“La cuarta puerta. La niebla moral de Europa ante los refugiados” de Alfonso Armada, en fronterad

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“Uno de los capítulos menos amargos de Tierra negra. El Holocausto como historia y advertencia (Galaxia Gutenberg), el estremecedor libro de Timothy Snyder (Ohio, Estados Unidos, 1969), se titula ‘Los pocos justos’. Allí cuenta la historia de Ita Straz. Tenía 19 años cuando fue arrastrada por policías lituanos hasta el borde de una fosa común en el bosque de Ponary. Relata Snyder que había oído los disparos y ahora podía ver las filas de cadáveres: “Este es el final –pensó. ¿Y qué he visto yo en la vida?”. Desnuda, las balas le pasaban junto a la cabeza y el cuerpo. Apoyándose en el testimonio de Tomkiewicz en Zbrodnia w Ponarach, relata el historiador norteamericano que ya trató de las atrocidades cometidas por soviéticos y nazis en toda la franja que va de Ucrania a los Países Bálticos en su anterior libro, Tierras de sangre: “Cayó recta y de espaldas, no por fingir que estaba muerta, tan sólo a causa del miedo. Se quedó inmóvil mientras los cuerpos le caían encima, uno detrás de otro. Cuando la fosa se llenó, alguien se subió sobre la última capa de cadáveres y disparó hacia abajo sobre los cuerpos amontonados. Una bala le atravesó la mano a Ita, que no emitió sonido alguno. Arrojaron tierra sobre la fosa. Esperó todo el tiempo que pudo y luego se abrió paso apartando cuerpos y escarbando en la tierra. Sin ropa, cubierta sólo de barro y de su propia sangre y la de los otros, buscó ayuda. Llegó hasta una primera casa, pero la rechazaron; después hasta una segunda y una tercera. En la cuarta obtuvo ayuda, y sobrevivió”.

Estas son las tres preguntas que en el siguiente párrafo se hace Timothy Snyder: “¿Quién vive en la cuarta casa? ¿Quién actúa sin el apoyo de las normas o las instituciones, sin representar a ningún gobierno ni ejército ni iglesia? ¿Qué ocurre cuando los encuentros en la sombra, de judíos necesitados de ayuda con alguien con contactos en alguna institución, dan paso a meros encuentros entre desconocidos, a encuentros a ciegas?”.

Hace cerca de un año que pensé en escribir un artículo sobre los refugiados que no cesan de llegar a Europa, en los últimos meses con mucha mayor intensidad y frecuencia, procedentes no solo de la guerra siria o de los inmensos campos de refugiados levantados en países limítrofes, como Jordania o Turquía, sino también de Irak, Pakistán, Bangladesh, Eritrea, Afganistán, Yemen, Egipto, Libia, Túnez, Argelia, Níger, Nigeria, República Democrática de Congo, Mali, Senegal… Antes, cuando solía cubrir conflictos como reportero, mi cuota de mala conciencia se aliviaba en cierta medida escribiendo sobre el sufrimiento. Viajando al lugar donde ocurrían los hechos. Es como si de esa manera cumpliera con mi parte: dar a conocer lo que ocurría en el cerco de Sarajevo, o en Ruanda durante el genocidio, o en la República Democrática de Congo cuando al acabar la guerra en Ruanda más de un millón de hutus buscó refugio en torno a la ciudad de Goma y se declaró una pavorosa epidemia de cólera, o en la guerra civil de Liberia… Pero ahora que ya no viajo a esos lugares (aunque no me importaría, pero mis jefes me han encomendado otras tareas, sin duda satisfactorias, pero que apenas pesan en el balance anual de la mala conciencia) el malestar es de otra índole, más difícil de manejar. La lectura del último libro de Snyder, y sobre todo la historia de esa cuarta puerta que por fin se abrió, me hizo pensar en mi propia puerta, en mi propia casa, en mi propia responsabilidad.

Tengo una carpeta azul llena de recortes que me gustaría compartir. Me temo que la información (como ya pude experimentar en Sarajevo durante el cerco) no cambiará el curso de las cosas. Pero al menos, cuando me pidan cuentas, podré esgrimir este artículo como atenuante, no como eximente. Los recortes, los fragmentos, siguen un orden cronológico invertido: los más recientes arriba, los más antiguos abajo. Me parece que el efecto de la degeneración moral en la que vivimos será así mucho más vívido. ¿Qué está pasando aquí, en Europa, con nuestra moral, nuestra fe, nuestra democracia, nuestras instituciones? ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué habría que hacer?…”

Texto completo en http://www.fronterad.com/?q=cuarta-puerta-niebla-moral-europa-ante-refugiados