“La cara política y humana de la guerrilla asturiana”, reseña de Claudio Hernandez Burgos del libro “Luchadores del ocaso. Represión. Guerrilla y violencia política en la Asturias de posguerra (1937-1952)” de Ramón García Piñeiro. Revista de Libros

Garcia Piñeiro

“La resistencia armada contra la dictadura franquista ha merecido una atención preferente por parte de los historiadores desde hace ya algunas décadas. Son numerosos los volúmenes que, adoptando en la mayoría de las ocasiones un enfoque local o regional, han tratado de arrojar luz sobre el que fue, junto al «cerco internacional», el mayor desafío a que hubo de enfrentarse el régimen durante los primeros años de su existencia. Con una trayectoria que discurrió aproximadamente entre 1936 y 1952, la guerrilla española fue la primera y la más duradera de todas cuantas se desenvolvieron en suelo europeo. Se convirtió, además, en la vía fundamental utilizada por la oposición política para tratar de derribar la dictadura. Estos motivos, y el hecho de constituir la única expresión de resistencia abierta que minaba los cimientos de la presunta «paz de Franco», han sido probablemente los motores principales de buena parte de los avances historiográficos producidos en este campo, pero también los responsables de una cierta saturación de estudios y, en consecuencia, del desplazamiento de la atención hacia otros temas.

Pese a ello, nuevas miradas han demostrado que las aguas de la guerrilla, aun exploradas, no están totalmente esquilmadas. Durante años, la historiografía de la resistencia armada pareció centrarse fundamentalmente en la vertiente política de la guerrilla, en desvelar las conexiones entre las partidas y las organizaciones políticas antifranquistas y en aquellos años en que ésta representó una amenaza real para la dictadura. Sin embargo, este campo de estudio ha recibido un soplo de aire fresco gracias a investigaciones que han dirigido su atención hacia las dimensiones sociales y culturales de la guerrilla. Esto ha permitido profundizar en aspectos tales como las condiciones de vida de los guerrilleros, entender mejor la composición y las motivaciones de las partidas y observar la convivencia cotidiana de guerrilleros, autoridades y españoles de a pie1. El resultado ha sido, por así decirlo, una mirada más «cercana» a lo que debió ser la experiencia real derivada de la resistencia armada.

Luchadores del ocaso mezcla esos «viejos» y «nuevos» enfoques para dar a luz la que ha sido calificada como «obra definitiva» de la guerrilla en Asturias. A lo largo de más de mil páginas, su autor analiza documentada y pormenorizadamente la trayectoria de las partidas guerrilleras asturianas desde la llegada de los primeros huidos al monte en 1937 hasta su desaparición a mediados de los años cincuenta. La obra tiene como objetivo desvelar «el microcosmos de pasiones desatadas que muestra las pulsiones más extremas y contradictorias de la sociedad humana». Para ello, en sus primeros episodios, García Piñeiro se centra en los aspectos políticos de los grupos armados. Los más de diez mil vencidos que, según el autor, tomaron la decisión de esconderse y «tirarse al monte» tras la conquista de la región por las tropas rebeldes, conformaron unas partidas muy diversas, que son descritas y situadas geográficamente con perfeccionista minuciosidad a lo largo de un buen puñado de páginas. Desertores, hombres procedentes de batallones de trabajos forzados, huidos por motivos ideológicos o personales e individuos llegados del exilio, no tardaron en mostrar sus diferencias y entrar en conflicto. Conflictos que se dieron entre las propias organizaciones políticas que trataban de capitanear la lucha guerrillera, pero que no fueron los únicos. De especial importancia resultaron los sostenidos entre las partidas autóctonas y los dirigentes, que afectaron a la diversidad de fuerzas políticas: anarconsindicalistas, socialistas y comunistas. Fueron, como acertadamente señala el autor, los «estertores del frentepopulismo», pero también la prueba de que la resistencia armada no sólo estaba compuesta por individuos politizados que luchaban bajo unas siglas, sino por sujetos vinculados por lazos de parentesco, de vecindad o de amistad, que muchas veces entraban en disputa con los intentos unificadores de las organizaciones políticas y, en especial, con los del Partido Comunista de España.

Tras el análisis de estas luchas, se abre una segunda parte en el libro, conectada con la anterior, pero con la suficiente fuerza como para haber constituido una obra por sí misma. En ella, el autor comienza analizando el respaldo social a la guerrilla asturiana, que tilda de «excepcional» y, en algunas zonas, como la cuenca minera de Mieres, de «prodigioso». Pero no se queda ahí. Las páginas destinadas a las tácticas de supervivencia de los guerrilleros constituyen un exhaustivo análisis antropológico, interesantísimo para conocer su día a día, los males que les afectaban y presenciar rasgos tan «humanos» de su vida como el hecho de bajar del monte para disfrutar junto a amigos y familiares de las fiestas de su pueblo. Del mismo modo, García Piñeiro insiste en otros aspectos fundamentales para profundizar en la vertiente social de la resistencia armada. Es el caso de la variedad de los repertorios de acción empleados: atracos, secuestros, sabotajes o actos simbólicos nada indiscriminados, sino, por el contrario, dirigidos en su mayoría contra individuos estigmatizados por la comunidad por su implicación en tareas represivas, por su conducta abusiva y corrupta o por su pertenencia a los círculos de poder local. Una capacidad de selección que no estuvo reñida con extralimitaciones de su poder, con la fiscalidad guerrillera o con errores de cálculo que, a la larga, privarían a los guerrilleros de buena parte de sus apoyos sociales.

Las dimensiones humanas a que parece apelar el autor están presentes en los siguientes capítulos. Así parece desprenderse del análisis de las maneras en que perecieron los guerrilleros, víctimas de batidas, atracos fallidos, enfrentamientos con las fuerzas armadas y, no infrecuentemente, suicidios. También del análisis que hace de los lenguajes de la guerrilla, su representación como bandoleros y las repercusiones emocionales que les causó su permanencia prolongada en el monte. Y, claro está, del comportamiento de la «guerrilla del llano», probablemente el apoyo más sólido con que contaron los grupos armados durante su trayectoria. Fueron ellos quienes les transmitieron información para llevar a cabo sus actividades, quienes les proveyeron de comida y de refugio, les ayudaron a contactar con otras partidas y, en definitiva, arriesgaron sus vidas para ayudarles. Una actuación que les valió presiones policiales, destierros, palizas, encarcelamiento y otras torturas que, en ocasiones, llegaron a quebrar su entereza y les llevaron a desear la desaparición de aquéllos a quienes socorrían, a cambio de su tranquilidad. Esos múltiples mecanismos represivos son, precisamente, el corolario de la obra de García Piñeiro, quien explora los métodos empleados por los diferentes cuerpos encargados de la contrainsurgencia, así como, lo que es más interesante, las recompensas obtenidas por sus acciones y la impunidad de la que gozaron en sus localidades…”

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