“La energía nuclear en aniversarios desgraciados” de Paco Castejón, en eldiario.es

Marcha-ATC-Villar-Cuenca

“A lo largo de la historia de las sociedades industriales ha habido múltiples desarrollos tecnológicos que no han triunfado, que intentaron introducirse en la sociedad pero que fueron orillados. Cuando un nuevo desarrollo tecnológico incumple sus promesas, es decir, no proporciona todo el bienestar social que de él se espera, lo normal es que paulatinamente vaya apartándose hasta acabar desterrado. Tal ocurrió, por ejemplo, con el avión supersónico Concorde, que vio su final debido a su elevado precio y al accidente que sufrió el 25 de julio de 2000, el único en 27 años de servicio.

Sin embargo, con la energía nuclear esto no parece ser así. Se trata de una tecnología cara que ha sufrido varios accidentes graves y a pesar de los cuales sigue contando con apoyos y algunos agentes políticos y económicos se resisten manifiestamente a abandonarla. Se cumplen estos meses los aniversarios de los tres accidentes más graves acontecidos en centrales nucleares: 11 de marzo de 2011 en Fukushima (Japón), 29 de marzo de 1979 en Harrisburg (EEUU) y 26 de abril de 1986 en Chernobil (Ucrania). Además de estos se han producido algunos más con víctimas mortales y un sinnúmero de incidentes de gravedad diversa. Los tres grandes accidentes citados serían suficientes por sí mismos para calificar una actividad industrial de inaceptablemente peligrosa, sobre todo teniendo en cuenta que existen alternativas menos lesivas que la nuclear para producir electricidad. Además, el riesgo nuclear es inherentemente antidemocrático, porque unos pocos deciden sobre el riesgo que debe asumir el grueso de la población y se benefician de las actividades que genera ese riesgo.

Por si esto fuera poco, la energía nuclear no tiene resueltos algunos de sus problemas técnicos más importantes como la gestión de residuos radiactivos de alta, que serán peligrosos durante cientos de miles de años. Podemos mirar el caso concreto de España para darnos cuenta del calibre del problema técnico, social y económico que esto supone. Fue necesario crear ENRESA, una empresa ad hoc que depende del ministerio de industria, que se financió hasta 2005 con cargo al recibo de la luz y que hoy se financia con un canon que cobra a las centrales nucleares que el Tribunal de cuentas ha denunciado ya como insuficiente para garantizar la gestión hasta 2070 (fecha marcada por el último Plan General de Residuos). Por supuesto, cabe también preguntarse qué pasará después de ese año, pero el Tribunal no dice nada al respecto. Lo cierto es que desde 1985 hasta nuestros días, ENRESA ha buscado un emplazamiento para ubicar los residuos radiactivos, sin conseguir hasta ahora la construcción de una instalación centralizada, siquiera sea temporal…”

Texto completo en http://www.eldiario.es/ultima-llamada/energia-nuclear-residuos_radioactivos-Villar_de_Canas_6_364023609.html