«‘Hora de España’: la gran revista de la Guerra Civil en la zona republicana» de Pedro García Cueto, en fronterad

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“La revista Hora de España surgió en Valencia a raíz de las reuniones que celebraron en casa de Juan Gil-Albert intelectuales como Rafael Dieste, Moreno Villa, León Felipe, Arturo Serrano Plaja y otras importantes figuras de la época. La financió Carlos Esplá, que era entonces titular del Ministerio de Propaganda. La idea de crear la revista fue de Rafael Dieste y el título lo puso Moreno Villa. La revista tuvo su vigencia dos años y medio, llevaba topográficamente la firma de Manuel Altolaguirre y las viñetas de Ramón Gaya.

La importancia de Hora de España se centra en la participación de amigos de Gil-Albert (Alcoy, Alicante, 1904-Valencia, 1994), que formarán parte luego de los compañeros de su exilio americano. Fue en 1937 donde encuentro los artículos más interesantes de la revista, sin que desmerezcan los publicados el siguiente año.

La firma de Juan Gil-Albert aparece en artículos como el que le dedica a Octavio Paz, amigo del exilio, pero cuyo encuentro había ocurrido antes con motivo del Congreso que se celebro por parte de los intelectuales antifascistas en Valencia (en aquellos momentos, capital de la Segunda República).

Resulta curioso detenernos en las líneas que dedica a los poemas de Octavio Paz: “Es curioso que en cambio los poemas de Octavio Paz, no me hicieran volver hacia su tierra natal la imaginación o el pensamiento, y que fuera España misma, la que parecía hablarme a lo largo de sus virginales estrofas de juventud, y Bajo su clara sombra creí percibir a Garcilaso, escuchando gratamente” (Tomo III, 1937, p. 75).

Esta percepción de la poesía de Paz como genuinamente española nos llama la atención, pero no tanto si pensamos que para el escritor mexicano la influencia de la literatura renacentista y barroca española ha sido fundamental a lo largo de su vida. Pero el escritor de Alcoy se fija también en la importancia que tienen los versos de Paz que se refieren a España como compromiso ideológico con la Segunda República. El escritor de Alcoy no elude la felicidad que representa la emoción de esos versos, exentos de oportunismo político, sino henchidos de amor y admiración al pueblo español:

“Los poemas que dedica a los españoles no quiebran la línea de inspiración de esas trémulas palabras de amor que le preceden, y en virtud de la cual sabemos, que el que entona aquí su asombro, su lamento y su esperanza con nuestro pueblo, es un joven enamorado al que algunos se permitirán tildar de indiferente hacia otras realidades menos íntimas” (p. 76).

Para Gil-Albert todo ello denota un error importante, ya que el amor de Paz es el de alguien que quiere a la causa revolucionaria y está a favor del progreso que han hecho derribar los golpistas.

En Memorabilia nos dará una magnífica descripción de la fisonomía de Paz, de esa entrega que el poeta mexicano tiene no sólo a su tierra sino hacia todo aquello que lo conmueve…”

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