nadie».
En ‘Anatomía de un instante’, Cercas habla de la ética de la traición. De cómo la Transición fue posible gracias a una triple ética de la traición: la traición de Carrillo al PCE, la de Suárez al Movimiento y la de Gutiérrez Mellado al Ejército. ¿Cómo lo ve usted?
Cercas tiene la capacidad de escribir sobre lo que no sabe. En Soldados de Salamina su imagen de Sánchez Mazas está absolutamente equivocada. Si uno se inventa un personaje se lo inventa, pero no puede suplirlo por uno de carne y hueso. Sánchez Mazas era un fascista sin dudas. Lo decían hasta sus hijos, que le conocían bastante mejor que yo. Eso de la ética de la traición de Cercas me parece una parida. Es como si hubiera dos elementos: ¿qué es lo contrario de la traición?, ¿la fidelidad? ¿a qué? ¿Cuál era la fidelidad de Carrillo, de Suárez o de Gutiérrez Mellado? El poder. Establecer un juicio ético diciendo qué buenos fueron estos que traicionaron… Ninguno de estos se traicionó a sí mismo. Al contrario. Hay una coherencia brutal. El poder. Esto de las tres traiciones suena a bolero.

Detrás de una versión oficial, siempre hay una perversión extraoficial.
 Están muy buenas estas pastas, eh… [Coge otra] Sánchez Mazas es único. Pero la ignorancia de Cercas es tal que le pone como dudando… Pero Mazas no dudó nunca. De nada. Era un fascista de tal envergadura que, en el año 65, si la memoria no me falla, visita al Caudillo para decirle que la pena que le ha puesto a su hijo es demasiado leve. Es un canalla. Cercas se atreve a hacer esto con Mazas, no se atreve a hacerlo con Goebbels.
¿Qué le sugiere toda esa gente que está tratando de buscar los restos de sus ancestros de la Guerra Civil?
Fíjese que esta batalla la han dado los nietos, no sus padres. Eso significa que hay una generación castrada. La que va entre los heróicos luchadores por la República y sus nietos, que son gente de honor y dignidad. Con Felipe González se podría haber conseguido, ¿no? Pero no hubo entonces ninguna presión social.
¿Qué opinión tiene de Felipe González, por cierto?
Es un personaje. Cada vez me interesa más. Como para hacer algo. Ha mejorado con el tiempo. A diferencia de Aznar, que ha perdido.
¿Rajoy es un poco el portero que nunca se tira cuando le lanzan el penalti?
Sí. Y las para. No es una inacción que yo atribuya al gallego. Sino al registrador de la propiedad. Un registrador registra. Sabe lo que valen las cosas. Pero es de una lentitud exasperante. No para los que no le votamos ni le votaremos. Sino incluso para los afines.
En ‘El cura y los mandarines’ usted ajusta cuentas con la cultura y específicamente con la RAE. ¿Por qué le molestó tanto a Víctor García de la Concha?
Conocí a García de la Concha cuando yo llevaba pantalón corto, en Oviedo. Con 10 años. Él era el magistral de la catedral… García de la Concha es un hombre que ha hecho ganar muchísimo dinero a Planeta. Y eso tiene mucho mérito. La Academia es una logia. Y lo demuestra el hecho de que se incorpore la vez a Cebrián y a Anson: esos equilibrios de logia… Pero claro, García de la Concha fue el que decidió que fuera Planeta el que editara y distribuyera el diccionario de la RAE. Que son millones de ejemplares… En mi libro no llegué a llamarle idiota, pero casi. Es un personaje de una ignorancia absoluta. De alguna manera hizo suya una tesis doctoral que no era suya. Toda su vida es una trampa. Ahora dice que no fue cura, pero si te vi yo…
Si yo le digo Cebrián, ¿la primera palabra que le sale es académico?
No. Cualquiera menos esa. Cebrián quedará como uno de esos personajes que representa la transición de la nada a la miseria más absoluta.
¿Puigdemont?
En otra situación sería un personaje divertido. Él es alcalde de Gerona por corrimiento de escala. Nada más.
¿Los Jordis?
Es una pena que no canten. Harían algo interesante. Un dúo con futuro. Como Los del Río.
¿Pedro Sánchez?
No me parece creíble. Hay una fragilidad en el personaje. Necesita tiempo para que se consolide.
¿La vicepresidenta Soraya?
Se está haciendo con el poder. Estoy convencido de que nunca nadie la consideró como un adversario peligroso. Esto suele ocurrir: cuando descubres que tu adversario es peligroso ya es demasiado tarde.
¿Conde de Godó?
No le conozco. No he hablado con él en mi vida. Tomara o no tomara la decisión de echarme, él la avaló.
¿Le han llegado a llamar algo por la calle?
[Mastica una pasta. La última] Por mi carácter, por tener fama de tener mala leche, posiblemente justificada, la gente te aborda en paralelo: «Mira, ahí va ese hijo de puta». Para que lo oigas. Pero tú no tienes por qué darte por aludido. Gente que te dice: «¿Por qué odias tanto a Cataluña?». Yo les digo que soy catalán voluntario y que ellos ni siquiera optaron. Con lo cual lo mío tiene más mérito. También te diré que hay más personas que te paran amablemente y te dicen: «Le leía. Aunque no siempre estaba de acuerdo con sus artículos». A estos les digo: «Me pasa a mí lo mismo».

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