“La batalla por el sur de Libia”. Álvaro de Argüelles. Baab al Shams

Mohammad_Al_Zahawi

“El pasado 17 de febrero se cumplieron seis años del inicio de la revolución que derrocó al líder libio Muamar el Gadafi en el contexto de la Primavera Árabe. Sin embargo, más de un lustro después, la nación africana sigue inmersa en una lucha por el poder sobre el territorio.

Tras cuarenta años de una dictadura basada en el modelo de una nación sin Estado —la abundancia de petróleo permitió al Gobierno liberarse de la necesidad de recolectar impuestos, y con ello de crear instituciones burocráticas y de representación para relacionarse con la ciudadanía—, los diálogos políticos y sociales durante tanto tiempo silenciados han reaparecido. Ello, sumado a la proliferación de armas que causó la revuelta, ha degenerado en un escenario con la guerra como única salida posible.

Este repunte de la violencia, que estalló en 2014, ha sido frecuentemente narrado por los medios de prensa como el enfrentamiento entre un Ejército secular —liderado por el mariscal Jalifa Haftar—y una amalgama de katibas de carácter yihadista. La realidad, no obstante, esconde un conflicto marcadamente clientelista: las tribus de la región oriental de Cirenaica dominan el alto mando del orden castrense, pugnando por el poder con el resto de clanes y ciudades, especialmente la localidad de Misurata.

En lo que se refiere a la oposición islamista, bien es cierto que ésta incluye elementos que abarcan desde la Hermandad Musulmana hasta la filial libia de Al-Qaeda (Ansar al-Sharia), pero estos hechos no deben de ser sobreestimados; para gran parte de los grupos del occidente libio —hasta 2016 alineados en una laxa coalición llamada Fajr Libiya el principal incentivo es mantener la influencia sobre el Oeste y, en especial, sobre Trípoli, desde donde se dirige la vida política del país. La creciente presencia de figuras vinculadas al antiguo régimen de Gadafi entre los militares es otra fuente de preocupación entre los grupos revolucionarios.

El primer gran enfrentamiento entre los dos bloques ocurrió en septiembre de 2016, cuando el Ejército, habiéndose asegurado el control de la mayor parte de Bengasi y del Este de Libia, lanzó la llamada Operación al-Barq al-Khatif (Rayo Repentino). A través de ésta las Fuerzas Armadas tomaron, con el pretexto de combatir al ISIS, el control de los puertos petrolíferos del Golfo de Sirte, en el centro del país. Garantizado el dominio de las refinerías de crudo, los militares han fijado ahora la región del Fezán al Suroeste del país como su próximo objetivo.

A priori menos atractivo, el desierto del Fezán es de vital importancia geopolítica. En primer lugar, es la puerta que une a Libia con los países vecinos de Chad, Níger y Argelia. Como tal, por la zona discurren numerosas rutas de tráfico y contrabando, desde emigrantes con destino a Europa hasta verdaderos esclavos traídos de África Central. Una vez más, el petróleo es otro factor a tener en cuenta, habiendo once yacimientos en Murzuq. Por último, el Fezán da acceso a la base aérea de Jufra, la última línea de defensa que protege Misurata y Trípoli.

Son cuatro las principales posiciones estratégicas en el Fezán: la ciudad de Sabha y su aeropuerto, la base aérea de Brak al-Shati, la base aérea de Timenhint, y el yacimiento petrolífero de El-Sharara. Hasta hace unos meses, todas ellas estaban bajo el control de la Fuerza Tercera de Misurata. Cabe mencionar, no obstante, que las prisiones de Sabha se encuentran gestionadas por las Fuerzas Especiales de Disuasión, un grupo salafista originario de Trípoli que ha implementado programas de reeducación para aquellos delincuentes desviados de su visión puritana del Islam.

La Fuerza Tercera (Quwat al-Tahthalitha), adscrita al Consejo Militar de Misurata, fue desplegada en 2014 en el Sur de Libia por orden del ya difunto Congreso General Nacional para pacificar la zona, de una acentuada tensión tribal (en concreto entre los clanes Awlad Suleiman y Qadhadhfa). Bajo ella operan varios batallones, notablemente las Brigadas Primera, 32º, 66º y 201º.

Comandada por Jamal Treiki, la Fuerza ha prometido su lealtad al Consejo Presidencial auspiciado por Naciones Unidas y dirigido por Fayez al-Sarraj, siendo uno de los componentes clave en su proyecto para construir unas Fuerzas Armadas paralelas a aquéllas comandadas por Haftar. Así pues, Treiki ha expresado que no abandonará la región hasta que el Ministro de Defensa del Gobierno de Acuerdo Nacional, al-Mahdi al-Barghati, se lo solicite. A pesar de ello, algunos representantes tribales y municipales sí han pedido su partida, notablemente la localidad de al-Buwanis.

Respecto al Ejército, su principal activo en la zona es la Brigada 12º —en la que a su vez se integra el Batallón de Artillería 321º—. Sus miembros pertenecen principalmente a las tribus Magariha y Qadhadhfa, ambas aliadas históricas de la extinta Jamahiriya. La Brigada está liderada por el coronel Mohammed Ben Nayel, quien ya en 2015 se enfrentó con la Fuerza Tercera, resultando temporalmente arrestado. Más allá de esta vendetta pendiente con Misurata, Ben Nayel ha tratado de expandirse en el Fezán para afianzar su posición entre los militares, que han barajado a Ali Kaneh para reunificar a las fuerzas armadas en la zona bajo su mando. Kaneh dirige un batallón de combatientes amazigh que lucharon por Gadafi en 2011 y que desde entonces han sido cortejados por el Ejército para integrarse entre sus rangos.

Además, ambos bandos han intentado explotar las tensiones tribales del Sur del país en su favor. De esta forma, la Brigada 12º incluye entre sus tropas numerosos miembros del pueblo meloafricano tebu. Marginados durante la dictadura —Gadafi les arrebató la ciudadanía tras fallar en conquistar la Franja de Aouzou en el linde con el Chad—, los tebu tratan ahora de convertirse en un importante actor en los bordes meridionales, especialmente después de que Argelia cerrara su frontera con Libia. El Escudo del Desierto y los Mártires de Umm al-Aranib son dos de sus principales milicias, desplegadas en Murzuq. Entre los tebu también se han infiltrado guerrilleros (o mercenarios, para algunos) del grupo Justicia e Igualdad, opuestos al Gobierno de Sudán.

Por su parte, la Fuerza Tercera ha apoyado a los tuaregs, provocando la ruptura del pacto de no agresión vigente desde 1894 midi-midi (“amigo” en Tamashek) entre éstos y los tebu. Así, en 2014 los tuaregs les arrebataron el control del yacimiento de El-Sharara, resultando en el cese de su producción. Misurata también ha apoyado a las tribus Awlad Suleiman y Haswana con armamento y equipo, si bien en las últimas semanas algunos de sus miembros han apostado por Ben Nayel como posible ganador. Ni siquiera el coronel Ahmed al-Haswani, segundo de Treiki, ha podido evitar que varios de sus coterráneos deserten al Ejército.

Dibujado el sistema de alianzas, la primera maniobra militar tuvo lugar en diciembre de 2016, cuando Ben Nayel desplegó a sus soldados en torno a la aerobase de Brak al-Shati. El 9 de ese mismo mes, la Fuerza Tercera decidió rendir pacíficamente la instalación. Poco ha trascendido sobre el porqué de dicha decisión; Treiki aseguró en una entrevista al canal de televisión Al-Nabaa TV que actuó bona fide, queriendo trabajar conjuntamente con el Ejército en la gestión de la base. Quizá lo que el comandante realmente buscaba era congregar a sus tropas en un campo de batalla más favorable.

Fuera como fuese, este clima de concilio no duraría más de tres semanas. El 27 de diciembre, el Ejército avanzó hacia la ciudad de Sabha y trató de hacerse con el control del checkpoint de Gwirat al-Maal, ubicado en la principal carretera al norte de la localidad. En esta ocasión, Misurata recibió a Ben Nayel con armas de fuego, en un tiroteo que duró cerca de tres horas, pero del que no han trascendido datos de ninguna baja. El Ejército infravaloró la capacidad de la Fuerza Tercera en la ciudad, esperando avanzar con facilidad —muchos de los hombres de Treiki se habían traslado con anterioridad a Sirte para expulsar al ISIS de la ciudad—.

Aunque enero y febrero se desarrollaron pacíficamente, en marzo resurgieron los combates. Es necesario destacar que esta segunda fase de la ofensiva coincide en el tiempo con un intento fallido de Misurata y sus aliados de retomar el Golfo de Sirte; parece lógico pensar que el Ejército aprovechó la distracción de sus enemigos para avanzar en el Fezán. De nuevo Ben Nayel intentó replicar la maniobra de asedio utilizada en Brak, esta vez aplicada a Timenhint. El 21 de marzo, el medio de prensa Libya Herald informó que la Fuerza Tercera había accedido una vez más a rendirse sin resistencia, pero pronto el rumor sería desmentido.

Ante la negativa de Treiki, el Ejército amasó a sus hombres en la localidad de Taraghen, a 130 kilómetros de Sabha. Al menos un avión de caza MiG-23 fue desplazado desde la base de Ras Lanuf en el Este de Libia hasta Brak al-Shati. El 5 de abril, ésta u otra aeronave llevó a cabo tres bombardeos contra Timenhint que se saldaron sin bajas. Misurata respondió ese mismo día utilizando sus propios aviones L-39, supuestamente destruyendo un MiG de los militares estacionado en Brak.

Después de esta vis a vis aérea, la localidad de Samnu se convirtió en el escenario de enfrentamientos armados, siendo capturada por la Fuerza Tercera el 10 de abril. Durante el ataque, ésta fue acusada de ejecutar a cuatro jóvenes salafistas del municipio por respaldar al Ejército. El apoyo de muchos salafistas a Haftar desafía una vez más la mencionada dicotomía militar-islamista, y es que son muchos los miembros de esta corriente del Islam los que apoyan al orden castrense. De hecho, el clérigo saudita Abu Abdul-Rahman al-Makki se refirió a los hombres de Misurata en Timenhint como no musulmanes, llamando a los muyahidines del Ejército a crucificarlos. Este hecho se explica atendiendo al apoyo que la Casa de Saud ha ofrecido a las fuerzas del Este de Libia como freno a la influencia de los Hermanos Musulmanes en la capital.

Tras estas dos primeras oleadas, ambos bandos tratan ahora de congregar refuerzos. En los últimos días la Brigada del Ejército Mártires de Zauiya, comandada por Jamal al-Zahawi, se ha desplazado a Jufra desde Bengasi para tratar de dividir al enemigo. Igualmente, el Ministro de Defensa al-Barghati declaró estar preparando a sus tropas para lanzar la Operación Esperanza Prometida contra Ben Nayel, si bien aún no hay indicios fidedignos de ninguna movilización.

Las Brigadas de Defensa de Bengasi también han acudido al Fezán para apoyar a la Fuerza Tercera, a pesar de ser contrarias al Consejo Presidencial en el que ésta se apoya. Comandadas por Mustafa Sharski, las BDB se componen de milicianos expulsados de Bengasi por el Ejército conforme éste retomó la ciudad. Sharski ha jurado su bay’ah (lealtad) al clérigo Sadiq al-Ghariani, uno de los principales opositores al Gobierno de al-Sarraj —al-Ghariani incluso emitió una fetua llamando a “10 años de yihad” contra el Consejo Presidencial—. Aun así, parece que en Libia también se aplica la máxima de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Más relevante inclusive, la Guardia Nacional Libia ha expresado su intención de desplegarse en Timenhint para auxiliar a la Fuerza Tercera. La Guardia Nacional, aunque también con origen en Misurata, es leal al Gobierno de Salvación Nacional, el principal enemigo político del Consejo Presidencial en Trípoli. Todo parece así indicar que las principales fuerzas del poniente libio han sabido limar sus asperezas y hacer frente común ante el avance de los militares.

La mayor incógnita ahora es si esta particular alianza se impondrá frente al Ejército, o si por el contrario los militares tomaran Timenhint con el respaldo tribal y llegaran hasta Trípoli. De ser así, Libia podría convertirse en una nueva dictadura comandada por Haftar, poniendo otro clavo en la tumba de la Primavera Árabe. En cualquier caso, la nación africana está más dividida que nunca, y no parece divisarse ninguna salida política al conflicto en el horizonte”.

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