JxCat, enésima metamorfosis. Lola Garcia. La Vanguardia


Lola García

LOLA GARCÍA

Directora adjunta

El espacio político que un día ocupó CDC ha sufrido convulsas transformaciones en los últimos años como consecuencia del procés independentista. Y va a seguir por esos derroteros en los próximos meses.

Artur Mas tiene previsto verse hoy con Carles Puigdemont en Waterloo para abordar el futuro de una fuerza política que ha ido diversificando su marca hasta el punto de diluir su identidad y dificultar su reconocimiento. Convergència se transformó en el PDECat, después este partido se cobijó bajo el paraguas de Junts per Catalunya y, por el camino, surgió una competencia amiga bajo el nombre de la Crida, que no ha conseguido el impulso que Puigdemont, desde Bélgica, y Jordi Sànchez desde la prisión, esperaban.

Ante la dispersión de nombres, las desavenencias entre dirigentes y la falta de directrices ideológicas y estratégicas claras, voces del partido de distinto signo han reclamado a Mas que se implique y ponga orden en una casa que está patas arriba, con vistas a afrontar con mínimas garantías las próximas elecciones catalanas. Una tarea digna de Marie Kondo.

A priori, casi todos están de acuerdo en dejar que el PDECat se diluya en Junts per Catalunya, que se erigiría como fuerza principal. JxCat es una marca registrada como partido que pertenece al PDECat, pero no tiene una estructura organizativa propia. Se trataría de montarla y situarla como la marca pública. Tanto Mas como Puigdemont muestran su disposición a colaborar para hacer viable una cierta integración de las diferentes sensibilidades, pero lo cierto es que sus concepciones sobre lo que hay que hacer son diferentes.

Para el sector que reclama a Mas su implicación, la solución pasaría por una especie de dirección compartida, con un expresident dedicado a la acción interior y otro a la exterior. Es decir, Mas sería quien tendría la palabra en los asuntos diarios de JxCat, mientras Puigdemont se centraría en la internacionalización del conflicto catalán. En este esquema, Mas tendría bajo su mando la confección de las listas y, por tanto, la última palabra relevante sobre el candidato a la presidencia de la Generalitat, que es el meollo de la cuestión. En principio, Mas no tiene intención de presentarse, pero recela de la forma como Puigdemont ha elaborado las últimas listas electorales, prácticamente a dedo.

Los más cercanos a Waterloo, en cambio, creen que Puigdemont ha de tomar las riendas de JxCat, contando con alguna persona de su confianza en Barcelona –los nombres de Elsa Artadi y Laura Borràs vuelven a surgir– y con la ayuda de Mas para hacer posible una cierta integración de diferentes facciones.

El mecanismo para poner en marcha esta reordenación está por ver. El actual presidente del PDECat, David Bonvehí, no quiere convocar un congreso en julio. Lo cierto es que los dos últimos cónclaves fueron agitados y un tercero podría acabar por fragmentar aún más el espacio posconvergente. Pero está clara la voluntad de todos de reorganizar de una vez por todas la casa y asignar funciones y liderazgos. De momento, no está sobre la mesa articular un discurso que deje atrás las contradicciones entre los sectores partidarios de mantener el enfrentamiento con el Estado y quienes desearían entrar en una fase más pragmática y de distensión. Pero es evidente que el discurso dependerá de qué dirigentes se hagan con el control. Está en marcha la enésima metamorfosis de CDC.

https://www.lavanguardia.com/politica/20190619/462969572968/jxcat-enesima-metamorfosis.html