“La economía no es una hoja de cálculo Excel” de Juan Laborda, en vozpopuli

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“En este país, donde los políticos no están acostumbrados a debatir en serio, a que se les interrogue sin preguntas preparadas, el café-debate del fin de semana en el programa SalvadosJordi Évole está que se sale–, entre Albert Rivera y Pablo Iglesias supuso un hito importante. A partir de ahora el político que se niegue a debatir –a dos, a tres, o a cuatro, o a lo que sea–, o que quiera jugar con las cartas marcadas, allá él. Sin embargo, debo reconocer que en el apartado económico me defraudo, no hubo ninguna propuesta atrevida, distinta, ilusionante. Rivera, preso de economistas ortodoxos, nos ofreció propuestas basadas en hipótesis falsas -contrato único, complemento salarial, competencia perfecta,…-. Iglesias, perdido en cierta melancolía, fue incapaz de replicar ciertas falsedades apuntadas por Rivera como verdades irrefutables -el coste de la renta básica, las externalidades negativas de una posible renacionalización de servicios como la luz o el agua, la utilidad de la banca pública…-.

Albert Rivera, es decir, Ciudadanos, siguen sin entender y/o ocultar a la ciudadanía aún el papel de la deuda en esta crisis, sin comprender el calendario de vencimientos de deuda soberana que nos va a dejar Rajoy “el austero”. Tanto él, como su economista Luis Garicano, saben o deberían saber que España tiene que captar entre 250.000 y 300.000 millones en el exterior para refinanciar la deuda. Si las primas de riesgo revierten a la media, como ocurrirá, estaremos en un grave aprieto y ninguna de sus propuestas podría llevarse a la práctica. Aún desconocemos la opinión de C’s en este apartado. Pablo Iglesias, es decir, Podemos, conocen las cifras y saben las consecuencias de un aumento de la prima de riesgo que, repito, ocurrirá porque un ciclo de profunda aversión al riesgo está a punto de comenzar. Sin embargo calla sobre el tema ante el temor a la profecía auto-cumplida, es decir, no hablar mucho del asunto no vaya a ser que los inversores salgan de su letargo y hagan inviable la situación antes de que llegue el ciclo de aversión al riesgo.

La hoja de cálculo Excel

Pero fue el análisis posterior al debate, en el programa El Objetivo, él que deparó alguna sorpresa divertida. Una de ellas fue el comentario del representante de C’s, Fernando de Paramo, quien soltó una frase célebre: “nosotros hacemos los cálculos, tenemos todas las cifras en una hoja de cálculo Excel, tal como hacen las empresas”. Es cierto que la Economía es una Ciencia Social que dispone de un instrumental analítico que le permite desarrollar secuencias causales. Sin embargo este aparente soporte analítico es absolutamente falso si existe una desconexión entre teoría y realidad. Y obviamente las matemáticas que están detrás de los hechos, no de teorías irreales, son muy complejas, no lineales, y es absolutamente imposible resumirlas y recogerlas sin más en una hoja de cálculo Excel, salvo, eso sí, que se pretenda vendernos cálculos que utilizan la parafernalia de relaciones meramente lineales que está detrás de la ortodoxia dominante, donde el grado de irrealidad sólo se puede comparar con la escolástica medieval.

El segundo problema en el planteamiento de frases tan simplistas es la importancia que el representante de C’s otorga a la función de la visión en relación al análisis mismo. Por visión entendemos los temores y esperanzas políticas, los estereotipos sociales y los juicios de valor que impregnan todo pensamiento social como necesidades existenciales mismas. Lo que sucede en la actualidad es que hay una falta absoluta de visión en la ortodoxia dominante que se camufla supeditando ésta al análisis mismo, y esto es muy grave. No puede existir análisis social sin una base visionaria. Pero el problema ya no es solo la ausencia de visión, ya de por sí grave, sino en la preocupación intrínseca asociada a la creencia extendida de que el análisis económico puede existir como una especie de estudio social desencarnado. Dicha omisión la estamos sufriendo en nuestras carnes. Por un lado, la inocencia a la hora, por ejemplo, de interpretar o enfocar el declive de los salarios reales o el problema de la pobreza o la erosión sin precedentes en temas como la salud o derechos sociales. Por otro, el supeditar todo a la optimización de los ciclos de negocios, cuando la hipótesis de eficiencia de los mercados, racionalidad de los inversores o competencia perfecta no se cumplen…”

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