“Italia y la nueva barbarie”. Javier Aristu. En campo abierto

Nuestro amigo Steven Forti ha utilizado una expresión conocida, pero terrible, para definir lo que ha pasado en Italia ayer domingo: terremoto. Efectivamente, la tierra ha temblado y una parte muy considerable del edificio institucional italiano ha sido destruido. En su urgente análisis publicado en Contexto aporta suficientes elementos para comprender la gravedad de lo que ha pasado. Algunos hablan ya de una Tercera República. Los engranajes sobre los que se sustentó en los últimos veinte años la política en esa península están destruidos. Ya antes, con la desaparición de la Democracia cristiana y el Partido comunista, se habían volatilizado las artes políticas que gobernaron y dirigieron Italia desde 1945 hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. Ayer se derrumbaron las de los últimos veinte años. Creo que pocas personas conocedoras de la política estarán en condiciones de saber lo que vaya a pasar a partir de ahora. Un terreno ignoto, desconocido y alarmante se abre. El problema es que analistas y conocedores venían avisando desde hace tiempo de lo que podía ocurrir.

Lo de Italia viene a coincidir –sin ser exactamente igual, evidentemente– con fenómenos políticos y electorales de los últimos cinco años en otros países, especialmente del Sur europeo. En España se produjo el vuelco electoral de 2015 que sin ser un terremoto apuntó ya claramente a un desgaste del sistema político tradicional desde 1978; en Francia se hundieron los exponentes de la derecha tradicional y de la izquierda socialista a favor de un referente que, en las propias palabras de Macron, no era “ni de derecha ni de izquierda” . Y en Alemania acabamos de asistir a un cierre provisional de una profunda crisis política, que es crisis de proyecto europeo. En resumen: en los tres países del Sur más densos en población y más potentes en economía nuevos sujetos políticos y electorales están sustituyendo a los antiguos protagonistas y una sensación de crisis profunda y constante está atravesando sus sociedades y la conciencia de sus gentes. El desempleo, los cambios productivos, el envejecimiento de una parte de la población que se ve agredida en sus estatus económico (pensiones) y la marginalidad productiva y social del componente más joven, amenazan la cohesión y la solidaridad de las antaño sociedades inclusivas.

Hoy un nuevo discurso anti inmigración, anti refugiados y antisolidario ocupa el lugar  de la inclusión. En Francia es Le Pen, en Italia es Salvini. En España todavía no visualizamos esas representaciones políticas de una nueva extrema derecha populista pero ya comenzamos a percibir una deriva demagógica y sectaria en algunos partidos. El independentismo en Cataluña ¿no podría dar pie a que de su seno surgiera una fuerza política que basándose en “el pueblo” construyera ese mismo discurso “anti extranjero” que vemos hoy activo en Francia e Italia (y en Hungría, y en Polonia, y en otros países del Este)? ¿Quién nos garantiza que no se refuerce en algunos partidos españoles ese lenguaje que ve al extranjero (al extranjero pobre) como la causa del mal?

Lo de menos es que la socialdemocracia (Partidos socialistas franceses, italianos, españoles, alemanes) pierda apoyos. Es igual de importante que, tras esos partidos gubernamentales y hasta ahora sostenedores de un modelo de Europa, se debilitan o se hunden los partidos a su izquierda (Mélénchon, la izquierda fuera del PD en Italia, IU en España, Die Linke, etc.). Es decir, el juego ya no es, como en los vasos comunicantes, que pierda “el reformista” para que gane “el revolucionario” de la verdadera izquierda: ambos están fracasando y están siendo sustituidos por unas nuevas formaciones que bajo el escudo de “la innovación o el desguace de la vieja política” están abriendo paso y dando cobertura a una etapa que me atrevo de calificar de barbarie.

No estamos en septiembre de 1914 (Primera Guerra mundial), ni en el fin de Weimar o el comienzo de la 2ª guerra de 1939 pero hay datos para pensar que esta segunda década del siglo XXI está abriendo espoletas que pueden estallar en un futuro. Con consecuencias sociales graves y dolorosas para millones de personas.

Y, mientras, la izquierda (?) europea baila la conga.

Italia y la nueva barbarie