“La especie accidental” (Reseña) de Carlos Lopez Fanjul, en Revista de Libros

Gorilla Reading The Origin of Man

“El mínimo contenido del concepto de evolución biológica, a la vez necesario y suficiente, se resume en el incesante cambio espacio-temporal experimentado por la composición de los acervos genéticos de las poblaciones de distintas especies mediante la acción de unas fuerzas que son, en sí mismas, inmutables. Así lo anunciaba Darwin en la frase final de El origen de las especies: «mientras este planeta ha gravitado de acuerdo con la ley inalterable de la gravedad […] innumerables formas más bellas y más maravillosas han estado, y están, evolucionando»1.

El sujeto directo de ese cambio es una entidad (el acervo) que funciona como un archivo de información sobre el entorno, cuya condición hereditaria le proporciona cierta continuidad a lo largo de las generaciones, y su alteración se produce por la intervención de tres agentes, dos de ellos inevitables (mutación y azar) y otro oportunista (selección natural). En primer lugar, la mutación, simple producto de los errores de copia del material genético, que son raros gen a gen, pero no tanto si se refieren a conjuntos de genes, hasta el punto de que cada uno de nosotros somos portadores de varias mutaciones nuevas, en su gran mayoría perjudiciales o sin efecto apreciable aunque, excepcionalmente, unas pocas puedan ser ventajosas. En segundo lugar, la fluctuación aleatoria de la composición del acervo (deriva genética) causada por el número, más o menos grande pero siempre finito, de los individuos reproductores en la población pertinente. Por último, la selección natural, fuerza privativa de la hipótesis darwinista, cuya intensidad está directamente determinada por la magnitud de la variación hereditaria del éxito reproductivo (eficacia biológica) y que es capaz de promover indirectamente la adaptación de los organismos al ambiente. El mecanismo selectivo depende de la aparición aleatoria de mutaciones para poder operar y, por así decirlo, planifica la constitución genética de la población de «mañana» de acuerdo con la información disponible sobre las circunstancias de «hoy», de manera que su éxito o fracaso estará dictado por la mayor o menor semejanza existente entre el medio actual y el futuro, esto es, dependerá de la caprichosa secuencia histórica en que se produzcan las fluctuaciones ambientales. Puesto que la adaptación a un medio sujeto a continua alteración no puede ser perfecta, el sino de las especies es, a la larga, la extinción, cuya probabilidad en cada momento será independiente de la amplitud del período de supervivencia previo. En este escenario, la evolución se reduce a la conversión incesante de las diferencias genéticas entre individuos de una misma población en diferencias entre distintas poblaciones de la misma especie y, por extensión, entre especies y entidades taxonómicas superiores…”

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