La ducha escocesa. Andreu Claret. El Periodico

Sábado, 11/01/2020 | Actualizada 12/01/2020 – 16:11

El viernes pasado fue otro día aciago para el independentismo. Empezó bien, con lo que parecía un visto bueno europeo a que  Oriol Junqueras estuviera este lunes en Estrasburgo, y terminó con un bofetón de la Eurocámara recordando que su condición de eurodiputado terminó el 3 de enero, de acuerdo con el Tribunal Supremo. Fue otro ejercicio de ducha escocesa, en un frío día de invierno donde la justicia española apretó el cerco en torno al presidente de la Generalitat. Y como es sabido, no todo son beneficios en la ducha escocesa.

Hubo anuncio de recursos por parte de los abogados de Junqueras y se produjo una comparecencia institucional destinada a dar imagen de unidad y firmeza, pero la calle mantuvo una quietud sorprendente. Como si el independentismo estuviera noqueado después de creer, por la mañana, que Europa había despertado y comprobar, a última hora de la tarde, que la batalla europea es más complicada de lo que algunos creían. El pasmo ante la decisión de la Eurocámara fue de tal magnitud que solo originó silencio.

Una constante desde Rajoy

Dejar que la ducha escocesa de la actuación judicial condicione la política es un mal asunto. Lo ha sido para el independentismo y también para la derecha estatal que, por la mañana, llenaba las redes de improperios contra Europa y, por la noche, celebraba la decisión del presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli. Esta forma de actuar de unos y otros ha sido una constante desde que Mariano Rajoy dejó la defensa de la unidad de España en manos de los jueces.

Carles Puigdemont y sus abogados son expertos en celebrar un día de jolgorio por una decisión judicial y al día siguiente despotricar contra los jueces. Solo Esquerra Republicana parece haber entendido que esta montaña rusa de emociones encontradas no conduce a ninguna parte. Creo que su abstención en el pacto de investidura busca dejar de actuar a remolque de la justicia. No significa que ERC no vaya a apurar todas las batallas judiciales, sobre todo en Europa, donde todavía tienen recorrido. Supone que Junqueras ha decidido dar prioridad a la política como única salida al conflicto y a la situación de los presos.

Reconducir el estropicio

Puede que el pacto suscrito con Pedro Sánchez no le dé, a Esquerra, días de gloria que celebrar, al menos a corto plazo, pero es la única forma de reconducir el estropicio provocado por la dialéctica de la acción y la reacción. La mesa de diálogo abre un camino que todos deberán transitar sin dejarse amilanar por decisiones judiciales que tienen su propia lógica y desatienden la dimensión política del conflicto.

Puede que el entramado jurídico español goce de solidez formal, hasta el punto de convencer a la Eurocámara en el tema de Junqueras, pero desde que los fiscales se empeñaron en que los procesados por el Supremo habían cometido un golpe de Estado, sabemos que carece de sensibilidad democrática. La única forma, para Sánchez y para ERC, de encontrar una salida a esta situación es abrir  un proceso político que devuelva las cosas a su lugar, blindándose de los espejismos de la ducha escocesa.

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